Historias de NegoCEOs 

La dupla Corral-Lara y la operación Chihuahua

Por Mario Maldonado

La historia entre Javier Corral y Ulises Lara no comenzó con la crisis de Morena por el caso Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza. Viene de antes y tiene a Chihuahua como su punto de encuentro. En agosto de 2024 se llevó a cabo el rescate del hoy senador morenista cuando agentes chihuahuenses intentaron detenerlo en la Ciudad de México por una acusación de peculado agravado relacionada con el presunto desvío de 98.6 millones de pesos en la reestructura de deuda estatal. 

Aquella noche, en el restaurante Gin Gin de la colonia Roma, apareció Ulises Lara, entonces encargado de despacho de la Fiscalía capitalina, para impedir la captura. Hoy, ya como fiscal en la FGR, reaparece en un nuevo episodio que vuelve a tener como blanco a Chihuahua, ahora con la reactivación de denuncias contra la gobernadora Maru Campos promovidas por el propio Corral.

Formalmente son expedientes distintos, pero políticamente tienen el mismo objetivo. El funcionario que evitó la detención de Corral ahora forma parte de la institución que da cauce a denuncias contra su principal adversaria política. La FGR citó por segunda ocasión a Maru Campos por la denuncia presentada por Corral tras aquel operativo fallido, en el que el exgobernador acusó intento de secuestro y privación ilegal de la libertad.

Sin embargo, el problema de Corral se extendió a Sinaloa. La imagen del senador morenista reunido en Culiacán con Enrique Inzunza es probablemente una de las más desafortunadas para el oficialismo en medio de la crisis provocada por la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya, Inzunza y otros funcionarios por presuntos vínculos con Los Chapitos. Inzunza fue secretario general de Gobierno de Rocha, su operador político y jurídico, y una de las figuras centrales del grupo sinaloense.

Corral confirmó públicamente que él mismo buscó el encuentro después de conocerse la acusación estadounidense contra Inzunza. Lo defendió y dijo que no había nada irregular, que el senador hacía vida normal en Culiacán y que no tenía por qué esconderse. Después se enfrascó en disputas con periodistas que documentaron el contexto del encuentro y sus múltiples propiedades inmobiliarias, entre estas un exclusivo departamento en Mazatlán.

Durante años, Javier Corral se presentó como un político anticorrupción, el perseguidor de César Duarte, el panista incómodo frente al abuso del poder y el hombre que exigía consecuencias judiciales para quienes usaban el aparato público para proteger intereses políticos o criminales.

Fue panista durante más de cuatro décadas. Rompió con Acción Nacional acusando degradación moral y cercanía con el PRI. Terminó en Morena, con fuero legislativo y respaldo político justo cuando escalaban sus propios problemas judiciales.

Hay una ironía. Corral nació en El Paso, Texas, y durante muchos años enfrentó cuestionamientos por su doble nacionalidad, asunto que resolvió con su certificado de nacionalidad mexicana. El dato cobra relevancia porque hoy es precisamente un político con ese origen quien ha salido a defender a figuras del oficialismo señaladas por el Departamento de Justicia estadounidense por presuntos vínculos con el narcotráfico.

El conflicto con Maru Campos se suma al escándalo. Durante años, Corral construyó una confrontación directa con su sucesora, a quien acusó de vínculos con la nómina secreta de César Duarte. Campos respondió denunciando persecución política. La diferencia es que antes Corral litigaba desde el poder estatal y hoy lo hace desde el aparato federal y con aliados colocados en posiciones estratégicas.

La crisis de Morena por Rocha e Inzunza no sólo exhibió su manejo político frente a acusaciones gravísimas provenientes de Estados Unidos. También exhibe qué personajes decidieron asumir la defensa pública del grupo cuestionado.

Y Javier Corral, que pasó años denunciando el uso faccioso del poder, hoy aparece beneficiándose de ese mecanismo.

Posdata 1

El cerco político y judicial sobre Rubén Rocha Moya también ha vuelto a poner en el mapa el nombre de Ignacio Mier Velazco. El actual coordinador de Morena en el Senado tuvo una relación política previa y directa con Sinaloa como delegado de Morena entre 2016 y 2018, en los años de consolidación territorial del movimiento en el estado. La relación con Rocha fue tan estrecha que públicamente el ahora indiciado por Estados Unidos lo consideró su “brother” y aliado político. Y en los hechos Mier ha sido uno de sus defensores más visibles desde que estalló la crisis por las acusaciones del Departamento de Justicia estadounidense.  

Mier tuvo influencia en el armado político de Sinaloa previo al triunfo de Rocha Moya, particularmente en la definición de candidaturas y en la construcción de alianzas. Eso explicaría la rapidez con la que salió a blindar al gobernador con licencia cuando EU lo señaló por presuntos nexos criminales, diciendo que todo se trata de acusaciones sin sustento.

Posdata 2

Carlos Slim volvió a hacer “política empresarial” a su manera: hablando bien del gobierno, aunque marcando cierta distancia en sus temas de telecomunicaciones. En su conferencia anual aseguró que la expansión de sus negocios no depende de favores presidenciales y rechazó que sus proyectos empresariales hayan requerido ayuda política, pese a que durante los gobiernos de López Obrador y ahora de Claudia Sheinbaum sus empresas han acumulado contratos públicos que en conjunto suman cerca de 100 mil millones de pesos. 

La conferencia del magnate se dio en medio de la desaceleración económica que enfrenta México, del deterioro en la percepción crediticia y del deterioro acelerado de Pemex. Aun así, Slim anunció inversiones por 5 mil millones de dólares para este año, una cifra que contrasta con la reticencia de otros grandes empresarios.  

El hombre más rico de México también puso límites. Por ejemplo, le cerró la puerta al fracking con Pemex, una de las apuestas que algunos en el sector energético daban por descontada ante la urgencia de elevar producción de gas y petróleo. Su foco seguirá en Zama e Ixachi, donde ya tiene intereses concretos y retornos más previsibles. Al mismo tiempo, lanzó una crítica velada pero contundente sobre el principal problema estructural del país: la caída en la producción petrolera y la situación financiera de Pemex. Es decir, Slim quiere negocio con el Estado, pero no cargar con sus pasivos estratégicos.

En telecomunicaciones, Slim lamentó la salida de Telefónica de México, describiéndola como una mala noticia para el mercado y para la competencia. Lo dijo desde la posición del jugador dominante, pero también como diagnóstico de un sector donde las condiciones regulatorias, de costos y de poca competencia han expulsado competidores relevantes.

Slim se reunió esta semana con el presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, en momentos en que Grupo Financiero Inbursa mantiene litigios pendientes en el máximo tribunal y ha enfrentado resoluciones adversas en meses recientes. Slim sigue siendo el empresario con mayor capacidad de interlocución política en México. Tiene asiento en el consejo económico de Sheinbaum, mantiene negocios con Pemex, gana contratos de infraestructura, opina sobre el T-MEC, la economía y toca la puerta del Poder Judicial cuando lo necesita.

Posdata 3

El mercado laboral mexicano sigue presumiendo bajas tasas de desempleo, pero la calidad del empleo se precariza cada vez más. En el primer trimestre de 2026, más de 35.8 millones de personas ocupadas carecieron de acceso a servicios de salud, el nivel más alto para un arranque de año desde que existe registro comparable en 2005. Esto significa que seis de cada 10 trabajadores en México laboran sin una prestación básica asociada a la formalidad, pese al discurso oficial de fortalecimiento del empleo y de la cobertura universal en salud.  

El dato se explica por un deterioro estructural del mercado laboral. La informalidad volvió a crecer y alcanzó 54.8% de la población ocupada, con más de 32.6 millones de personas en esquemas precarios o fuera de la seguridad social. Aunque el número total de ocupados aumentó, el crecimiento se concentró en empleos de baja calidad, sin prestaciones y con alta vulnerabilidad. En un entorno de desaceleración económica y caída de la inversión, el empleo comienza a absorber el golpe por la vía más conocida en México: precarizando condiciones.  

@MarioMal

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