Maestros y educación: el abismo
Jorge Fernández Menéndez
La crisis autoinfligida del gobierno por el intento de cambio de calendario escolar sin un sentido claro de siquiera porqué se realizaba, ha exhibido el verdadero problema: la educación pública del país está subordinada a intereses políticos e ideológicos de muy corto plazo, de personajes y grupos cuyo interés no pasa en absoluto por la propia educación.
El deterioro educativo durante el gobierno de López Obrador fue constante, pero, además, consciente. Esta administración no lo revertido, se sigue la inercia marcada por la anterior: que las dos únicas noticias destacadas en la educación hayan sido el show de Marx Arriaga tratando de no soltar su puesto en la SEP y el intento de cambiar el calendario escolar sólo es superado por lo fallido de ambas operaciones. Se fue Arriaga pero dejó su gente, sus libros pedagógicamente intransitables, sus programas y el mismo marco ideológico. Nada, ni el personal, ha cambiado.
Lo que no está en el debate público es el modelo educativo. En la encuesta publicada ayer por México Elige, cuando se pregunta cuál es el mayor problema del país, sólo el 2.4 por ciento dice que es la educación. Claro, un 37.1 por ciento considera como el mal mayor a la corrupción y un 18.2 por ciento a la inseguridad (que debería ser evaluada de otra forma, porque un 11.3 por ciento dice que el problema es la violencia y un 8.9 por ciento el narcotráfico: o sea que un 57.3 por ciento de la población considera a la inseguridad y sus derivados son el mayor problema del país). Pero se olvida que un componente esencial para combatir la corrupción y la inseguridad pasa por la educación: y con los niveles que tiene la misma hoy en nuestro país, esas lacras seguirán creciendo: se alimentan de la ignorancia.
No hay ninguna estrategia educativa seria y de largo plazo. Encontré ayer, revisando mis archivos, algo que escribimos aquí en noviembre de 2007. Decía que “ese camino comienza en la secundaria. En nuestro caso, la secundaria es, hoy, el sector con mayor demanda educativa como consecuencia del crecimiento demográfico, el que registra los más altos índices de deserción y quizás el más desatendido. Pero también es donde mayores cambios pueden realizarse, con o sin el sindicato de maestros… allí hay un espacio, una suerte de zona gris desde donde podrían darse las principales transformaciones…
“El experto de la OCDE, Francesc Pedró dice, por ejemplo, que el modelo estadounidense ofrece al estudiante un amplísimo abanico de programas que van desde la peluquería hasta el análisis matemático y todos valen lo mismo para acceder al título. Los que hacen los programas académicos más avanzados son los que luego tienen oportunidad en la universidad… El modelo nórdico y particularmente el de Finlandia (hace 50 años esa nación era una de las más atrasadas de Europa, y hoy supera en sus niveles de vida incluso a naciones tan exitosas como Suecia, Noruega y Dinamarca), es el de la atención a la diversidad: el profesor, dice Pedro, no da la clase para la media del grupo, sino que adapta lo que enseña a lo que necesita cada alumno. Es el mejor modelo, dice, pero requiere inversión y formación del profesorado. Finlandia invierte el 6.1 por ciento de su PIB en educación; nosotros, según datos del 2003, el 6.3 por ciento (hoy, en 2026, invertimos el 2.9 por ciento).
“Entonces, decíamos entonces, 2007, no es por falta de recursos, sino por una mala canalización del mismo. Para revolucionar la enseñanza media se requiere de inversión y de maestros que hoy no están en condiciones de garantizar esos niveles de calidad en ese nivel de educación… ¿qué sucedería si se pudiera revertir el proceso: si se pudiera invertir en la formación de profesores, transformando la carrera magisterial en eso, en una carrera donde los mejores y más dotados ganarán más y pudieran superar metas y avanzar en sus niveles profesionales, con todo lo que ello implica?
“Se dirá, una vez más, que Finlandia es un país con una población de poco más de cinco millones de habitantes y nosotros tenemos más de cien millones, que son realidades diferentes. Es verdad, sólo en parte: Finlandia siempre fue muy pobre por el clima y por su ubicación geográfica, era el patito feo de Europa y Escandinavia, sufrió guerras, invasiones y muchos migraron, pero rompió los modelos con la educación y a través de ella con la innovación tecnológica. De ser un productor de madera pasó a ser un exportador de alta tecnología. Y lo hizo revolucionando la educación media. Ahí está el secreto”.
Han pasado 19 años de aquel texto, se lograron avances con las reformas de Calderón y Peña Nieto, se comenzaron a mover al alza los índices educativos, a tener una carrera magisterial, a reducir el poder de la CNTE y el SNTE, y a apostar por la calidad. Pero todo se perdió con López Obrador, con la contra reforma, con un pésimo tratamiento de la pandemia en el sector (dejaron dos años a los niños y jóvenes sin ir a las aulas, con educación a distancia cuando la mayoría no tiene siquiera acceso a una computadora, unos 5.2 millones no se volvieron a inscribir), con maestros sin evaluación, alumnos sin clases, ni exámenes y con libros de texto concebidos para formar militantes, no profesionales.
Hoy festejemos a esos maestros que todos hemos tenido alguna vez y que nos han transformado la vida. Pero no olvidemos que el sistema está hundido y que sin un cambio radical, profundo, las próximas generaciones, las que ya están entre nosotros, sobre todo los más pobres, estarán destinados al fracaso… o a alimentar la migración y la delincuencia.




