La soberanía nacional y los pueblos originarios fueron evocados en el Grito
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El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en sus respectivas ceremonias enunciaron aspectos fundamentales que, muchas veces han sido ignorados o no se les ha dado la importancia, a pesar de su repercusión histórica y cultural.
La soberanía y los pueblos originarios formaron parte del discurso en la ceremonia correspondiente al Grito de Independencia: a simple vista, parece que se está rompiendo un acto protocolario, comparado con las ceremonias del pasado, donde el lujo, la frivolidad y el desapego a las tradiciones, eran la normativa en actos gubernamentales o presidenciales.
Ahora, en estas dos últimas emisiones del Grito de Independencia, ha tomado fuerza lo hecho por la presidenta y el propio gobernador. Para el caso de la presidenta de México, el año pasado enunció a las heroínas que formaron parte del movimiento, si bien tuvieron un papel trascendental y relevante, la historia las ha despreciado, por ello que Claudia sea la primera presidente mujer y en ese acto tan importante pronuncie sus nombres, resulta muy honorable, sobre todo en el tema de visibilizar a las mujeres, quienes también son importantes en la historia de México.
Por el otro lado, el acto de ceremonia que encabezó Eduardo Ramírez Aguilar también es único y resulta muy trascendental: dar el grito con la vestimenta de ceremonia de los pueblos originarios y enunciar a personajes que hasta esa noche resultaron anónimos, es reivindicador.
Su grito no se limitó a los héroes nacionales, también se nombraron a los grandes personajes de la historia de Chiapas, como Joaquín Miguel Gutiérrez y Fray Matías de Córdova, pero el nombre que llamó la atención sin duda fue el de Agustina Gómez Checheb, una importante líder indígena en la Rebelión de San Juan Chamula, mejor conocida como la “Guerra de Castas”, suscitada en 1869; el hecho que fue nombrado por el gobernador, representa un momento crucial en el que los pueblos originarios se levantaron para exigir sus derechos, siendo el personaje femenino un ejemplo de lucha.
Chiapas sin duda pone el ejemplo, y exalta sin temor ni prejuicios el orgullo de los pueblos originarios, mismos que han sido parte de la historia y por cuestiones clasistas y discriminatorias, se las ha relegado de la historia, de la cual son parte.
Por otro lado, en el Grito de Independencia en Palacio Nacional, que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum haga énfasis en la soberanía nacional y que el país no será protectorado o colonia, reafirma la idea que lamentablemente se ha perdido: el orgullo por lo mexicano y la defensa del patrimonio ante intereses extranjeros.
No es necesario recordar los penosos capítulos de la historia de México, donde ciertos personajes de la vida pública se prestaron hacer “vendepatrias” (lo siguen haciendo, ya sea desde la oposición o en el mismo régimen), al ser espías o cínicamente ante la crisis de inseguridad que vive el país, pedir de manera deshonrosa la intervención extranjera, que resulta vil y patético.
También, este discurso se engloba en el marco de las tensiones políticas que tiene México con Estados Unidos y ante la presencia incómoda de los sionistas, que como hemos abordado en estas líneas editoriales, si nos descuidamos, serán un problema irremediable. Otro punto a considerar de la soberanía, es la presencia de extranjeros que vienen a gentrificar nuestras ciudades y resultan extractivistas, abusando de la buena voluntad de los chiapanecos y mexicanos, los ejemplos sobran con ciertos académicos petulantes que abundan en la Unam, Unach y en la Unicach, por mencionar algunos casos.




