EDITORIAL

¡Ahora no!

Tras la salida de Andrés López Beltrán (Andy) como secretario de Organización del partido Morena, la estigmatización contra el hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador no ha cesado. Es más, son constantes los señalamientos que han hecho los medios de comunicación sobre su vida pública, cuya principal característica, según sus críticos, es que no sabe conectar con la gente: no tiene ni el carisma ni la simpatía para agradar y, aun así, quiere recorrer el estado de Tabasco para ganar la diputación que, incluso antes de que arranque oficialmente el proceso electoral, ya tendría asegurada, pasando por encima de quienes han hecho trabajo de campo para tratar de alcanzar dicha nominación.

Este personaje dista mucho del carisma que, en su momento, proyectó durante casi tres décadas su padre hasta lograr alcanzar la Presidencia de la República. En nada se compara uno con el otro, pero ese no es el tema, pues mientras tenga vida, AMLO hará todo lo posible para que su vástago se mantenga encumbrado en las grandes ligas.

Sin embargo, parece que esa sobreprotección patriarcal se desvanece ante la forma apática en que Andy enfrenta los retos que le presenta la vida. Su conexión con la gente y con los medios de comunicación pareciera no tener “química” y eso, para alguien que aspira a ser representante popular, resulta más dañino para la estructura del partido que representa que para su eventual triunfo rumbo a la Cámara de Diputados en 2027.

Además, el historial de denuncias penales y los señalamientos sobre supuestos nexos con un grupo de amigos vinculados a presuntos actos de corrupción en la construcción del Tren Maya, por ejemplo, no le ayudan en nada a proyectar liderazgo político.

Es cierto que eso poco importa si lo que se busca es encumbrar al hijo del exmandatario; sin embargo, la realidad es que el mensaje de impunidad y avasallamiento, más temprano que tarde, terminará afectando al propio Andy, dado que, con el paso del tiempo, su padre ya no estará en condiciones de continuar liderando y protegiendo sus pasos.

Ahora que dejó Morena y la cartera que representaba, las críticas no han dejado de golpear el “ego” de López Beltrán. No tiene contacto con la prensa ni con la sociedad en general. Por el contrario, si los reporteros lo encuentran en algún lugar al que asiste para un evento partidista, se escabulle y no responde las preguntas. Huye para evitar responder interrogantes incómodas que el pueblo de México quiere y debe conocer.

“No concedo entrevistas”, dijo muy ufano cuando, en Villahermosa, Tabasco, fue interceptado por un grupo de reporteros que querían conocer detalles sobre su futuro dentro de Morena rumbo a la candidatura del distrito VI de Tabasco, que comprende municipios como Centro, Jalapa, Tacotalpa y Teapa.

Será la primera experiencia político-electoral que tenga, pues como secretario de Organización de Morena fue comisionado a Durango para ayudar a ganar al candidato de su partido, pero perdió estrepitosamente. Lo mismo ocurrió en Veracruz, donde la oposición ganó y conservó importantes ayuntamientos en los comicios de 2025.

Su participación en la empresa “Chocolates Rocío” también ha sido objeto de denuncias, ya que lo relacionan con presuntos conflictos de interés en contratos ligados y supuestamente manipulados con el programa Sembrando Vida, además de su cercanía con Hugo Chávez Ayala, empresario cacaotero y amigo cercano de “Andy”.

Sus viajes de lujo, gastos estratosféricos en hoteles, restaurantes, compra de pinturas y cenas fueron evidenciados, hechos que contrastan con la política de austeridad que impulsa la Cuarta Transformación. También lo relacionan con Jorge Amílcar, su amigo cercano, quien supuestamente habría sido beneficiado en negocios realizados al amparo de la Cuarta Transformación.

Su prisa —dicen sus detractores— por alcanzar una diputación tendría como objetivo obtener el fuero constitucional que lo blindaría ante supuestas acusaciones en Estados Unidos relacionadas con la red de contrabando de hidrocarburos conocida como “huachicol fiscal”, esquema que habría operado mediante importaciones irregulares de combustibles hacia México.

Todo esto se relaciona con su predisposición a no tener contacto con la prensa, cuyos integrantes buscan respuestas, pero solo obtienen como contestación un: “ahora no”.

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