Cafetómano.

Bernardo Figueroa

EL EGO DE PABLO

Pablo Salazar, ese personaje que habitó las sombras del sistema penal chiapaneco bajo el número 8476, pretende vendernos una versión remasterizada de su historia donde él es la víctima y el mundo entero su verdugo. Resulta fascinante observar cómo el cinismo puede alcanzar cuotas tan elevadas justo cuando el calendario marca la cercanía de un mundial de fútbol, ese escaparate perfecto para que los muertos vivientes de la política intenten colgarse de la euforia masiva y encajar en el guion del oficialismo. Si Felipe Calderón es el villano favorito del segundo piso de la Transformación, entonces cualquier enemigo de Calderón debe ser, por lógica simplista, un héroe de la causa.

Pablo fue detenido el 7 de junio de 2011. Si compramos la tesis de la venganza personal de Calderón, surge una duda razonable que derriba cualquier argumento. ¿Por qué el entonces presidente esperaría hasta el último tramo de su mandato para ajustar cuentas? Un estratega del rencor, como él describe a Felipe, lo habría encerrado desde el primer año para disfrutar el espectáculo durante todo el sexenio. La realidad es mucho más prosaica y menos glamurosa. Salazar no cayó por una conspiración de alcurnia panista. Cayó porque el peso de sus propias acciones y la ruptura de los códigos de la decencia política en el estado se volvieron insostenibles. Su encarcelamiento fue la consecuencia de un pecado muy personal cometido contra la dignidad de Juan Sabines, algo que Mariano Herrán tuvo que admitir cuando el agua le llegó al cuello.

Resulta hasta cómico que ahora intente reciclar eslóganes del pasado. Si en su momento se decía que López Obrador era un peligro para México, Salazar ahora intenta vender la idea de que para Sabines, él era un peligro para Chiapas. Esta pirueta retórica busca desesperadamente una validación por parte de la presidenta de la República y del movimiento que hoy ostenta el poder. Pablo no es un aliado de la transformación, por el contrario, él fue el brazo ejecutor que intentó decapitar al obradorismo en su misma cuna. Cuando Vicente Fox buscaba frenar el ascenso del hoy exmandatario mediante el desafuero, encontró en Salazar a su aliado más servil y eficiente. Pablo operó con los gobernadores para respaldar aquel atropello democrático. Es un insulto a la inteligencia nacional que hoy busque refugio bajo la sombra del árbol que intentó talar.

EL PACTO DEL PRI

Mientras diputados federales del PAN como Francisco Rojas y Janeth Ovando votaban con entusiasmo por el desafuero, hubo voces valientes que se opusieron. Una de ellas fue la de Manuel Velasco Coello en aquel 2005. ¿Cuál fue el premio de Salazar para Velasco tras esa votación histórica? El castigo mediático y el congelador político. Si Salazar obtuvo su libertad más tarde, no fue por una epifanía de la justicia, fue el pago directo de la derecha por los servicios prestados al PRI. El testigo de honor para salir del Amate, fue el presidente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, como parte de las negociaciones del gobierno entrante y saliente, es decir, entrante de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón. La línea del tiempo indica que el 1 de julio de 2012, Peña Nieto ganó la presidencia de la República. Pablo salió de la cárcel el 14 de noviembre; Peña Nieto anunció a Pedro Joaquín Coldwell como secretario de Energía el 30 de noviembre; y el 1 de diciembre entró en funciones el gobierno peñista.

La estancia de Pablo en El Amate no fue una peregrinación ideológica. Su celda olía a expedientes por transas y abusos, un catálogo de excesos que harían palidecer a cualquier villano de opereta. El drama de los 28 bebés de Comitán en 2003 permanece como una cicatriz purulenta en su expediente. Aquella negligencia criminal que cobró la vida de recién nacidos por falta de insumos básicos define su gestión mejor que cualquier podcast grabado en la comodidad de la capital. Sí recuperó la calle por los tecnicismos de la ley y el manto protector sellado por el PRI. Eso no borra la constancia de los 104 millones de pesos sustraídos del erario para pagar un seguro de vida privado para él y su séquito, un reembolso que se repartieron con la alegría de quien encuentra un tesoro en el fango. Ni hablar de la tragedia del huracán Stan, donde el dolor de miles de familias se convirtió en el negocio más lucrativo para su red de constructoras y prestanombres, mientras la gente se ahogaba en el lodo.

LA PERSECUCIÓN A PERIODISTAS

El autoritarismo encontró su máxima expresión en la Ley Mordaza, diseñada para encarcelar la crítica y amordazar la verdad. Bajo su bota sufrieron periodistas como Miguel González Alonso y Ángel Mario Ksheratto, quien fue recluido por el delito de difamación; asedió a más no poder a empresarios de medios como Enrique Zamora del Orbe, y Conrado de la Cruz Jiménez, del Cuarto Poder. No contó en el podcast la detención de Conrado de la Cruz Morales, ni la detención de políticos opositores como Aquiles Espinosa, que estuvo arraigado en Las Palmas. Tampoco recordó que exservidores del gobierno de Roberto Albores Guillén fueron encarcelados, como los exsecretarios de Desarrollo Rural y de Salud, Librado de la Torre y Humberto Córdova Cordero, respectivamente; al exprocurador de Justicia, Eduardo Montoya Liévano; al exsubsecretario de Seguridad Pública, Florencio Madariaga y al exdirector de Caminos, Arturo López Martínez. Algunos alcaldes anduvieron en salto de mata, como Manuel Pano Becerra de Tapachula. Otro perseguido, golpeado, amenazado de muerte, y víctima de atentados fue Pedro Raúl López Hernández, entonces Presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

Su autoritarismo llegó al extremo de respaldar a personajes como Kamel Naciff frente al atropello cometido contra la periodista Lydia Cacho. Incluso se sabe de su intención de entregar bienes de la familia Constanzo al llamado Rey de la Mezclilla. No por nada, Amnistía Internacional, en su informe AMR 41/023/2001, denunció torturas y juicios injustos contra ciudadanos como Luis Manuel Hernández y José Luis Castellanos bajo su gobierno.

Pablo Salazar puede intentar reescribir su biografía en un podcast de deportes o en columnas pagadas como aquella de “¡Arriba las manos cabrones, soy periodista!”, escrita por Carlos Marín en Asalto a la Razón y dedicada a Miguel González Alonso, o “Las viudas del Chayote” con la que cerró su sexenio. Pero Chiapas tiene otros datos y otras heridas. El tiempo le otorgó la posibilidad de salir de una celda física, pero no podrá escapar de la sentencia social de un pueblo que recuerda el garrote y la soberbia con que gobernó. La verdad que Pablo omite es que su libertad no fue un triunfo de la justicia, fue el resultado de pactos que no tienen nada que ver con la transformación que hoy presume querer integrar, solo porque uno de los que fue becario en su gobierno es amigo de la Presidenta.

Desde el Café: El gobernador Eduardo Ramírez, estuvo en la localidad Agrónomos del municipio de Villaflores, inaugurando la rehabilitación del camino Crucero Nuevo Edén- Agrónomos Mexicanos-Domingo Chanona, obra en la que se invirtieron más de 19 millones de pesos que beneficiará a más de 19 mil habitantes de la región… En Villaflores, el mandatario estatal llevó a cabo la Firma de Convenio del “Programa Producción con Prosperidad Compartida”, que a través de créditos permitirá dar liquidez a las y los productores, quienes podrán ser beneficiados con montos que van desde 30 mil hasta un millón de pesos, con una tasa de interés muy baja.

Para terminar: “La democracia debe ser algo más que dos lobos y una oveja votando sobre qué cenar”. Lo dijo James Bovard.

Son cuestiones del oficio, sigue sin ser nada personal.

cafetomano@hotmail.com

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