La Sierra Madre de Chiapas se recupera

• Hace más de 40 años, esta región vivió una etapa crítica de deforestación, erosión y vulnerabilidad extrema.
Jorge Pérez Pólito
La agricultura de conservación y la producción orgánica están transformando la Sierra Madre de Chiapas. A 28 años de trabajo, la restauración ecológica es una realidad que seguimos construyendo, afirmó el Centro de Agroecología San Francisco de Asís (CASFA), que destacó que la Sociedad Cooperativa PROCAFEM, junto con otras cooperativas de producción orgánica, ha demostrado que es posible producir sin destruir.
Durante la presentación del Informe Anual de PROCAFEM, una de las 20 organizaciones orgánicas certificadas de la Costa y Sierra de Chiapas, de las que el Grupo CASFA adquiere más de 15 contenedores de café por año, quedó claro algo que merece ser dicho en voz alta: la Sierra Madre está cambiando, sanando, y lo está haciendo gracias a su gente.
“Hace más de 40 años, esta región vivió una etapa crítica de deforestación, erosión y vulnerabilidad extrema, que derivó en tragedias como la Depresión Tropical Javier (llamada por el presidente Fox el peor desastre del sexenio); cerros enteros se desgajaron llevándose tierras y vidas humanas. Después sería el Huracán Stan y la Depresión Bárbara”, recordó el administrador general de CASFA, Jorge Aguilar Reyna.
Dijo que fueron tiempos duros, marcados por el abandono institucional y la falta de alternativas productivas sostenibles. Aún es posible ver los efectos que causaron en escuelas, edificios públicos, instalaciones y mucha infraestructura urbana. Pero hoy, el panorama es distinto.
Subrayó el esfuerzo de organizaciones civiles, iglesias y comunidades de base; academias y centros de investigación, municipios, estado y federación, cooperación internacional (como el histórico PRODESIS), programas federales como Producción para el Bienestar y Sembrando Vida, así como muchas otras acciones que han contribuido a frenar el deterioro creciente.
Esto ha permitido que la Sierra Madre avance hacia un modelo de restauración ecológica real, medible y sostenido. Los datos lo confirman: la restauración avanza. Aunque aún falta mucho por hacer, los indicadores muestran una mayor cobertura vegetal, una disminución de los incendios forestales, suelos más estables, microcuencas en recuperación reconocidas por la Conagua, productores capacitados en manejo sostenible y sistemas agroecológicos consolidados.

Asimismo, se logró la suspensión de proyectos extractivistas, como minas y proyectos hidroeléctricos que amenazaban a la población por ubicarse en una zona de alta actividad sísmica. También se prohibió el uso de pesticidas como el glifosato y otros herbicidas que representan un riesgo para la salud de los productores y los consumidores.

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