EDITORIAL

Cierre de Ediciones Era: ¿confirma el “apocalipsis cultural”?

Primero que nada, el anuncio que realizó la prestigiosa editorial Era en sus redes sociales sobre su supuesto cierre después de 66 años encendió las alarmas en la comunidad editorial, literaria y cultural de México y Latinoamérica, debido a la precariedad, el fracaso de las estrategias para el fomento de la lectura y el creciente analfabetismo funcional que impera entre las nuevas generaciones.

Afortunadamente, la propia editorial esclareció que “sólo” reducirá al mínimo sus operaciones y cerrará cuentas pendientes con librerías, puntos de venta y demás. Asimismo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante la mañanera del pasado 20 de agosto, sugirió a la Secretaría de Cultura que apoye a dicha editorial, ya que en su catálogo y acervo se encuentran grandes pesos pesados del canon literario mexicano, al menos los correspondientes al siglo XX: Elena Poniatowska, Octavio Paz, José Revueltas, José Emilio Pacheco y Carlos Fuentes, por mencionar algunos.

Las primeras impresiones sobre este anuncio, según muchos “snobistas” o “gurús” empresariales —lectores de libros mediocres de “autoayuda” o “emprendimiento”—, poco o nada comprenden sobre cultura y literatura. Sobre todo, señalan que el cierre de Era obedecería a que quienes dirigen ese proyecto editorial no fueron capaces de generar estrategias de “mercado” o de crear nuevos “públicos”.

Lo cierto es que esas afirmaciones son banales y superficiales, ya que el cierre y las pocas ventas de libros responden a un fenómeno aún más devastador: el desinterés por el hábito lector.

También es preciso aclarar que la cultura, al menos en México y Chiapas, no es bien remunerada y que quienes ejercen las artes y la literatura viven en condiciones de precariedad, por no decir que, en la mayoría de los casos, en la miseria. Por ello, todo proyecto cultural, de por sí, enfrentará el abandono, y los estímulos económicos no necesariamente se verán reflejados de inmediato.

Recordemos que hace poco, en Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca, se dio el cierre de la Librería Porrúa, dejando en total indefensión a la comunidad lectora y sin acceso a ediciones o ejemplares que durante muchos años fueron imprescindibles, tal es el caso de la colección “Sepan Cuantos” y ciertos libros de teoría literaria. En este sentido, el cierre de una editorial prestigiosa y de una librería con un gran catálogo representan un “apocalipsis cultural”.

También se puede culpar al avasallamiento de la tecnología, que, de alguna manera, debió resolver y facilitar la vida de los seres humanos, no enajenarlos, limitarlos o reemplazarlos; más aún cuando la IA (Inteligencia Artificial) amenaza la creatividad, el arte y el ingenio de nuestra especie.

Otro punto a considerar en este supuesto cierre es el monopolio y acaparamiento de ciertas empresas editoriales, como Planeta y Penguin Random House, que, si bien tienen en su catálogo a algunas de las voces jóvenes y talentos más sobresalientes de la literatura hispanoparlante en México, dejan pocas oportunidades y posibilidades para nuevas expresiones y propuestas alternativas. En este contexto, las editoriales independientes y, en menor medida, las cartoneras pueden ser una alternativa en estos tiempos sombríos de IA y monopolios.

Ahora bien, ¿qué le espera al campo editorial de México y Latinoamérica con el cierre de un sello tan importante? Es necesario plantearse estrategias efectivas y aplicables al contexto de quienes adquieren un libro, comprendiendo que, al final, la lectura, estén de acuerdo o no, es un “privilegio”. Por ello, también condenar el poco hábito de lectura resulta innecesario y clasista.

La aparición de los dispositivos móviles ha sido fundamental en la crisis que afecta al sector. Por ello, hacen falta estrategias para salir avante de esta tragedia nacional, como la han denominado especialistas y escritores.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *