EDITORIAL

El dinero de los mexicanos no es propiedad de Morena

Hay declaraciones que no sólo provocan indignación: también exhiben el tamaño de la confusión con la que algunos políticos pretenden explicar las finanzas públicas. La senadora morenista Martha Lucía “Malú” Mícher Camarena acaba de protagonizar una de esas escenas que deberían preocupar, no por su estridencia, sino por lo que revelan sobre la manera en que algunos integrantes de la llamada Cuarta Transformación entienden el dinero público.

Desde la tribuna del Senado, Mícher afirmó que es mentira que los recursos destinados a los programas sociales provengan de los impuestos de los mexicanos y sostuvo que son producto de la llamada “austeridad republicana”. La frase, por sí misma, resulta insostenible.

La austeridad puede generar ahorros, reducir determinados gastos o permitir reasignaciones presupuestales, pero no constituye una fuente mágica de recursos públicos. El dinero con el que el gobierno financia pensiones, becas y demás programas sociales forma parte del Presupuesto de Egresos de la Federación, y ese presupuesto se nutre de los ingresos públicos, entre ellos los impuestos que pagan millones de mexicanos, además de otros conceptos de recaudación y financiamiento.

Por eso resulta preocupante que desde una tribuna legislativa se pretenda instalar la idea de que los apoyos sociales son consecuencia de la generosidad de un gobierno o de una virtud administrativa exclusiva de Morena.

No, señora senadora. El dinero no es de Morena. El dinero es de los mexicanos. Lo aportan quienes trabajan, quienes tienen una empresa, quienes consumen, quienes pagan IVA, quienes cumplen con sus obligaciones fiscales y quienes, de una u otra manera, contribuyen al sostenimiento del aparato público. Son los ciudadanos quienes generan buena parte de los recursos con los que posteriormente el Estado financia sus políticas y programas.

Y aquí aparece el verdadero problema: la utilización política de los programas sociales, porque una cosa es reconocer que los apoyos forman parte de una política pública establecida en el presupuesto y otra muy distinta es presentarlos como una dádiva del partido gobernante. Los recursos públicos no son propiedad del presidente en turno, ni de Morena, ni de ningún funcionario. Son recursos de la nación.

Si además existe una política de austeridad que permite liberar recursos para determinadas prioridades, bienvenida sea. Pero eso no convierte a la austeridad en una fuente independiente de dinero. Ahorrar no es recaudar.

Después de la lluvia de críticas, la senadora intentó matizar sus declaraciones y explicó que los programas sociales forman parte de una estrategia integral que combina recaudación, combate a la evasión y ahorros presupuestales.

Ese matiz cambia el discurso, pero no borra el despropósito original, porque el problema no es solamente haber utilizado una expresión desafortunada. El problema es que una declaración de esa naturaleza alimenta una narrativa cada vez más peligrosa: la de hacer creer que el gobierno entrega dinero propio a los ciudadanos y no es así.

Cuando un gobierno entrega una pensión o una beca, no está sacando dinero de su bolsillo. Está ejerciendo recursos públicos aprobados en el presupuesto. Y cuando esos recursos son insuficientes, el Estado puede recurrir a deuda, que tampoco desaparece por arte de magia: tarde o temprano deberá pagarse con recursos públicos futuros.

Por eso sería conveniente que algunos legisladores dejaran de buscar aplausos fáciles en la tribuna y comenzaran a explicar con seriedad cómo funcionan las finanzas públicas.

México no necesita políticos que presenten los derechos sociales como regalos. Necesita representantes que tengan la honestidad intelectual para reconocer que cada peso gastado por el gobierno tiene un origen y, por tanto, un costo para la sociedad.

Los mexicanos no son “conejillos de indias” para experimentar con narrativas políticas. Mucho menos deben ser tratados como espectadores incapaces de entender de dónde sale el dinero que administra el gobierno. Solo hay que recordar que la austeridad no paga impuestos, la austeridad no produce ingresos fiscales, y sí, la austeridad puede ayudar a gastar mejor.

Los recursos públicos son, antes que nada, recursos de los mexicanos. Y eso debería ser lo primero que recuerden quienes ocupan una curul y hablan en nombre de la nación.

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