J. EDUARDO PINEDA ARENAS
No todas las decisiones tienen el mismo peso. Algunas resuelven un problema; otras cambian el rumbo de toda una región.
*Gobernar no consiste en tomar muchas decisiones. Consiste en tomar primero la decisión correcta. *
Todos los días, un presidente municipal, un gobernador, un empresario o un director general toman decisiones.
Algunas son necesarias para que la operación cotidiana continúe.
Otras resuelven problemas inmediatos.
Pero existe un grupo muy reducido de decisiones que tienen un efecto mucho mayor.
Son aquellas que modifican la trayectoria de un territorio.
La historia demuestra que los grandes cambios casi nunca comenzaron con cientos de decisiones pequeñas.
Comenzaron con una decisión estratégica tomada en el momento oportuno.
*Construir un puerto.
*Abrir una ruta ferroviaria.
*Invertir en educación técnica.
*Crear un parque industrial.
*Garantizar energía suficiente para atraer nuevas empresas.
*Transformar un sistema de agua que llevaba décadas rezagado.
Cada una de esas decisiones produce consecuencias para muchos años.
Por eso no todas las decisiones tienen el mismo valor.
Algunas administran el presente.
Otras construyen el futuro.
*El verdadero liderazgo consiste en distinguir las decisiones que cambian la estructura de aquellas que solo atienden la coyuntura. *
En ocasiones, la presión política obliga a resolver lo urgente.
Y eso es comprensible.
Pero cuando todo el tiempo se gobierna desde la urgencia, el territorio deja de construir su futuro.
*Cada apagón exige atención.
*Cada inundación requiere respuesta.
*Cada problema cotidiano demanda recursos.
Sin embargo, el verdadero liderazgo se pregunta algo distinto.
¿Qué decisión evitaría que este mismo problema siga repitiéndose durante los próximos veinte años?
Ahí comienza la diferencia entre administrar y transformar.
Una administración eficiente resuelve problemas.
Un liderazgo estratégico reduce la probabilidad de que esos problemas vuelvan a aparecer.
Eso exige una visión distinta.
Exige dejar de preguntarse únicamente cuánto cuesta una obra.
Y comenzar a preguntar cuánto cambia la estructura del territorio.
Porque una decisión puede ser costosa y generar muy poco impacto.
Mientras otra, quizá menos visible, puede modificar la productividad, la competitividad y la calidad de vida de varias generaciones.
Los territorios más exitosos no son aquellos que toman más decisiones.
Son aquellos que aprenden a identificar cuáles decisiones producen el mayor efecto multiplicador.
Quizá esa sea la pregunta que debería acompañar toda decisión pública o privada:
¿Esta decisión solo resuelve el problema de hoy… o cambia el destino del territorio?
Porque el futuro rara vez depende de hacer muchas cosas.
Con frecuencia depende de elegir correctamente aquello que verdaderamente vale la pena hacer primero.
*El liderazgo no se mide por el número de decisiones que toma, sino por la capacidad para distinguir cuáles de ellas cambian la historia de un territorio.
El verdadero liderazgo consiste en reconocerlas antes que los demás.




