Puntos Fiscales

Maru Campos: gobernar Chihuahua en tiempos de polarización

Por: José Luis León Robles                         

dj_drdead@hotmail.com 

En la política mexicana existen gobiernos que administran, otros que sobreviven y unos cuantos que intentan construir legado. El caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, parece moverse entre esas tres dimensiones al mismo tiempo. Su administración enfrenta una realidad compleja: un estado estratégico para la economía nacional, marcado por la violencia, la presión migratoria y una intensa polarización política que no concede tregua. Gobernar Chihuahua nunca ha sido una tarea sencilla. Se trata de una entidad enorme en territorio, diversa en dinámicas sociales y profundamente ligada a la relación económica con Estados Unidos. La frontera convierte al estado en una pieza clave para la industria manufacturera, el comercio internacional y la seguridad nacional. Cualquier decisión tomada desde Palacio de Gobierno repercute no solo en Ciudad Juárez o Chihuahua capital, sino también en la conversación política del país. Maru Campos llegó al poder con una narrativa clara: orden, estabilidad y capacidad administrativa. Después de años de confrontaciones políticas y escándalos de corrupción que deterioraron la confianza en las instituciones estatales, la gobernadora intentó proyectar una imagen distinta. Su estilo ha sido menos estridente que el de otros actores políticos nacionales; más orientado a la gestión que a la confrontación mediática permanente. Pero en México, incluso la moderación termina convertida en un campo de batalla. Uno de los mayores activos políticos de Campos ha sido su capacidad para mantener interlocución con el sector empresarial. Chihuahua continúa siendo uno de los motores industriales del norte del país gracias a la industria maquiladora, la exportación y la inversión extranjera. En tiempos donde muchas entidades enfrentan incertidumbre económica, el gobierno estatal ha buscado ofrecer condiciones de confianza para las empresas y para los inversionistas. La lógica es evidente: sin estabilidad económica no existe margen político. Un estado que genera empleo tiene mayores posibilidades de contener el descontento social. Sin embargo, el problema es que el crecimiento económico no siempre se traduce automáticamente en bienestar cotidiano. Ahí es donde comienza el verdadero examen para cualquier administración pública. Porque mientras los indicadores macroeconómicos pueden resultar positivos, muchas comunidades continúan enfrentando problemas históricos: inseguridad, falta de servicios, rezago social y abandono institucional. Chihuahua es también el reflejo de las desigualdades del norte mexicano. Conviven corredores industriales altamente productivos con regiones donde el acceso a derechos básicos sigue siendo limitado. Pero el tiempo político es implacable. Los gobiernos comienzan con expectativas; después llegan los resultados, y finalmente aparece el desgaste. Toda administración enfrenta el riesgo de desconectarse de la realidad cotidiana mientras se concentra en la narrativa institucional. Ahí radica uno de los peligros más grandes para cualquier gobernante: creer que la percepción pública puede sostenerse únicamente con comunicación política. La ciudadanía mexicana se ha vuelto más crítica, más desconfiada y menos paciente. Las redes sociales amplifican errores, contradicciones y omisiones a una velocidad inédita. En ese entorno, gobernar implica administrar crisis permanentes. Una declaración equivocada, un hecho violento o una falla institucional pueden convertirse rápidamente en símbolos de incapacidad gubernamental. Por ello, el legado de Maru Campos todavía está en construcción. Su administración será evaluada no por la intensidad del debate político, sino por cuestiones mucho más concretas: ¿disminuyó la violencia?, ¿mejoró la calidad de vida?, ¿hubo crecimiento con inclusión?, ¿se fortalecieron las instituciones?, ¿la ciudadanía recuperó confianza en el gobierno? Agradezco su amable lectura en esta su columna, y si el creador nos lo permite, nos estaremos leyendo la siguiente semana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *