Mario Caballero
La maquillada honestidad de Carlos Morales
Carlos Morales Vázquez volvió a salir a las redes sociales con un video en el cual se ufana de que la Auditoría Superior del Estado le notificó que todas las observaciones a sus seis años de administración fueron atendidas y solventadas, y que el uso de los recursos públicos que hizo como alcalde de la capital chiapaneca fue plenamente comprobado.
Dice: “Esta resolución fortalece nuestra trayectoria y también nuestra decisión de participar en el próximo proceso para la coordinación municipal de Morena cuando se publique la convocatoria. Con la experiencia, resultados y el respaldo de la gente, estamos listos para construir una nueva etapa para Tuxtla”.
¡Que se lo crea su abuela!
PURO ESPEJISMO
Nadie debe ser llamado a engaño.
La honestidad no se decreta con un dictamen a modo, se demuestra con las manos limpias y Carlos Morales no las tiene.
No digo que la gestión de José Antonio Aguilar Meza, titular de la ASE, esté sumergida en la podredumbre; sin embargo, si dicho informe podría ser un aval a modo es por las evidentes complicidades de las que gozó Carlos Morales con el anterior auditor superior, Uriel Estrada Martínez, quien hoy está refugiado detrás del fuero que le concede la diputación local.
Estrada Martínez no dejó antes de tiempo el cargo de auditor por el legítimo interés de representar a los ciudadanos en el Congreso del Estado, sino por protección, para no rendirle cuentas a la justicia por las múltiples denuncias en su contra por tráfico de influencias, corrupción y extorsión a los presidentes municipales.
En este espacio documentamos que abusando de su autoridad les exigía a los alcaldes fuertes sumas de dinero en efectivo y contratos de obra a cambio de no fincarles observaciones en la cuenta pública.
Se dice que bajo esta práctica amasó una enorme fortuna. Pasó de vivir en una casa de interés social a una residencia de lujo por el rumbo del Club Campestre, en Tuxtla Gutiérrez, valuada en siete millones de pesos. Además, se hizo de otras propiedades de lujo y empresas del ramo de la construcción y del giro de bares y cantinas, que operan con prestanombres.
En el caso de Carlos Morales, basta con recordar la compra que realizó en abril de 2020 sin licitación, es decir, por adjudicación directa de 3 mil 834 contenedores para basura a la empresa Veolia, adquisición que además de violar la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de Chiapas, se hizo con sobreprecio.
La Auditoría Superior del Estado “tomó cartas en el asunto” (entiéndase el uso de las comillas) debido a las denuncias de la entonces regidora Adriana Guillén Hernández, quien asimismo señaló que del total de los contenedores 2 mil 600 habían sido supuestamente donados por Veolia en 2019, pero después fueron comprados por el Ayuntamiento sin una licitación de por medio.
Nada más por esta compra quedaron alrededor de 15 millones de pesos bailando. Y Uriel Estrada, auditor superior en ese momento, protegió a Carlos Morales, ya que hasta su salida en 2024 no entregó el informe de auditoría por esta operación a todas luces fraudulenta.
Por tanto, no es difícil creer que las cuentas del informe que hoy presume Morales Vázquez hayan sido cuadradas, ajustadas y maquilladas desde hace tiempo. Una auditoría a modo.
¿CUÁL HONESTIDAD?
Ahora bien, la ausencia de observaciones por parte de la Auditoría Superior no borra en ningún modo las decenas de denuncias ciudadanas y legales que contradicen el discurso triunfalista de Morales Vázquez. Y doy varios ejemplos.
En abril de este año, la Auditoría Superior de la Federación dio a conocer un quebranto económico por más de 2.7 millones de pesos en los ejercicios 2023 y 2024. La auditoría 624 (clave de observación 2024-D-07101-19-0624-06-001) señala que dicho monto corresponde a recursos federales del programa E040 de Servicios de Asistencia Social Integral para la Atención de Niñas, Niños y Adolescentes del Sistema DIF municipal, vinculado al rubro de sueldos y salarios.
Ese dinero simplemente desapareció.
En marzo de 2024, una denuncia pública formalizada por varios regidores municipales, acusó a Carlos Morales del desvío de 325 mil 872 pesos de recursos públicos que fueron utilizados para financiar cuatro reuniones en el Hotel Marriot con fines políticos electorales.
El propósito de mencionadas reuniones fue para promocionar a Aquiles Espinosa García, entonces secretario de Movilidad y Transporte del Gobierno del Estado, a quien Morales quiso imponer como sucesor en la presidencia municipal.
En septiembre de 2024, al finalizar el segundo periodo consecutivo de Carlos, se reveló que entre 2018 y 2024 el Ayuntamiento tuxtleco generó un adeudo con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) por más de 875 millones de pesos.
En los informes se constató que únicamente se cubrieron montos mínimos, algo así como dos millones de pesos, y sólo para evitar embargos por parte de la dependencia, heredando con ello una deuda multimillonaria a la actual gestión.
Al respecto, Carlos Morales ha dicho, para curarse en salud, que él utilizó esos recursos administrados por el SMAPA para realizar rehabilitaciones, construcciones y mejoras en el sistema de agua potable y alcantarillado, además de reparaciones.
Bueno, seamos honestos y preguntemos dónde están esas obras. Porque entregó una ciudad inundada de aguas fecales, con drenajes colapsados, alcantarillado sin tapas, drenes pluviales sin rejas y, para mayor inri, con fugas en docenas de colonias de la ciudad y una grave crisis de desabasto de agua.
La ruptura del tramo del brazo norte, una de las tuberías de distribución principal, que dejó a la ciudad por varios días sin el servicio, es enteramente su responsabilidad, pues no hizo el debido mantenimiento a tiempo.
¿Dónde están esos casi 900 millones de pesos?
Dos datos más.
Primero. Varias fuentes señalan que durante sus seis años de gestión decenas de licitaciones de obra pública, como obras de pavimentación, bacheo y mejora urbana, fueron presuntamente asignadas de manera directa o mediante invitaciones restringidas a empresas constructoras controladas o ligadas a su hermano Jorge Morales Vázquez.
Segundo, Carlos Morales reportó en su tercer informe de gobierno haber invertido 890 millones de pesos en la pavimentación de 370 calles y la rehabilitación de 3 mil 250 mediante bacheo.
Empero, el alcalde actual, Ángel Torres Culebro, ordenó auditar señalada inversión y descubrió que estas obras no se hicieron y que el presupuesto ejercido se había inflado de tal manera que equivalía a haber pavimentado toda la ciudad varias veces.
FARSA
Resulta indignante que, con un historial machado de corrupción y el repudio ciudadano ante el abandono de la capital chiapaneca, Carlos Morales utilice este documento oficial de supuestas cuentas comprobadas para intentar limpiar su imagen y perfilarse hacia la candidatura de Morena para un tercer periodo en la presidencia municipal.
Entendamos. Que la autoridad fiscalizadora le haya cerrado el expediente no significa que sea inocente. La verdadera auditoría es la de las calles, las deudas que heredó y el daño que no se olvida.
yomariocaballero@gmail.com




