EDITORIAL

Mabel, ante la oportunidad de cambiar el chip de los trabajadores

Si en una elección, de cualquier tipo, no participa más de un candidato o candidata, entonces el triunfo de quien se registró es inobjetable. La comisión electoral lo valida, pero eso no significa necesariamente que haya democracia, y esta circunstancia puede interpretarse por varias razones. En todo caso, podría decirse que no hubo más valientes para competir, que sabían que no existían condiciones o, simplemente, que la apatía se refleja por los antecedentes que se han tenido recientemente en la política.

Es decir, por citar un ejemplo, si en la elección del Poder Judicial se registraron cientos de personas para participar, entre ellas destacados abogados que hoy podrían haberle dado otro giro a la impartición de justicia, pero se les obstaculizó su candidatura por no favorecer al sistema político que gobierna, entonces la postura que asumen otros aspirantes es fácil de interpretar: ¿para qué me registro si la cargada va por otro lado?

Esto viene a colación porque en el Sindicato de Trabajadores al Servicio del Gobierno del Estado de Chiapas (STSGECH) solo hubo una planilla que, por lógica, resultó ganadora de los comicios realizados hace un par de semanas. Fue una votación de mil 369 votos a favor de un total de tres mil 373 emitidos. Es decir, solo cuatro trabajadores negaron su voto a la ganadora.

Esto le da certeza jurídica, política y social a Mabel López, la dirigente que estará al frente del Sindicato de los Burócratas hasta el año 2032. Es decir, gobernará durante seis años, lidiando con las peticiones de un sector que tiene la percepción de que hace todo, menos trabajar de manera eficiente para sacar adelante al Estado, su patrón.

Certeza que se traduce en un compromiso moral con la base trabajadora, porque ahora está obligada a responder con hechos a lo que prometió durante su campaña previa a la elección. Fueron, en total, 11 propuestas enfocadas en el “fortalecimiento de los derechos laborales, la actualización de prestaciones, mejores servicios de salud, transparencia sindical, revisión salarial y atención al sistema de jubilaciones y pensiones de las y los trabajadores al servicio del Gobierno del Estado”.

Nada mal para garantizar que las mujeres y hombres que se desempeñan en las distintas instituciones del gobierno estatal obtengan beneficios. Para ello, dijo la dirigente, “buscará establecer una mesa permanente de negociación con el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar para mejorar las condiciones laborales de la burocracia”, al considerar insuficiente el incremento salarial del cuatro por ciento otorgado este año.

Otras demandas, como los quinquenios, la canasta navideña, los útiles escolares, el transporte y el aguinaldo, serán expuestas al gobierno estatal, muy seguramente a través de la secretaria general de Gobierno y Mediación, Dulce María Rodríguez Ovando, quien fue la encargada de darle la bienvenida y reconocer su triunfo.

Todo está perfecto y ojalá el gobierno establezca mesas de trabajo para que ambas partes se sienten a negociar. Pero lo que la dirigente debe tener en cuenta es que también hay que incentivar, e incluso obligar, a la “base trabajadora” a cambiar el chip en su forma de desempeñarse en sus puestos.

Para nadie es un secreto que el estigma que pesa sobre la burocracia es que hace de todo, como se ha dicho, menos esforzarse por trabajar. Y, efectivamente, no hay que ir muy lejos para corroborar que, de las siete horas que tienen programadas para asistir a su centro de trabajo, el día puede volverse improductivo.

El sindicato debe ser rigorista, estricto y cambiar las formas para no dar tantas libertades y canonjías. El servicio público que ofrecen siempre ha estado en duda. Hoy, por lo tanto, se presenta la mejor oportunidad para que el sindicato cambie y para que las complacencias dejen de ser parte de las prerrogativas de cientos de trabajadores que encontraron en su puesto de base una especie de beca que les permite vivir una vida cómoda, pero conformista.

Es el escenario perfecto está la oportunidad de oro para que Mabel López sea quien dé un giro a la productividad y a la armonía en las funciones de los burócratas. El reto está ahí. Ojalá haya buenas nuevas.

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