Mario Caballero
La reflexión de José Luis
Acudí al festejo que preparó este domingo el Instituto de Comunicación Social y Relaciones Públicas del Gobierno del Estado para el gremio periodístico chiapaneco, con motivo del Día de la Libertad de Expresión. Tuve la oportunidad de saludar a varios amigos que no veía desde hace mucho tiempo y conversé con algunos colegas que se caracterizan por ser de muy buenas ideas. Lo cual agradezco. Una plática inteligente siempre es un gran aliciente para un periodista de mente inquieta.
Durante el festejo ocurrió algo que vale mucho la pena dejar registrado: el discurso del titular del Instituto, José Luis Sánchez García, quien lanzó una breve disertación sobre el impacto de las redes sociales y el periodismo en la actualidad.
RECONOCIMIENTO
Sin duda, José Luis es una persona autorizada para hablar del tema. No sólo es un profesional en Ciencias de la Comunicación, licenciatura que cursó en la Universidad Insurgentes, sino también ha sido reportero, conductor de noticiero, productor audiovisual, asesor de comunicación en el Senado de la República e incluso regidor del municipio de Palenque. Y en la administración del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, es la segunda ocasión que asume la titularidad del Instituto de Comunicación Social.
Es claro que conoce los intríngulis de la política y la comunicación.
Por lo mismo, inició su discurso reconociendo la labor de los periodistas, destacando que a lo largo de la historia el ejercicio periodístico ha sido fundamental en la construcción de una mejor sociedad. Y agregaría que también de la democracia y las libertades.
Gracias al periodismo, el responsable y ético, los pueblos tienen voz y pueden hacer públicas sus ideas, planteamientos, necesidades y problemáticas sociales. Y en los periodistas comprometidos y profesionales tienen ojos y oídos para enterarse de lo que ocurre en su entorno.
No por nada, don Manuel Buendía sugería con ironía que después de la prostitución, el periodismo es una de las actividades más antiguas de la humanidad, ya que siempre ha existido la necesidad humana de contar historias, investigar y difundir información. Incluso, afirmaba que podría ser el segundo más antiguo, pues alguien tenía que ir con el chisme de la mujer que vendió su cuerpo.
EL DEDO EN LA LLAGA
Después de pronunciar su reconocimiento a los periodistas que con compromiso y responsabilidad social informan al pueblo de Chiapas, Sánchez García puso el dedo en la llaga con una sola frase: “conozco periodistas que se vuelven influencers, pero no influencers que se conviertan en periodistas”.
Es cierto, ser periodista no es una profesión cualquiera, y no lo digo por pertenecer a este gremio, sino porque la actividad misma conlleva una enorme responsabilidad ética, donde el periodista actúa como un puente esencial para que la sociedad conozca la verdad, obligándolo a ejercer con rigor implacable para no caer en la manipulación o la simple anécdota.
En la era de las redes sociales, cualquiera con teléfono en mano y acceso a internet puede autoproclamarse periodista. Lo cual se conoce como reportero ciudadano.
Sin embargo, como bien lo explicó el director de Icoso, esto ha llevado al periodismo a ser cuestionado en su objetividad, donde el mayor interés no es informar, analizar los hechos, denunciar con pruebas o investigar temas que los poderosos preferirían que quedaran ocultos, sino el “like” y el comentario ligero.
Las redes sociales, en comparación con los medios tradicionales, tienen la enorme ventaja de mostrarnos los hechos en el instante mismo en que ocurren, pero esa inmediatez no debe confundirse con la verdadera labor reporteril, que en cambio sí cuenta con un rigor, una ética, una proyección y un pulso periodístico que sabe diferenciar entre lo que es y no es de interés público.
Desde luego, no podemos ignorar el avance de la tecnología, ya que eso atentaría contra nuestro propio beneficio. Hoy en día, existen nuevos recursos y mejores herramientas para fortalecer y agilizar la actividad de informar.
No obstante, parece ser que se ha abusado de esa tecnología, a tal grado de utilizar la libertad de expresión como patente de manipulación mediática, política e informativa.
La objetividad no existe en las redes o, quizá, en un porcentaje muy ínfimo en el inmenso flujo de información.
Antes de la aparición de estas plataformas digitales, no se hablaba de fake news (noticias falsas): hoy es la constante.
Hemos llegado a un tiempo en que ya no es fácil distinguir entre lo real y lo ficticio. Y con la llegada de la inteligencia artificial, la situación se ha vuelto incluso peligrosa. Pues la información no sólo se tergiversa, tuerce, adultera o se inventa, sino también se propaga a una velocidad impresionante (viraliza), con el fin de desinformar.
No hay datos concretos y verificables, sino rumores y especulaciones con la capacidad de movilizar a las masas.
Así como se difunden falsas muertes de artistas, con todo e imágenes o videos alterados (deepfakes), o encuestas sin rigor metodológico, noticias para alterar la opinión pública durante los procesos electorales o campañas de desprestigio contra alguna figura pública, también se crean falsas emergencias para generar pánico.
Hace algunos años, por ejemplo, salió en las redes la noticia de que banda de robachicos operaba en Tuxtla Gutiérrez, que según se llevaba a los niños en una camioneta blanca, grande, con paneles. La sociedad capitalina, ante ello, comenzó a tener recelo de cualquier furgoneta con esas características. Y no era para menos.
LA NECESIDAD
Por desgracia, este tipo de contenido es del gusto de una inmensa mayoría de personas, que acuden no con el interés de estar informados, sino más por el morbo y la curiosidad malévola.
Sucede como en los accidentes automovilísticos, donde casi nadie se detiene a ver si puede ayudar en algo, sino para tomar fotos y videos de los heridos o los fallecidos, y mientras más sangre allá en la escena, mejor.
Por tanto, hizo bien José Luis Sánchez al hablar del tema frente a un nutrido grupo de comunicadores y periodistas, y en recalcar el fin primigenio de mantener el valor y la credibilidad del ejercicio periodístico.
Hizo mejor todavía al ver la necesidad de fortalecer la preparación profesional y mantener el apego a la ética y la veracidad.
Es deseable que desde su actual posición y postura frente a este fenómeno, impulse una iniciativa que contemple al gobierno, los medios de comunicación, los colegios profesionales, universidades, organizaciones defensoras de periodistas, así como a la sociedad en general, para el desarrollo de cursos, capacitaciones y diplomados en redacción, ética, oralidad y manejo de las herramientas tecnológicas de la comunicación.
El fortalecimiento del periodismo chiapaneco es una tarea en conjunto. Si queremos en verdad garantizar una información veraz, rápida y atractiva, es necesario que los profesionales logren adaptarse a las exigencias de las audiencias actuales, combatir la desinformación y ejercer un oficio más riguroso.
Hago votos por ello.
yomariocaballero@gmail.com




