Mario Caballero
Enfermos de poder
El poder enloquece. No hay duda. Por eso vemos a cada rato cómo muchos políticos que de no ser nada, se sienten semidioses a la primera prueba de poder. Se transforman en autócratas.
La historia reciente y los pasillos de la política demuestran que el ascenso a la cima suele ser el vehículo más rápido a una condición tan real como peligrosa: el Síndrome de Hubris, la clásica “enfermedad de poder”.
El término proviene del griego hybris, que significa desmesura o soberbia. En la antigua Grecia, se utilizaba para representar el orgullo desmedido capaz de desafiar a los mismos dioses. Hoy, en pleno 2026, se manifiesta como una transformación paulatina de la personalidad donde el individuo, o el político, pierde el piso, se vuelve inmune a la autocrítica y comienza a tomar decisiones desastrosas, convencido de que su visión es la única verdad absoluta.
Dejan de tener moral, empatía y sensibilidad ante el mínimo sufrimiento ajeno. Por el contrario, utilizan a las personas para alcanzar sus propósitos de poder y riqueza. No buscan el bien común, sino saciar sus ambiciones.
La actual pasarela de políticos que buscan la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez y otros municipios es un ejemplo claro. Me refiero a Carlos Morales Vázquez, Guillermo Santiago Rodríguez y Freddy Escobar Sánchez, quienes hoy se presentan ante los ciudadanos como los grandes salvadores de la ciudad cuando su historial está marcado por el desastre, el derroche y los señalamientos de corrupción.
CARLOS
Empiezo por Carlos Morales, quien en su obsesión por volver a tener el control de la alcaldía de la capital del estado ha emprendido una campaña política anticipada que desafía los tiempos y las leyes electorales.
Durante los seis años que gobernó Tuxtla lo hizo con una bandera de austeridad que sólo existía en sus discursos. Prueba de ello son las observaciones de la Auditoría Superior del Estado y la Auditoría Superior de la Federación, que detectaron irregularidades y probables quebrantos a la Hacienda Pública municipal que suman más de 200 millones de pesos, correspondientes a gastos sin comprobar y obras con deficiencias.
También los señalamientos de gastos excesivos en convenios de comunicación social y publicidad con algunos medios locales afines a sus intereses políticos, cuyos montos y alcances fueron cuestionados por distintos entes fiscalizadores por falta de transparencia.
En este sentido, en este espacio quedó documentado que durante la pasada contienda electoral su director de Comunicación Social, Alexis Sánchez, creó páginas de noticias para difundir de manera casi exclusiva propaganda electoral a favor de su compadre Aquiles Espinosa, Zoé Robledo Aburto y de él mismo, y sí, pagado con recursos del municipio.
Asimismo, durante sus dos gestiones, el Ayuntamiento acumuló un adeudo histórico multimillonario ante instancias federales, como la CONAGUA, por derechos por extracción de aguas nacionales, evidenciando problemas de recaudación y pagos en esos seis años. Dicho adeudo superó los 800 millones de pesos.
Lejos de rendir cuentas claras, Carlos Morales le está apostando al olvido ciudadano, buscando enquistarse nuevamente en el poder a través de sus viejas estructuras, burlando el escrutinio de las instituciones.
Su oportunismo ha llegado a tal extremo de colgarse de la imagen y de los recientes informes de la presidente Claudia Sheinbaum, queriendo capitalizar para sí mismo los logros y programas sociales. Tal como lo hizo en Suchiapa, donde, en evidente pérdida de la razón, hasta encabezó una marcha con lonas y pancartas en mano con la leyenda “recuperemos Tuxtla”.
MEMO
Por otra parte, la figura de Guillermo Santiago Rodríguez representa una de las mayores decepciones políticas hasta para quienes creyeron en el cambio generacional.
Memo ha saltado de curul en curul y viviendo del erario a sus anchas. Como legislador y exdirector del Instituto Mexicano de la Juventud ha demostrado que estar cerca de los reflectores nacionales no se traduce en beneficios reales para los chiapanecos.
Sus gestiones están marcadas por la nula cercanía a las bases, el encubrimiento de las irregularidades de su partido y una postura más inclinada a la confrontación mediática que a la resolución de los problemas locales.
En días pasados, salió a las redes sociales con una playera en mano en cuya imagen decía: “Yo con rata Alito”, haciendo referencia del apoyo al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas.
Pero las redes fueron implacables.
De cada diez comentarios que recibió, nueve eran en su contra. Le reclamaban su falta de congruencia política e integridad moral. Mientras señala a políticos del PRI y el PAN de corruptos, criminales y delincuentes, defiende o calla ante las acusaciones por narcotráfico, corrupción y crimen organizado contra militantes de Morena como Rubén Rocha Moya, Adán Augusto López Hernández o Rutilio Escandón Cadenas.
Sale a las redes presentándose como un político honesto, pero en poder de este columnista están las pruebas de los cientos de miles de pesos del erario público que utilizó para pagar sus cirugías bariátricas, como la manga gástrica que se practicó para poder reducir de peso de manera significativa durante el último tramo del periodo que fungió como director del IMJUVE.
También se presenta como un hombre comprometido con el bienestar de la gente, pero hasta el momento ha callado frente a la corrupción de su compañero de militancia Pepe Cruz, quien está acusado de un desfalco a las arcas de Chiapas por arriba de los cinco mil millones de pesos durante su paso como secretario de Salud estatal.
Además, su intención de gobernar Tuxtla se lee más como un capricho de grupo que como un proyecto genuino. No conoce la ciudad, ni su gente ni sus problemas. Es un charlatán presuntamente ligado al grupo criminal Los Motonetos (que opera en su ciudad natal San Cristóbal de las Casas) y con graves escándalos de corrupción.
FREDDY
Freddy Escobar Sánchez ha hecho de la simulación su mejor aliada.
Desde hace varios meses ha recorrido varias colonias de Tapachula, buscando promover su imagen a la presidencia municipal. Sin embargo, su desempeño como diputado local, consejero de Morena y exdirector de la Promotora de Vivienda Chiapas, cargo que ocupó en la administración de Rutilio Escandón, es peor que mediocre.
Nada más en su gestión en la dependencia estatal, se le señala de haber construido una red de tráfico de influencias en la región del Soconusco para operar programas gubernamentales con fines electorales en beneficio personal.
Otro ejemplo de su mediocridad, corrupción y mezquindad son las denuncias de grupos campesinos de distintos municipios por el incumplimiento de la entrega de 95 viviendas. Los afectados señalaron que a pesar de existir contratos firmados, planos y supuestas escrituras, las casas nunca fueron construidas. Es decir, el dinero de dicho proyecto fue desviado.
No olvidemos que en periodos pasados ocupó cargos en el Ayuntamiento de Tapachula, como en la gestión de Emmanuel Nivón González, quien terminó en la cárcel bajo acusaciones de desvío de recursos públicos y peculado. Se dijo que Freddy Escobar, como secretario del Ayuntamiento, fue partícipe en mencionados delitos. Incluso, huyó del estado para no compartir el mismo destino.
EN FIN
He aquí tres enfermos de poder, cuyo mejor antídoto en su contra es mantener la memoria histórica.
yomariocaballero@gmail.com




