Se terminó la euforia, volvemos a la realidad
Como en las guerras, cuando un alto al fuego por alguna tregua se acuerda entre las partes involucradas, la eliminación del Mundial permitió que hubiese una paz simulada de facto, en automático, y no es que a los criminales les guste o no el fútbol, sino porque serían el centro de atención, dándole más argumentos que vinieran por ellos de forma directa, sin intermediarios, desde el vecino país del norte.
Quien diga lo contrario, quien siga pensando que la autonomía de México se respeta, se engaña a sí mismo, porque la realidad es que Estados Unidos ha hecho a lo largo de la historia, lo que ha querido con nuestro querido México.
La pausa de la hidratación que se práctica en este Mundial terminó para México y cuando decimos México es para el gobierno de la República, para quienes se sienten o son perseguidos por la justicia de los Estados Unidos, para los legisladores que han sido señalados en los medios de comunicación adversos al régimen, para los gobernadores que dicen gobernar, pero que a la hora se irse a la cama, tienen pesadillas.
Ahora la pausa de hidratación concluyó y el gobierno ya no podrá desviar la atención ni con el pato Merlín, que, a pesar de su fama, sigue vendiendo refrescos en el Centro de la Ciudad de México.
Lo que hace un evento deportivo de masas como el futbol fue echar por la borda la preocupación que se tenía un mes antes del Mundial cuando el 56 % de los mexicanos se mostraba preocupado por el desarrollo del torneo debido al narcotráfico, el 79 % temía a la delincuencia y el 43 % se sentía ‘poco o nada confiado’ en que habrá un buen nivel de seguridad durante la justa deportiva.
A quince días de que concluya el Mundial, México no sufrió esta pesadilla, y aunque al inicio los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación quisieron armar su borlote, en los medios nacionales se asegura que los 800 millones de pesos que les dieron para suspender el paro nacional, fue para repartirlo entre la dirigencia.
Sean peras o manzanas, lo cierto es que ni siquiera han cumplido su compromiso de protestar en cada evento que presidiera en el país la presidenta Claudia Sheinbaum, con ello se someten al escrutinio público que sentencia: “El que calla otorga”.
En este contexto, al no haber ya show, el gobierno vuelve a su realidad. Pudo “descansar” de las protestas, pudo disfrutar de un mes sin asuntos de resonancia. Ahora a trabajar para tratar de borrar la percepción-realidad de que se es “campeón en desaparecidos”; de que México no es gobernado por narco-gobernadores y que la economía del gobierno federal está en crisis, en números rojos como lo han señalado los organismos empresariales que basan sus números en la realidad.
Si se dice que el Mundial fue el escaparate que la presidenta Claudia Sheinbaum necesitaba, lo demuestra con números: Los homicidios dolosos bajaron un 33.5% en México, entre el 11 de junio y el 5 de julio. En los días que jugó la Selección Mexicana se registró un promedio de 30 y 53 asesinatos. Estadísticas que se comparan con los mil 209 casos reportados en julio ante las fiscalías de los estados, de acuerdo con datos del Gabinete de seguridad.
El comparativo es abismal y si en realidad hubo acuerdo o una tregua para que no hubiese violencia por parte de la delincuencia organizada, también hace pensar que las negociaciones en las altas esferas dan a entender que sí pudiera haber nexos, pero en verdad que eso no se podría asegurar.
Lo mejor que podemos hacer como mexicanos es darle un voto de confianza a este gobierno, que, si no aprieta las tuercas, tendrá su prueba de fuego en la elección de 2027.
Las escenas de hartazgo que se produjeron cuando los políticos llegaban en camionetas de super lujo, como la de Cuauhtémoc Blanco, que se bajó muy valiente a tratar de recriminar a sus detractores -sin éxito-, son la respuesta para este gobierno de la Cuarta Transformación que algo tendrá que hacer para evitar los tiros por viaje por el descontento social.




