La consulta del gobernador

Juan Pablo Zárate Izquierdo*

Preguntar en redes sociales siempre es una apuesta arriesgada, uno nunca sabe qué va a regresar en los comentarios. Eso ocurrió, con lo que considero un buen ejercicio del gobernador Eduardo Ramírez, quien publicó en Facebook una idea sencilla: convertir el Reloj Floral de Tuxtla Gutiérrez en una versión digital, con pantallas y luces de colores. La pregunta era corta: «¿cómo ven si lo transformamos?». La respuesta, en cambio, fue un desbordamiento de emociones y opiniones: más de dos mil comentarios, en su mayoría diciendo, de mil maneras distintas, que la sugerencia era mejor no convertir esa glorieta.

Lo primero que hay que decir es lo obvio: el reloj floral no es utilizado en el fondo para saber la hora, para eso quizá usan el celular y muchos recurren a ello. Su función siempre fue otra: vestir esa parte de la ciudad y hacerla emblemática.

El filósofo aleman Walter Benjamin, hace ya casi cien años, explicaba que hay objetos que tienen un tipo de presencia que ninguna copia logra reproducir, algo que se pierde apenas se sustituye lo original por una versión técnica, por más bonita que resulte. Entonces, en los comentarios de la consulta gubernamental, se observa lo que la ciudadanía estima al cambiar el reloj de flores por una pantalla, pues la opinión no sería solo modernizarlo: sería quitarle justamente eso que lo hace ser: el reloj floral de Tuxtla y no cualquier otro adorno urbano.

Y la gente, sin necesidad de leer teoría alguna, lo dijo con sus propias palabras. En los comentarios se repiten una y otra vez términos como identidad, tradición, patrimonio, esencia. Alguien hasta lo compara con el Big Ben de Londres. Varios recuerdan, con genuina tristeza, la desaparición de la exfuente Mactumatzá años atrás, como advertencia de lo que pasa cuando se derriba algo querido sin consultar bien. Es un argumento espontáneo, hecho de sentido común y afecto por lo propio, no de un manual de urbanismo.

Ahora bien, aquí viene lo interesante, y es donde vale la pena mirar el ejercicio con algo de generosidad. Es cierto que este tipo de consultas en redes tiene sus límites; el pensador surcoreano Byung-Chul Han propone de cómo la vida digital produce mucha opinión rápida y emocional, eso que él lo llama «el enjambre», que no siempre se convierte en algo con peso real.

Y los números de esta publicación lo confirman a medias: más de seis mil reacciones de «me gusta» conviven con comentarios sobre todo críticos. La gente aplaude que le pregunten, y es ahí donde opino que es un buen ejercicio del gobernador de Chiapas, aunque no estén de acuerdo con lo preguntado. Eso no es contradicción, es simplemente cómo funciona hoy la sociedad: se aprueba el gesto de ser tomados en cuenta más allá de si se gana o se pierde la discusión.

Pero justo ahí está lo valioso de todo esto. Miles de personas se tomaron un momento para opinar sobre el mobiliario de Tuxtla como capital emblemática, con argumentos, con memoria, algunos hasta con propuestas técnicas de movilidad o de diseño urbano que cualquier equipo de gobierno agradecería tener gratis y de primera mano.

Manuel Castells recuerda que el poder, hoy, también se construye en esos flujos de comunicación abierta entre gobierno y ciudadanía, no solo en los edificios oficiales. Una consulta como esta, aunque haya nacido como puesta en escena, termina abriendo una puerta real: la gente entra a la publicación y dice lo que piensa, sin filtros, sin cita previa, sin necesidad de ir a ninguna oficina.

Y eso, más allá de si al final se cambia el reloj o se queda igual, es lo rescatable del ejercicio. La ciudadanía va a opinar de cualquier cosa que se le ponga enfrente: de un reloj, de un puente, de un bache, y eso está bien, es señal de que a la gente le importa su ciudad.

Lo que corresponde ahora es leer ese termómetro con cuidado: no solo si les gustó o no el reloj, sino qué tanto malestar, qué prioridades y qué expectativas se asoman detrás de cada comentario.

Tomar en serio este ejercicio puede convertirse en una costumbre sana: preguntar antes de construir, y tomar en cuenta las opiniones, aunque no sea la que se esperaba.

Lejos del resultado y hablando desde la ciencia política, es un buen ejercicio de consulta por parte del gobernador, que puede marcar bien su administración en diversos temas.

* Profesor Investigador en Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas

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