Para qué pidieron pruebas
Raymundo Riva Palacio
A la exigencia de pruebas que sustenten la acusación contra Rubén Rocha Moya por haber aceptado la ayuda de los chapitos para ganar la gubernatura de Sinaloa en 2021 a cambio de entregarles el estado para sus negocios y tráfico ilegal de fentanilo, en Palacio Nacional se toparon con la sabia realidad que plantean tres refranes mexicanos: ten cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir, no preguntes lo que no quieres saber, y no invoques tormentas que no podrás controlar.
Quería pruebas la presidenta Claudia Sheinbaum, y ya le dieron una probadita de ellas. Lo que le dijeron no le gustó, y detonó como respuesta un endurecimiento político contra el gobierno de Donald Trump, apostando que las acusaciones de injerencista generarán un consenso interno de respaldo.
Pero defender a Rocha Moya, es una apuesta muy riesgosa. Protegerlo, como lo está haciendo el gobierno, es prolongar su agonía, y puede arrastrar al gobierno. El desafío a Estados Unidos al incumplir con tratados internacionales -de extradición y de cumplimiento con la ficha roja- por el temor que revele los secretos criminales de la 4T si lo extraditan, obliga a tener muy bien calibrada cuál será la respuesta y preparar los siguientes pasos que tomarán. En Palacio Nacional saben que vendrá un nuevo golpe, pero no quién, ni por dónde,
Estados Unidos, ante la exigencia de Sheinbaum de pruebas, le compartieron algunas líneas generales de la investigación contra del exgobernador de Sinaloa, y lo que ofrecieron los exfuncionarios que se entregaron en Estados Unidos, Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas, y el general Gerardo Mérida, exsecretario de Seguridad. Los dos ofrecieron a cambio de recibir la protección estadounidense, pruebas con soporte técnico, que tienen que ver con varios de los delitos que les imputó el Departamento de Justicia, el de conspiración, que se da cuando dos o más personas acuerdan cometer un acto ilegal, que tocaría directamente a Rocha Moya, y el de posesión de armas y explosivos, que los vinculan con el crimen organizado.
Díaz Vega y Mérida entregaron documentos físicos y un número, indeterminado pero amplio, de memorias USB. La información se suma al cúmulo de pruebas que tienen los fiscales en la Corte del Distrito Sur en Manhattan, que incluye intercepciones telefónicas -algunas de ellas recogidas por los aviones espía de la CIA cuando volaron sobre Sinaloa-, y testimonios de miembros del Cártel de Sinaloa, -incluidos los chapitos e Ismael El Mayo Zambada- sobre su participación en elecciones presidenciales y locales durante casi una década.
Las autoridades mexicanas no tienen información detallada sobre lo que contienen los USB, por lo que están analizando la situación a ciegas. Lo que les han añadido los estadounidenses, es que el general Mérida, que se especializó en el Ejército en el área de inteligencia, ha aportado evidencias principalmente en contra de Mario Delgado, de sus tiempos de presidente de Morena, y que de acuerdo con lo que ha ofrecido, documenta cómo recibió dinero del crimen organizado para inyectar en campañas para gobernador y para candidaturas para diputaciones y senadurías. La inyección de recursos oscuros en campañas para gobernador se ha ventilado en varios medios, pero es la primera vez que se menciona que dinero de los cárteles sirvieron para financiar a legisladores.
La información parcial que le entregó Estados Unidos a México es previa a que el jueves de la semana pasada, la presidenta elevara el tono de su denuncia de intervencionismo contra ese país, aunque trató de matizar en público que no era Trump quien encabezaba el injerencismo, sino algunos de sus asesores en la Casa Blanca. El viernes, un día después de atizar la retórica, tuvo una reunión con el secretario de Seguridad de Trump, Markwayne Mullin, en Palacio Nacional, que como se ha reportado en la prensa, fue muy ácida con demandas del estadounidense a Sheinbaum que respetara el Tratado de Extradición y que le entregaran a Rocha Moya.
Tras esa reunión, probablemente la más dura que ha tenido con un funcionario estadounidense en su vida, el coordinador de Morena, Ricardo Monreal, presentó la iniciativa para anular elecciones donde, presuntamente, el resultado había sido consecuencia de un intervencionismo extranjero, cuyo texto fue un traje hecho a mano con Estados Unidos. El sábado se informó que la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, sería citada a declarar por la FGR, porque agentes de la CIA participaron en un operativo con policías estatales. Y el domingo, la presidenta declaró que nunca se separaría del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
La declaración debió haber sido un golpe al hígado de la CIA, que considera que cualquier acto público -o apoyo- a López Obrador, es una afrenta para el gobierno de Trump. Pero la secuela de retórica y acciones emanadas desde Palacio Nacional desde el jueves de la semana pasada, dan la impresión que Sheinbaum está lista para pelearse con Trump. Sin embargo, contra lo que se ve en público, está preocupada. La presidenta le pidió a García Harfuch y a su asesor externo, Eduardo Cervantes, una estrategia de control de daños ante su convencimiento de que acusaciones como las que se formularon contra Rocha Moya y nueve funcionarios más de Sinaloa, van a hacerse públicas, ya sea por el Departamento de Justicia, o a través de los medios en Estados Unidos.
Pese al diagnóstico, el primero en donde reconoce -aunque sea internamente- la realidad en la que se encuentra la relación bilateral, no se está planteando hasta este momento la extradición del exgobernador o de los otros siete funcionarios imputados con él. Las extradiciones están fuera de discusión. De esta forma, vuelve al principio. Ni Rocha Moya, ni nadie de Morena que resulte imputado se irá extraditado. Va por el agrupamiento de Morena y para lograr, mediante el convencimiento del enemigo externo, la cohesión interna. Pero tiene un problema: todo tiene como eje a Rocha Moya, sobre el cual hay abundante información sobre cómo los chapitos actuaron en Sinaloa para hacerlo gobernador. El exgobernador es indefendible.
La presidenta no ha registrado aún que la ruta de confrontación por la que optó, ha cambiado el humor de funcionarios y agentes de inteligencia estadounidenses sobre ella. Hasta hace un mes, el consenso era para apoyarla. Hoy están divididos, y la críticas contra ella, inexistentes hace semanas, están comenzando a permear. Aquí no tiene aún el consenso. Allá, lo perdió.
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