• Madres, hermanos, abuelas y padres arribaron a San José El Hueyate, el último punto donde tuvieron contacto con sus familiares que viajaban en un grupo de 40 personas por mar rumbo a Estados Unidos, pero no encontraron respuestas
José Cancino
Terminó la búsqueda, al menos la primera. Madres y familiares de migrantes desparecidos desde el pasado 21 de diciembre de 2024 llegaron a la región sur de Chiapas para realizar una brigada de exploración que arrojara indicios sobre el paradero de un grupo de 40 personas, que dejaron su último rastro en la comunidad de San José El Hueyate, en Mazatán.
A decir de madres, hermanos y abuelas que durante cuatro días recorrieron distintos puntos de Tapachula, no sin antes pasar por el corredor costero de Tonalá a Huixtla, sus seres queridos viajaban con dirección a Estados Unidos en manos de una célula de tráfico de personas que ofreció trasladarlos hasta Estados Unidos por 18 mil dólares (unos 300 mil pesos mexicanos). La cuota se cumplió, pero el destino no.
A mas de año y medio de la desaparición masiva, cinco mujeres y dos hombres originarios de Honduras, Ecuador y la mayoría de Cuba llegaron al punto donde la tierra se tragó al grupo.
Con ellos viajó también la incertidumbre de no saber si sus familiares naufragaron al salir a la mar a bordo de una lancha, murieron en tierra firme o siguen vivos en algún punto, pero aun así han realizado un recorrido por la bocabarra de El Hueyate para preguntar con lugareños, colocar fichas de búsqueda y palpar con pies propios la tierra que sus desparecidos también pisaron aquel diciembre de 2024.
Buscar una aguja en un pajar
Para Óscar Hernández el periplo por San José El Hueyate ha sido el día más complicado de todo el proceso. El sábado 9 de mayo que sintió el agua salina en su cara con el salpicar de la lancha que lo condujo a la frontera entre río y mar, recordó que su hermano Ricardo estaba cumpliendo años, pero no pudieron celebrarlo juntos, ni siquiera por una llamada telefónica.
Ha sido una búsqueda con un mal sabor de boca, que le ha dejado desaliento, desesperanza intermitente pero no hay marcha atrás: hay que recuperar las fuerzas para seguir escrudiñando hasta en el último rincón donde su hermano pueda estar.
«Nos vamos con tristeza de Tapachula porque esperábamos más. Un trabajo bastante duro, bastante fuerte y sabemos que en San José Hueyate se esconde una verdad, ahí está todo para averiguar dónde están nuestros familiares, pero desde que pisamos este país nos dimos cuenta del temor. Pedimos a las autoridades investigación», sentencia este lunes durante una declaración en la fiscalía de inmigrantes en Tapachula, el último punto del viaje.
Para Óscar, es como buscar una aguja en un pajar o más que eso. Las autoridades en Chiapas han respondido de forma tardía, quizá porque si a los mexicanos les cuesta que los escuchen, con los migrantes es aún peor, reflexiona el hondureño.
Tres grupos desparecidos
La desaparición de los 40 migrantes no es un hecho aislado. Otros dos grupos también desaparecieron del radar de sus familias cuando viajaban con traficantes en Puerto Madero y un caso más que se repite en San José El Hueyate. En total, se tiene registro de al menos 80 extranjeros en condición de ausentes y que no volvieron a tener comunicación con sus allegados en su paso por la región Soconusco.
Estos indicios determinan el modus operandi de las redes de trata de personas en el sur del país, con el consentimiento de autoridades.
El 3 de febrero último, el fiscal Jorge Luis Llaven Abarca declaró que se tenía detectada una red de tráfico de indocumentados en el litoral chiapaneco, por lo que reforzarían la seguridad y los operativos. Desde entonces, poco o nada ha ocurrido.
Las madres y abuelas cubanas, Óscar y el padre ecuatoriano han sido acompañados por la Comisión Nacional de Búsqueda, activistas italianos y españoles, la Brigada Internacional de Búsqueda Tejiendo Rutas y la propia FGE, pero han hallado muy poco en esta primera pesquisa a sabiendas que las respuestas están mar o tierra.




