Letras Desnudas

Mario Caballero

Sesión en el club de los pervertidos

Érase una vez en una residencia de lujo, pero no como las de telenovela de bajo presupuesto, sino lujosa en verdad, se llevó a cabo la sesión de un grupo de viejos amigos que se hacen llamar “El club de los pervertidos”.

Todos los integrantes han llevado cada vicio y cada acto de depravación al extremo. Hasta se dice que han contribuido a la creación de nuevas enfermedades venéreas.

El salón de sesiones es un espacio que a cualquier persona decente le provocaría asco y horror. Las paredes están adornadas con cuadros que exhiben la parafernalia sexual y en la enorme mesa de reuniones lucen varias figuras antropomórficas que evocan la anatomía masculina.

En la pared principal está colgada la fotografía en tamaño póster del fundador de la agrupación: un viejo y finado exgobernador. La cámara lo registró en su mera esencia. No captó la figura del hombre que irradiaba poder y soberbia en público, sino a la señora que quiso ser.

En la imagen viste un hermoso vestido de seda azul con estampado de rosas blancas y rojas, que luce bien bajo su calva reluciente y su bigotito recortado. Una de sus manos reposa en la cadera con la delicadeza de una flor que se posa en la tierra, mientras sus hombros, sutilmente caídos, desdibujan cualquier rastro varonil.

Todos los ahí presentes lo veneran. Actúan con su misma mentalidad, ambición, despotismo y gusto por los deseos carnales intensos. Algunos de ellos le deben su carrera política. Como el líder actual del club, quien lo conoció siendo muy joven, cuando usaba bigotes y la piel del rostro no le escurría como vela derretida.

Esa tarde, el líder hizo sonar la campanilla y se puso de pie para dar inicio a la sesión.

– Como ya nada más falta mi hermanito Coquis, vamos a dar inicio a la reunión para afinar los detalles de nuestro proyecto –dijo.

– “Hermanita”, dirás –lo reconvino Gabriel Párate Derecho, uno de los miembros más jóvenes y recientes del grupo.

 – ¡Ay, hola, alacrán! Que tú no eres muy hombrecito que digamos. Podrás verte muy machito y dar miedo cuando te pones furioso, pero picas con la cola –le respondió el líder, que es una de esas personas cuya inmoralidad es para romper el Récord Guinness, y eso que lo moral es plural en su apellido.

El tema de la sesión era delinear la estrategia para volver a apoderarse de la presidencia municipal.

– Bueno, Gabriel, ya que tomaste la palabra, dime cómo va lo del nombre de la asociación civil. ¿Ya es posible registrarlo? ¿Ya es nuestro? –preguntó el líder.

– En eso estamos, jefe.

– Cuántas veces te he dicho que no me llames jefe, ni que fuéramos una pandilla de asaltantes, de políticos corruptos y periodistas maiceados –todos cruzaron miradas entre ellos, contemplando sus relojes de oro, sus zapatos Ferragamo y, tras unos segundos, se echaron a reír.

– Usted disculpe, je…, digo, señor, no volverá a pasar. Pero le decía que lo de la asociación está complicado, ya sabe que el nombre “Reconquistemos Conejolandia” ya está registrado desde hace varios años, y…

– Soluciones, soluciones… no excusas, Gabriel –lo interrumpió el líder—. Porque para empinarte un buen trago no pones pretextos, consigues el mejor y no te importa el precio. Soluciónalo, así como yo solucioné tu problema de ir a la cárcel por andar atropellando viejitas que no te quisieron entregar su negocito “a la buena”. ¿Y por qué? Por “chuparrecio”. Hay que registrar la asociación a como dé lugar. Si tienes que sobornar, soborna; si tienes que torcer la ley, tuércela; haz lo que sea necesario, así tengas que vender tu alma al diablo.

– Sí sí sí. Claro, señor.

– Y hablando de diablo, ¿cómo es posible que en una de tus publicaciones a favor del proyecto, de las seiscientas reacciones, quinientas noventa fueran “Me enoja”? –le preguntó a Boris Sánchez, una de las personas de su mayor confianza, que en seis años pasó de ser un “retratero” miserable a excéntrico millonario, dueño de portales de noticias y hasta de una millonaria colección de motocicletas.

– No sé qué pasó, señor –respondió Boris.

– ¡Qué no sabes! Por favor, Boris. Estás cometiendo los mismos errores que en la campaña pasada. Por tú culpa no logramos la candidatura de mi compadre Chilaquiles –reprendió el líder.

– No fue toda mi culpa –objetó Boris—. Chilaquiles tenía más negativos que positivos. Todo mundo sabía lo de la red de venta de concesiones que encabezó en la Secretaría del Transporte, los cobros por derecho de piso a taxistas piratas, los desvíos de recursos públicos, etcétera.

– O sea, ¿quieres decir que obtuvimos puras reacciones de “Me enoja” porque yo también tengo puros negativos? –reprimió el líder, dando un manotazo a la lustrosa mesa de ébano.

– No estoy dando a entender eso. Sólo que…

            – ¡¿Sólo qué, sólo qué?! ¡Carajo! –dijo el líder. La ira bombeaba en sus sienes. Apretó la mandíbula y las manos hasta que los nudillos se pusieron blancos, conteniendo un torbellino de reproches—. Si no puedes, entonces que te ayude el “mataviejas”.

            – Entiendo su coraje, patrón, pero considero innecesario traer a mención ese capítulo infausto de mi vida. Además, mi intención nunca fue asesinar a mi esposa, sólo darle un susto para que supiera quién es el que manda –dijo Yafet Guanabacoa, dueño de uno de los periódicos más importantes del mundo, el mundo de los degenerados.

            – Pos no le diste un susto, sino un balazo bien dado en la pierna –corrigió el líder—. Pero, en fin, de acuerdo con tu experiencia ¿qué podemos hacer para posicionarnos?

            – Mentir hasta que se nos caigan las bolas.

            – Qué güevos los tuyos, cabrón. ¿Y te haces llamar periodista?

            – Perdone, patrón, pero ¿cómo le hacemos para ocultar los negocios que hizo con la empresa de la basura, cómo con los cientos de millones de pesos que según utilizó en obras de pavimentación pero ni siquiera remendó una méndiga calle, cómo con los desvíos de recursos que sirvieron para financiar la campaña de Chilaquiles, la de usted y la de Noé Enredo, cómo con el saqueo de Esmapa, cómo con…

            – Ya párale, ya párale, wey. Bueno, aclárame una cosa, Yafet, ¿estás aquí para ayudarme o para recordarme lo gandalla?

            – Para ayudarlo, por supuesto.

            – Pues no me estás ayudando. Y deberías aplicarte, porque de todos aquí tú eres el más jodido. Un pajarito me dijo que ya debes tres meses de sueldo de tus trabajadores.

            – Cinco, patrón.

            – Támadre –dijo el líder. En eso, se abrió la puerta del salón—. Vaya, vaya, miren quién se dignó a aparecerse. ¿Dónde estabas, Coqui? O mejor dicho, ¿en la cama de quién? Por lo desarreglado y relajadito, hemos de suponer que te dieron mastuerzo.

– Otra vez –dijo Gabriel.

– Tú cállate, perra –espetó Coquis.

– Entonces, vos, ¿qué te demoró o simplemente te olvidaste de la reunión? –preguntó el líder.

– Qué ya “vos”, ni que fueras tuxtleco –corrigió Coquis—. No importa dónde estuve, sino que tengo una buena noticia.

– Si no tiene que ver con el proyecto de recuperar el control de la presidencia municipal, no me interesa –dijo el líder.

– No, pero te va a gustar. Mejor dicho, les va a gustar. Como en los mejores tiempos de nuestro amado fundador, que Dios lo tenga en su gloria y abusoria: hoy, en mi residencia, a las diez, ¡fiesta de gogós, bitches! Hermano, Gabrielito, prepárense para tocar el cielo, pujar recio y aguantar vara… literal.

El club de los pervertidos no son gente de fiar, pero buscan volver al poder y sólo para satisfacer sus apetencias de riqueza y sus bajos instintos.

yomariocaballero@gmail.com

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