Triunfo de “Alito” en Coahuila, mensaje para el PAN y MC rumbo a 2027
Sin ser adivinos, habíamos advertido que la política que ha emprendido Morena para consolidar un gobierno autoritario, más temprano que tarde, le cobraría factura. Los resultados obtenidos en Coahuila, apabullantes y ofensivos para el partido en el poder, no son poca cosa, sino un aviso crucial de cara a las elecciones de 2027, si no se ponen a repensar su forma de gobernar y, sobre todo, si no se abocan a transparentar los hechos relacionados con políticos acusados de estar coludidos con el narcotráfico. Aunque lo nieguen, esto le ha hecho mucho daño a la estructura morenista.
Perder los 16 distritos electorales ante el Partido Revolucionario Institucional, sí, el instituto político que muchos daban por muerto solo por estar dirigido por Alejandro Moreno Cárdenas, es un mensaje claro y contundente de que los “muertos pueden revivir”.
Es lógico que “Alito”, líder nacional del PRI, esté bailando de contento, dado que no solo ganaron y humillaron a Morena, sino que sus posibles aliados, el PAN y Movimiento Ciudadano, que se han negado a construir alianzas rumbo a 2027, también sufrieron una derrota estrepitosa, al grado de estar cerca de perder el registro como partido estatal en Coahuila.
Ante los resultados ya avalados por el PREP y por el propio órgano electoral de aquella entidad, a Morena no le quedó más que recurrir a sus prácticas legaloides y amenazar con impugnar los resultados.
Se entiende que no es lo mismo padecer en carne propia posibles atropellos en una elección, si es que los hubo, que estar acostumbrado a actuar como lo hace el partido en el poder, cuando ve que está perdiendo: arrebata.
Hoy la historia les ha dado una lección: la humildad debe encabezar sus acciones. Sentirse superiores puede llevarlos al borde del despeñadero en las elecciones intermedias de 2027 y sepultarlos de cara a la presidencial de 2030.
También se entiende que, al tener a los órganos electorales federales a su favor, Morena intentará escandalizar con el tema y, de esta forma, distraer la atención de problemas torales como la inseguridad y los señalamientos sobre políticos presuntamente vinculados con el crimen organizado. Sin embargo, al final tendrá que reconocer su derrota, pues resulta difícil rebatir resultados donde la diferencia fue de dos a uno y, en algunos casos, hasta de tres a uno.
¿Qué le dio al PRI este triunfo avasallador? Muchos dirán que, al ser el gobierno de Coahuila de extracción priista, tuvo facilidades para operar políticamente. La otra interrogante es: ¿acaso no hace lo mismo Morena en todas las entidades donde gobierna?
Ahí está el caso más reciente del evento masivo realizado para celebrar los dos años del triunfo de Morena en las urnas. Cientos de camiones de todo el país llegaron a la Plaza de la Constitución para participar en el acto. Entrevistas a los asistentes confirmaban que fueron trasladados al evento y que muchos ni siquiera sabían por qué los llevaban a “pasear” a la Ciudad de México.
En esencia, se trata de lo mismo. Sin embargo, hoy Morena pierde fuerza para protestar porque la diferencia en los números es abismal. Además, no debe restarse mérito a la posición crítica e incluso de confrontación directa que ha mantenido el líder nacional del PRI frente a la estructura gubernamental. Pese a los señalamientos de corrupción en su contra, hasta ahora no se le ha podido comprobar nada o, por lo menos, no se han presentado públicamente los elementos suficientes para procesarlo judicialmente.
Tampoco debe dejarse de lado el desgaste que Morena acumula con algunos de sus representantes, como Andy López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, quien donde se presenta suele ser recibido con abucheos, y Coahuila no fue la excepción.
El hecho de abandonar la elección un mes antes para ir a disputar una candidatura de Morena a una diputación en Tabasco fue, sin duda, una señal de que, hiciera lo que hiciera, la elección ya estaba perdida. A ello se suma que Luisa María Alcalde también se alejara de la dirigencia nacional para enfocarse en responder publicaciones de los adversarios con su programa semanal “Detector de mentiras”.
Lo cierto es que para Alejandro Moreno Cárdenas este representa un triunfo mayúsculo, uno que debería poner a reflexionar tanto al PAN como a Movimiento Ciudadano sobre la necesidad de construir coaliciones, al menos en 12 entidades que tendrán elecciones el próximo año.
Se pondrá a prueba si la insistencia de Jorge Romero, dirigente de Acción Nacional, por competir en solitario, o las presuntas componendas de Jorge Álvarez Máynez con Morena, terminan facilitando en bandeja de plata el triunfo del partido en el poder o, por el contrario, los obligan a reconsiderar una alianza capaz de ponerlo en aprietos.
La contundente derrota de Morena debería, por lógica, llevarlos a replantearse qué deben corregir para mantener el poder, ahora que Andrés Manuel López Obrador ya no está en la boleta ni en el centro de la escena política.




