Letras Desnudas

Mario Caballero

El insulto del tirano

Uno de los grandes pecados en la política es creer que siempre vas a estar del lado de los ganadores. Por eso, no pocos políticos asumen que una posición de poder, influencia o éxito electoral es permanente o garantizada, e ignoran la naturaleza cambiante del poder, la volatilidad del electorado y la inevitabilidad de los ciclos políticos.

Ahí están los casos de varios gobernadores y funcionarios que tras creer que su poder y redes de protección eran eternas, protagonizaron caídas estrepitosas.

Como el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien se sintió intocable porque cierto día el entonces presidente Enrique Peña Nieto lo presentó públicamente como uno de los nuevos valores del priismo.

Al final, su soberbia política quedó aplastada cuando fue detenido en Guatemala en 2017, por el mismo partido que lo postuló y bajo el gobierno del mismo presidente que lo ensalzó, acusado de desviar fondos a gran escala.

Elba Esther Gordillo, la otrora poderosa maestra, es otro gran ejemplo. Como líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación manejó el gremio con mano de hierro durante muchos años, llegando incluso a sentarse a negociar con presidentes como Salinas, Zedillo, Fox y Calderón.

Su dirigencia fue más bien un reinado, pero un reinado bajo la sombra de la corrupción, el abuso de poder y el enriquecimiento desmedido. Viajaba en autos de lujo, comía en los mejores restaurantes de la Ciudad de México, vestía ropa de marca exclusiva y tenía una fascinación por los bolsos costosos. En 2012, verbigracia, fue captada con un bolso Louis Vuitton           modelo Olympe valorado en alrededor de 45 mil pesos, unos 3 mil 500 dólares de la época.

No sólo controlaba el sindicato magisterial, sino también influía en el PRI, era dueña del Partido Nueva Alianza y tenía el poder incluso para imponer a sus familiares como legisladores, secretarios de Estado y en cargos de alto mando.

En 2013, su reinado se derrumbó. La administración de Peña Nieto la puso en la cárcel por malversación de fondos, marcando el fin de una era en la que se creía intocable.

En esa misma lista están políticos como el Roberto Borge, otro gobernador de la “nueva generación” del PRI, que terminó preso y bajo proceso judicial por corrupción en su gobierno en el estado de Quintana Roo.

También Emilio Lozoya, quien terminó tras las rejas por su participación en escándalos de sobornos a la empresa Odebrecht y la compra de Agronitrogenados, con lo cual quedó evidenciado que sus altos contactos políticos no fueron suficientes para salvarlo de la justicia.

O René Bejarano Martínez, famoso por los “videoescándalos” de 2004, donde fue evidenciado recibiendo fajos de dólares de Carlos Ahumada, situación que acabó con su meteórica carrera política en la Ciudad de México.

EL TIRANO DE CHIAPAS

Lo acepte o no, Pablo Salazar Mendiguchía carga con el mismo pecado: creer que después de estar tantos años alejado de la política puede volver al poder con bombo y platillo, como una figura detrás del trono. Pues en los corrillos políticos se habla de que busca ser colaborador cercano del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar y un operador político de lujo de la presidente Claudia Sheinbaum.

La pregunta es: ¿y su nieve de qué la quiere?

Más allá de lo que se diga sobre si hizo esto o aquello, de que impuso la legalidad, de que dejó obras de infraestructura importantes, etcétera; no puede negarse que Pablo fue un tirano.

Hoy muchos podrán entrar en su defensa y él mismo definirse como un político de altos vuelos, pero la historia tiene registro y los chiapanecos memoria de su cruento gobierno.

Doy varios datos:

Al final de su sexenio, su gobierno era considerado por diversas organizaciones civiles como uno de los más represores y sanguinarios de la historia contemporánea de Chiapas, ya que se le hacía responsable de un centenar de muertos, decenas de encarcelamientos injustificados, destierros y desapariciones forzadas de líderes políticos y sociales.

En febrero de 2001, a pocos meses de haber iniciado su administración, utilizó la fuerza pública para reprimir a un grupo de pobladores de Ixtapa que pretendía instaurar un gobierno autónomo. En lugar de buscar el diálogo para encontrar vías de solución a las demandas y problemas de los ciudadanos, Pablo optó por la represión y el uso de la fuerza.

En junio del mismo año, en la comunidad San José, en Marqués de Comillas, su gobierno envió a un grupo de policías que terminaron señalados de cometer robos, golpizas a mujeres y hombres y encarcelaron a más de cincuenta personas. Al respecto, en todo el sexenio de Salazar se contabilizaron alrededor de 20 operativos policiacos sólo en Ixtapa y San José.

El 28 de enero de 2003, en el paraje Tres Cruces, en San Juan Chamula, murieron cinco personas en la ejecución de una orden de aprehensión llevada a cabo por elementos de la Policía Sectorial, la Policía Municipal y la extinta Agencia Estatal de Investigaciones, esta última con métodos similares a la Gestapo de Hitler.

El 13 de noviembre de 2006, diez indígenas de la comunidad Viejo Velasco, en Ocosingo, perdieron la vida en un enfrentamiento entre comunitarios y autoridades estatales. Los pobladores nada más exigían respeto a sus Usos y Costumbres.

El jueves diez de octubre de 2002, tres hombres armados supuestamente enviados por Pablo golpearon al abogado Pedro Raúl López Hernández, entonces presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, quien después de sostener una larga disputa con Salazar se vio obligado a huir del estado por temor a las amenazas de muerte. Cuentan que una noche recibió una llamada en su oficina del excoordinador de asesores del gobernador, César Chávez Castillo, que le dijo: “Tú escoge, cabrón: destierro, encierro o entierro”.

En 2005, el gobierno de Salazar desplegó los peores actos de represión contra el magisterio de los que se tenga memoria. A muchos maestros los encarceló, a otros los privó de sus salarios y a no pocos los exilió del estado bajo amenazas.

El tres de octubre de 2005, horas antes de que el huracán Stan tocara tierras chiapanecas, Pablo Salazar fue notificado para que ordenara la evacuación inmediata de los municipios que terminaron severamente afectados, con pérdidas materiales incuantificables. Sin embargo, hizo caso omiso y dejó a miles de familias en la indefensión, familias que perdieron a seres queridos y sus posesiones.

La Federación envió once mil millones de pesos para reparar los daños de la catástrofe, pero el dinero simplemente desapareció. Se dice que parte de esos recursos fueron utilizados para pagar las campañas políticas de 2006, entre ellas la de Juan Sabines Guerrero, al que Pablo logró imponer en el Gobierno del Estado e incluso rellenando urnas con votos a favor de Sabines.

La prensa también vivió sus peores años en esa deleznable administración, pero quizá uno de los episodios más dolorosos fue la muerte de más de treinta recién nacidos en el Hospital K de Comitán, al que Salazar abandonó por caprichos políticos. No le dio presupuesto para medicamentos, insumos, equipo médico y materiales, y sólo porque dicho centro médico se encontraba en la tierra de su enemigo Roberto Albores Guillén.

Por esto, y muchas otras cosas que se quedaron en el tintero, su pretensión de volver a la política es un insulto.

yomariocaballero@gmail.com

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