Letras Desnudas

Mario Caballero

La Ceguera

Tengo amigos muy inteligentes, algunos son colegas, pero defienden el movimiento de la cuarta transformación con un fervor casi religioso.

Muchos de mis familiares que simpatizan con la 4T, y que incluso presumen haber votado por Morena en las últimas elecciones, son incapaces de admitir los errores del gobierno. Ven las cosas en blanco y negro, sin tonos grises. No se permiten ellos mismos ver la realidad, aunque la estén sintiendo en sus bolsillos cada vez más vacíos y en la deficiencia suprema de los servicios públicos.

Y cuidado con osar blasfemar contra López Obrador en sus casas. Te aplican la “técnica de la narcolepsia fulminante” y de patitas en la calle. Mi tía Nereida me lo aplicó una vez a un nivel olímpico: justo cuando le dije que AMLO estaba desmantelando el país, se le activó el chip de la posesión tabasqueña. Me arrebató el vaso de agua de jamaica de la mano a mitad de un trago, me agarró del hombro y me escoltó hacia la salida mientras fingía un bostezo digno de un Óscar, alegando que “le había entrado un bajón de energía insoportable”. Eran las once de la mañana. El gallo apenas iba a la mitad de su turno y yo ya estaba expulsado del paraíso de la cuarta transformación.

Hace unos días, una persona cuyo nombre omitiré pero se trata de un ciudadano común y corriente, llenó de insultos en mi contra la caja de comentarios de una publicación que hice en Facebook en torno a las faraónicas e inútiles obras del sexenio de Andrés Manuel, donde argumenté asimismo que la presidenta Sheinbaum haría bien al desmarcarse de su antecesor, porque más allá de gobernar el país está administrando los problemas que éste le heredó. Insisto en ello.

Me nombró “Mario Chayotero”, “Prianista”, “Defensor de Salinas Pliego”, “Adorador del neoliberalismo”, “Vendepatria”, “Periolisto”, “Farsante”, “Periodista a sueldo”, “Desinformador público”, “Difamador profesional”, y remató su descarga de bilis con una frase que me dejó frío: “Estoy seguro de que eres de los que mandan a sus hijos a estudiar al extranjero, te atiendes en clínicas privadas, vives en una mansión pagada por el pueblo y tienes un ejército de sirvientes para que hasta te limpien el culo. Pendejo”.

El comentario me dio risa. A estas alturas, y conociendo cómo están las cosas desde que AMLO asumió el control del gobierno —¿o el país? —, enojarse es perder tiempo mental.

ADOCTRINAMIENTO IDEOLÓGICO

Lo que es imposible ignorar es el nivel de adoctrinamiento ideológico que hay en la sociedad.

“No hay tiranía más cruel que la que se ejerce a la sombra de las leyes y con los colores de la justicia; cuando se adoctrina a un pueblo, se le desarma sin que se dé cuenta” —decía Montesquieu.

El adoctrinamiento político o ideológico es la mejor herramienta de las dictaduras, y es muy fácil de aplicar: se les enseña a las personas a odiar a quienes nunca han conocido y a amar a aquellos que fingen tener un interés en ellos.

López Obrador fue un maestro al aplicarla. Puso en contra a la gente del anterior gobierno diciendo que los verdaderos enemigos de los mexicanos eran el PRI y el PAN, los neoliberales corruptos que se llevaban el dinero del pueblo a paraísos fiscales, la mafia del poder que veía más por las élites que por los pobres de México.

Su mayor argumento para señalar las complicidades corruptas de los dos partidos tradicionales, mismos que —según él— debían ser borrados del mapa político mexicano, fue el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

Sin embargo, nunca mencionó que entre los principales políticos y funcionarios que aprobaron dicho fondo estaban Ignacio Mier, hoy senador de Morena; Miguel Ángel Navarro Quintero, gobernador de Nayarit por Morena; Javier Corral Jurado, también senador morenista; Patricia Armendáriz Guerra y Óscar Cantón Zetina, ambos diputados federales de este mismo partido.

Entendamos que adoctrinar significa también manipular la historia. O como lo decía George Orwell: “La forma más eficaz de destruir a la gente es negar y borrar su propia comprensión de la historia”.

Por eso nos dicen que el PRI es malo, que los más de setenta años de gobierno priista fueron lo peor que pudo pasarle al país; que el PAN no fue más que comparsa de los poderosos y cómplice de la corrupción y el narco.

Quien es ignorante de la historia, sin duda termina siendo presa fácil de la manipulación.

Sin olvidar el gobierno hegemónico del PRI, los asesinatos de figuras incómodas, el magnicidio de Colosio, la estúpida guerra contra el narco de Calderón y los seis años del peñismo que fueron un festín de rapiña y abusos de poder; no podemos obviar que el viejo partido construyó el Estado mexicano desde los cimientos, reestableció la paz tras la guerra civil, impulsó el desarrollo social, le abrió las puertas a la democracia, propició la transparencia y le dio equilibrio al poder.

No lo digo con un gesto romántico y menos deseando la vuelta de aquellos años, pero sí para poner a la vista que lo logrado a través de décadas de lucha, sangre y sacrificios se perdieron en los primeros seis años de la cuarta transformación, movimiento que insiste en culpar al pasado cuando ha sido él el que acabó con el Pacto Federal, pues ahora es dueño de los tres poderes del Estado; controla la democracia, ya que el INE está dirigido por gente íntimamente ligada al morenismo, y destruyó los órganos autónomos para no ser vigilado por nadie. Inclusive, tuvo el descaro de declarar las megaobras (como el Tren Maya, Dos Bocas y el AIFA) como asuntos de “seguridad nacional e interés público” para no rendir cuentas de los recursos invertidos en ellos.

Acusaban al PRI y al PAN de corruptos, pero son los líderes de la supuesta cuarta transformación los que la esconden con decretos.

Peor todavía, hablan de mafias del poder, narcos y García Luna; cuando AMLO, sus hijos, los amigos de sus hijos y muchos altos funcionarios y jefes de las Fuerzas Armadas han sido señalados por sus presuntos nexos con los cárteles de la droga.

¿A poco ya se olvidó usted que López Obrador viajó hasta Badiraguato nada más para saludar a la madre de Joaquín Guzmán Loera? ¿O creyó que la saludó por mera cortesía, por tratarse de una persona de la tercera edad?

CIEGOS

Respeto a los que se declaran simpatizantes de Morena y de la 4T, pero una cosa es eso y otra muy diferente creer a ciegas, sujetarse a la voz del caudillo, negarse el derecho a cuestionar, dejarse manipular por “el régimen de los otros datos”.

México no es un país de buenos y malos, pero por desgracia se ha convertido en una sociedad profundamente polarizada e ideologizada, cuya ceguera política no se curará mientras no dejemos de atender el sermón de cada mañana, aplaudir el insulto contra el que piensa diferente y no revisemos la realidad con nuestros propios ojos.

En el México de hoy, cerrar los ojos ante el desastre es una elección personal.

yomariocaballero@gmail.com

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