Reconocimiento a la filantropía de los pintores
El arte también es altruismo; es causa común, es ver por los más necesitados. Y si lo recaudado es para una escuela de nivel preescolar, qué mejor, porque el día de mañana, cuando los niños hayan crecido y conozcan la historia de su institución, se preguntarán por todos aquellos artistas que cooperaron para que pudieran recibir una educación de calidad en aulas dignas y confortables.
Hace unas semanas, la Fundación Toledo contribuyó para que, a los albergues del DIF, al CRIT Chiapas y al Hospital Pediátrico llegaran víveres recaudados tras la celebración del Partido de Leyendas entre Jaguares de Chiapas y América. Además, la entrega de sillas de ruedas y andaderas a personas de escasos recursos habla del trabajo que se viene realizando.
No se trata de ensalzar a la Fundación ni a las instituciones u organismos con los que se alía para llevar bienestar, sino de ubicarnos en la justa dimensión de que es necesario contagiarnos de este tipo de apoyos y solidaridad; de beneficiar o, mejor dicho, de ayudar a quienes carecen de lo más básico.
Esa debe ser la función de todo ser humano, y qué bueno que todavía, en este mundo convulsionado y plagado de violencia, existan personas solidarias que dejan de percibir recursos económicos con tal de que estos sean destinados a causas sociales, altruistas, de generosidad.
El viernes pasado, un grupo de 40 artistas puso en subasta sus obras de arte. Pinturas de reconocidos creadores que se encuentran entre los más destacados de su ámbito. Diego Roberto Bernardini Borja, representante de la Galería y Casa de Subastas Bernardini, facilitó las condiciones para que la oferta pictórica fuera todo un éxito.
Su gestión no es reciente. Desde hace 19 años promueve el arte mexicano para apoyar y contribuir a que se concrete lo que otras instancias no han podido o no han querido hacer. En este caso, lo importante es que, mientras sigan existiendo estos benefactores, la sociedad seguirá creyendo que hay más personas buenas que malas.
Piezas de artistas internacionales como Joan Miró, Salvador Dalí y Andy Warhol, además de reconocidos exponentes mexicanos como Rafael Coronel, Rufino Tamayo, Pedro Friedeberg y Francisco Toledo, así como de más de 20 artistas oaxaqueños emergentes, fueron subastadas.
Una escuela de nivel preescolar del municipio de Berriozábal será beneficiada. Como en este caso, en varias regiones del país la ayuda altruista ha llegado a quienes más la necesitan. El propósito de ayudar no persigue lucro; de ser así, se estaría engañando tanto a la sociedad como a los propios promotores de estas iniciativas.
La respuesta al llamado ha sido positiva y hoy ya cuelgan en las paredes de familias empresarias y de personas afines al arte los cuadros que engrandecen la beneficencia social. Como señala el director de la Fundación, Gerardo Toledo Coutiño, lo que se busca es “combinar la promoción de las artes plásticas con acciones de beneficio comunitario”, y vaya que fue todo un éxito.
En Chiapas es poco común conocer este tipo de eventos, no porque se trate de una subasta, sino por la relevancia de quienes están detrás de las obras, por su trayectoria y por su valiosa aportación al arte.
Diego Roberto Bernardini Borja, representante de la Galería y Casa de Subastas Bernardini, fue enfático al señalar que esa es su misión y su pasión: compartir el arte y el talento mexicano, y si es con causa social, mucho mejor.
“Compartir estas obras de arte, venderlas a precios especiales y ayudar, otorgando un donativo a fundaciones o asociaciones, porque el arte tiene poder, nos llena el alma y nos brinda una excelente calidad de vida”, expresó, en palabras que engloban la importancia que el talento y la destreza tiene en la vida de las personas.
Además, no hay que dejar de mencionar la solidaridad de la artista plástica Rebeca Segura, quien donó dos obras de su autoría. La filantropía es algo que hay que rescatar y esa es la misión de la Fundación.




