“El futbol, la política de los pueblos”
Jorge Fernández Menéndez
Dice Jorge Valdano que “el futbol es el estado de ánimo”. Tiene, como en muchas otras cosas, toda la razón, y lo que va a ocurrir hoy exhibirá el estado de ánimo de una ciudad, la de México, que está harta de tanta dejadez, capricho e improvisación, y de un país donde se acumulan los problemas críticos sin que se cierre, aunque sea uno.
Comencemos por una declaración de principios: amo el futbol, no recuerdo un solo momento de mi infancia en que no estuviera atado a un balón. Como hizo Eduardo Galeano, desearía colgar el cartel de “cerrado por futbol” y quedarme, cerveza en mano, viendo todos los juegos del mundial. Nada hay más alejado de mi visión personal e ideológica que boicotear una competencia deportiva, sobre todo un mundial de futbol, ni siquiera cuando sabemos que se ha convertido, lamentablemente, en un instrumento de comercialización que desafía incluso el sentido común. Y entre todos mis deseos, uno de los más fervientes es que lleguemos, por lo menos, al quinto partido. Nuestra gente y nosotros necesitamos alguna alegría.
Pero la realidad es canija, testaruda y se ha colado en este mundial como la humedad. No vivimos en la ciudad de México, escribíamos esta semana, un ambiente de mundial porque como dice Valdano, “el estado de ánimo” no está para la fiesta. El gobierno de la ciudad y en su ámbito el federal, además enfrentados entre ellos, no han cumplido con los objetivos mínimos como para que nos sintamos orgullosos de nuestra ciudad de México, como lo estuvimos hasta hace algunos años, por más problemas que tuviéramos, como lo estuvimos en 1986 aunque viniéramos de una tragedia terrible.
La CDMX ya no aspira a ser una metrópoli moderna, se ve y siente empobrecida, disminuida. La ciudad no sólo está sucia, inundada, sin desazolvar, con obras sin terminar o mal terminadas al triple de su costo, como el tristemente célebre Jardín colgante, que costó casi dos mil millones de pesos, y no es una cosa ni la otra: no es un jardín, es una suerte de puente sobre calzada de Tlalpan, con plantas y flores, que al día de ser inaugurado ya tenía grietas y se inundaba por las lluvias. Las obras del metro o las del AICM tampoco se han concluido y son, como casi todo lo que se hizo en la ciudad, de ornato, no solucionan los problemas estructurales. El aeropuerto exhibe cada día la insensatez de López Obrador de cancelar el aeropuerto a medio edificar en Texcoco, que además, seguiremos pagando hasta 2047 aunque no se haya construido. Los chilangos estamos avergonzados de nuestra ciudad: no queremos recibir así a miles de visitantes. No somos lo que muestra la ciudad.
Pero eso se acrecienta con las provocaciones y el chantaje, el vandalismo y la violencia de la CNTE, de los militantes de Ayotzinapa o los de la CTEG. Son grupos y líderes impresentables que se rigen solamente por sus intereses políticos, jamás por la educación, los derechos humanos, o incluso los legítimos intereses sindicales. No hay provocadores externos como dice la presidenta Sheinbaum: los provocadores son esos mismos grupos y dirigentes, lo que sucede es que antes los utilizaban, eran un instrumento opositor y desestabilizador y ahora que son gobierno sufren las consecuencias del monstruo que crearon.
Pero al mismo tiempo hay movilizaciones, que hoy también confluirán con esas otras, que son legítimas: son las de las madres buscadoras, que no han sido recibidas en ocho años por los gobiernos de la 4T mientras se siguen sumando los desaparecidos, y ya llevamos más de 130 mil. Marcharán los jubilados y pensionados a los que se les quitó o redujo las pensiones por un acto arbitrario en lugar de actuar sólo contra el fraude que el sexenio pasado pergeñó Jesús Ramírez Cuevas, con un grupo del SME, para dotarlos de pensiones e indemnizaciones millonarias e ilegales. Se movilizarán los campesinos a los que López Obrador dejó sin financiamiento ni apoyos al desaparecer Financiera Rural (y con daños agregados como el cierre de la frontera al ganado por el gusano barrenador, consecuencia directa de la decisión de su gobierno de cerrar granjas de moscas que había en Chiapas para combatir ese mal, que hoy ya cruzó el país y llegó a los Estados Unidos). Marcharán los transportistas, que son asaltados, vejados, asesinados en las carreteras del país, incluyendo las más concurridas, con casi total impunidad: el año pasado hubo 16 mil asaltos a transportes de carga en el país.
Hay movilizaciones que son consecuencia del chantaje y la provocación, pero otras lo son por la incapacidad gubernamental de darle solución a desafíos profundos y graves, que lastiman a la sociedad. Pero unos y otros son enfrentados por los gobiernos, el federal y el capitalino, con una ineficiencia y falta de operación notables. Y eso políticamente se castiga. A un evento que estaba programado desde hace ocho años no se puede llegar con tanta improvisación y sin las tareas, políticas y de infraestructura, sin cumplir. Además, cuando se polariza como estrategia de gobierno la consecuencia inevitable suele ser la confrontación.
Ojalá no la vivamos hoy y durante el próximo mes de justa mundialista, aunque, como dicen, un pesimista es un optimista bien informado. “El futbol, explicaba Manuel Vázquez Montalbán, es la política de los pueblos”. Y esta clase política nos tocó vivir.




