Sumidero

Edgar Hernández Ramírez                edgarhchiapas22@gmail.com

Cinco revelaciones que deja la caída de Rocha

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Lo verdaderamente importante del caso Rubén Rocha Moya quizá no sea ya averiguar por qué creyó que podía regresar a gobernar Sinaloa después de 112 días de licencia. Lo revelador es observar para qué está sirviendo su caída.

En apenas unos días ocurrieron demasiadas cosas para considerarlas independientes. Rocha regresó, Morena se deslindó, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó su decisión de imprudente, volvió a pedir licencia, el Congreso local nombró a Graciela Domínguez para concluir políticamente el sexenio, Enrique Inzunza terminó fuera de la bancada morenista en el Senado y, este miércoles 26, Imelda Castro fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación en Sinaloa, perfilándola para 2027.

Visto en conjunto, el episodio deja al menos cinco revelaciones políticas.

1. Rocha terminó siendo funcional para limpiar la casa

La primera paradoja es contundente. Un caso que amenazaba con convertirse en uno de los mayores pasivos de Morena puede terminar sirviendo para mostrar capacidad de depuración interna.

La oposición llevaba meses construyendo una narrativa sencilla y poderosa: narcopolítica, narcogobierno, protección oficial. Mantener a Rocha gobernando mientras Estados Unidos lo acusa y la FGR lo investiga habría entregado combustible ilimitado a esa campaña.

Ocurrió lo contrario. Sheinbaum se distanció públicamente; Morena rechazó su regreso; Rocha salió nuevamente; Inzunza quedó políticamente aislado y la presidenta extendió a los diez investigados el criterio de que deben valorar si resulta conveniente permanecer en sus cargos.

El mensaje que intenta construir el oficialismo es evidente: una acusación no equivale a culpabilidad, pero tampoco concede patente para aferrarse al poder. Rocha pasó así de problema defensivo a oportunidad política. Morena puede alegar ahora que no encubre automáticamente a los suyos.

2. Sheinbaum recuperó autoridad dentro de Morena

Las 34 horas fueron también una medición de poder. Rocha actuó unilateralmente y prácticamente nadie importante salió a respaldarlo. Gobernación se deslindó, Morena tomó distancia y Sheinbaum terminó diciendo públicamente que su regreso había sido “imprudente” y “no pertinente”.

Rocha tenía legalmente la gubernatura, pero descubrió que había perdido algo más importante: la autorización política para ejercerla.

La crisis terminó dejando una advertencia hacia dentro de la 4T. Los gobernadores poseen territorio, grupos y estructuras propias, pero hay una conducción nacional y hoy esa conducción reside en Palacio Nacional.

3. También baja presión frente a Estados Unidos

Washington podía preguntar por qué un gobernador acusado de proteger a Los Chapitos continuaba gobernando como si nada. Esa contradicción desapareció.

Rocha está fuera del Ejecutivo, la FGR mantiene abiertas las investigaciones y Sheinbaum conserva simultáneamente otra posición: México no detendrá ni extraditará ciudadanos simplemente porque Estados Unidos lo solicite sin presentar elementos suficientes conforme al derecho mexicano.

Es una posición diplomáticamente mucho más cómoda. México puede decir ahora dos cosas al mismo tiempo: no protegemos políticamente a los investigados, pero tampoco permitimos que EU determine quién gobierna México.

La salida de Rocha reduce así uno de los puntos de fricción sin comprometer el principio de soberanía.

4. Sinaloa deja de contaminar la selección de candidatos de 2027

Esta consecuencia quizá sea todavía más estratégica. El caso Rocha explotó exactamente cuándo Morena comenzó a nombrar a sus coordinadores estatales de Defensa de la Transformación, figuras que en los hechos quedan encaminadas hacia las gubernaturas de 2027.

Imagínese esa fotografía con Rocha nuevamente gobernando y Enrique Inzunza disputando la sucesión.

Cada nombramiento habría sido leído bajo una sola pregunta: ¿de quién es candidato y qué relación tiene con el grupo sinaloense investigado?

Ahora ocurre lo contrario. Inzunza quedó fuera de la bancada y Morena acaba de colocar en Sinaloa a Imelda Castro, una figura alejada del núcleo rochista, como coordinadora estatal.

El mensaje rebasa Sinaloa: Morena quiere llegar a 2027 evitando candidatos que puedan convertirse posteriormente en expedientes o en narrativas perniciosas.

El caso Rocha funcionó como vacuna anticipada.

5. Comenzó la era pos-Rocha

La última revelación es probablemente la definitiva. Rocha conserva jurídicamente la condición de gobernador con licencia, pero políticamente su ciclo parece terminado. Graciela Domínguez gobierna Sinaloa; Imelda Castro encabeza el proyecto electoral rumbo a 2027; Inzunza perdió el cobijo de la bancada y Morena discute qué hacer con quienes permanecen bajo investigación.

En apenas cinco días se reorganizaron el gobierno, el partido y la sucesión. Por eso las 34 horas de Rocha pueden terminar siendo mucho más importantes que sus casi cinco años de gobierno.

Intentó regresar para demostrar que todavía tenía poder, pero terminó demostrando exactamente lo contrario.

La ironía final es potente: Rubén Rocha Moya quiso recuperar la gubernatura y terminó acelerando la construcción política de un Sinaloa sin Rocha.

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