EDITORIAL

Las convicciones políticas en los jóvenes conllevan una gran responsabilidad: competir por el “aura”, no

No hay que sorprenderse como las redes sociales y el internet están convirtiendo a las juventudes en los hazmerreir; claro, como cada generación a la que le tocó abanderar el futuro, no es bien vista por sus predecesores, eso no es nuevo, los viejos criticando las nuevas modas o convenciones de la generación que los va a reemplazar.

No obstante, con esta nueva tendencia de los enfrentamientos del “aura”, ya se han generado debates, sobre si esta actividad es vista de manera ridícula o al menos está propiciando que las nuevas generaciones salgan a las calles y convivan, para desafanarse del mundo virtual al que están atenidos, debido al enajenamiento de los dispositivos, donde todo su contexto sea una simple burbuja.

Ahora bien, como se ha dicho hasta el hartazgo y citado de manera hasta apócrifa, lo dicho por el presidente de Chile, víctima del golpe de Estado en 1973, Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”, cobró mucho sentido el pasado 22 de agosto.

Con la moda del cuarto filme de Tom Holland, sobre el héroe arácnido, se viralizó un vídeo donde un manifestante caracterizado como el Hombre Araña, confrontó y agredió al supremacista, Jake Lang, durante una manifestación de un grupo de extrema derecha en Mineápolis, Estados Unidos: claro esto llevo a aquel “amigable trepamuros” fuera arrestado y el acto condenado. Cabe aclarar que el mencionado manifestante estuvo detrás de los disturbios del pasado 6 de enero y en esta nueva protesta portaba una pancarta con un insulto racista, por lo que no fue de extrañar el actuar del cosplayer de Spiderman.

Pero, al final el personaje de cómics y del cine retomó una mayor relevancia; en primer lugar, lo que representa fuera de la ficción, cobrando con más sentido su frase más característica: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, reforzando la moral heroica o superheroica según sea el caso, demostrando que las ideas trascienden más allá de las viñetas.

La imagen donde confronta a ese supremacista sin duda se hizo viral y no porque traspasó el papel, sino como autentica portada de esas grandes historias que el héroe juvenil ha protagonizado por más de seis décadas: esta postal, que ya fue es símbolo de muchas causas, representa la mejor iconografía del personaje, esta vez no enfrente al Duende Verde, al Dr. Pulpo,  Venom, Misterio, y demás antagonistas que lo han puesto sobre las cuerdas, la amenaza es real y palpable, más aún en el contexto de Estados Unidos donde los discursos de odio y el fascismo ya son la norma no solo en ese país, sino en gran parte del mundo.

Precisamente, si vamos a la génesis de los superhéroes, sobre todo en ese ejemplar de Action Comics 1, donde apareció Superman en 1938, estos personajes con mallas y capa tuvieron como primer frente de batalla al crimen organizado y al creciente fascismo que llegó a ganar en las urnas en Italia y Alemania, respectivamente; ahora bien, casi un siglo después, estas condiciones parecen no desaparecer del mundo y tomar como insignia a un personaje de ficción, para una causa más grande es loable y valioso.

Retomando el asunto de que las nuevas generaciones están perdidas no es del todo cierto; si bien las modas y enajenación marcan la pauta y los generaliza, hay ejemplos de convicciones juveniles que si están cimbrando conciencia: tal es el caso del astro español, hijo de inmigrantes africanos, Lamine Yamal, quien ha sido enfático y crítico sobre los crímenes que se están perpetrando en Palestino, condenando innumerables veces al estado israelí.

También, no debemos dejar de lado aquellos casos patéticos y ridículos de jóvenes que pretendieron ser el estandarte de un cambio generacional, pero encarnaron lo peor de la vieja guardia política: Guillermo Santiago, que eufórico y “hocicón” pregonaba que “la gran robadera”; pero ahora júzguenlo donde está ahora, ahogándose en su propio veneno.

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