El empresariado político, soterrado en el descrédito
Algo muy difícil de asimilar ocurre cuando quienes sostienen la economía de los grandes empresarios son pisoteados, humillados y hasta reciben como respuesta un “si quieres, y si no, renuncia”. La necesidad de trabajar y llevar el sustento a los hogares hace que muchas veces las personas soporten la humillación y continúen laborando.
En todo México estas prácticas de explotación siguen siendo una constante, y la prueba de que el sector empresarial ha metido cuña en el Poder Legislativo para que no se apruebe la iniciativa de las 40 horas semanales demuestra que no quieren producción, sino explotación.
La denuncia pública que un grupo de trabajadoras de una empresa ferretera en Tuxtla Gutiérrez realizó la mañana del jueves es una muestra de que las cosas no están bien, a pesar de que sus propietarios se rasguen las vestiduras asegurando que encabezan programas para que las personas emprendan negocios.
La inconformidad es elocuente, y resulta grosera la postura de la empresa Mandiola, predominante en la capital en la venta de ferretería. No es posible que, según lo manifestado por mujeres dependientes durante su protesta, les hayan entregado como utilidades de las ventas de todo un año cantidades irrisorias de 68 o 69 pesos.
Ver esa cantidad en la nómina sí es una mentada para quienes se friegan trabajando sin descanso, sabiendo que su labor genera ganancias para la empresa, pero que ese esfuerzo profesional no se refleja en el pago recibido.
Si bien es conocido que uno de los problemas más recurrentes en el sector empresarial es la falta de seriedad y profesionalismo de algunos patrones al momento de cumplir con el pago de utilidades a sus trabajadores, también es cierto que, aunque este es un derecho establecido en la ley, cuando se constata que hubo utilidades suficientes, la burla no tiene nombre.
La irresponsabilidad laboral, la simulación fiscal, la falta de ética corporativa, el abuso patronal y la precarización del trabajo deben terminar. Y es aquí donde aparece el engaño de muchas empresas: no reportan las ganancias reales, las esconden ante el Sistema Tributario, y eso es grave.
Disfrazar el reparto de utilidades, aun cuando durante el año mostraron crecimiento económico, ampliaron sucursales o incrementaron ventas, es una contradicción que frustra la confianza de los trabajadores.
En el caso de la protesta contra la empresa ferretera, si el grupo de aproximadamente 40 trabajadoras y trabajadores alzó la voz es porque algo se está haciendo mal o, en todo caso, porque la aclaración debe ser inmediata, transparente y creíble. No se puede cuestionar la sinceridad del personal cuando afirma que “el negocio es altamente rentable y no reporta números rojos que justifiquen la entrega de estas cantidades”.
Es un tema que los diputados, hoy moviéndose para alcanzar una candidatura en las elecciones del próximo año, deberían retomar si de verdad les interesa el futuro y el bienestar del pueblo chiapaneco.
Las querellas están sobre la mesa, pues no solo los insultan con míseros pesos como recompensa a su labor, sino que además son objeto de descuentos quincenales injustificados y tienen que trabajar horas extras que no les son pagadas. Si esto es cierto, la LXIX Legislatura debe actuar, no solo para corregir lo que hace esta empresa, sino también lo que ocurre en todas las que operan en la entidad.
La vigilancia mediante auditorías debe ser el punto de partida para que la autoridad ubique los vacíos legales en los que incurren los patrones.
La Secretaría del Trabajo tiene una encomienda muy importante: poner orden y castigar los atropellos. La ley contempla mecanismos para denunciar; sin embargo, lo cierto es que los denunciantes temen perder su trabajo y que, después de esta protesta, para la próxima quincena estén desempleados.
También hay que aclarar que no todos los empresarios caen en la falta de compromiso social, pues entienden que el crecimiento económico debe beneficiar a todos, en su justa dimensión, y que el esfuerzo de la plantilla laboral es básico para salir adelante. Si se entendiera de esta manera, Chiapas estaría en otra dimensión. Sin embargo, suele ocurrir que quienes presumen de honestidad —en este caso, empresarios incrustados en la política— terminan soterrados en el descrédito.
Por ello resulta contradictorio que, por un lado, sus propietarios se alcen el cuello con cursos impulsados desde el Congreso del Estado, donde las personas capacitadas están listas para emprender negocios, y por el otro, se distingan por la tacañería con quienes están a su servicio.




