J. Eduardo Pineda Arenas*
No todo lo que crece se fortalece. Algunas economías aumentan su actividad mientras su estructura se debilita silenciosamente. Crecer y fortalecerse son cosas distintas. Hay territorios que muestran cifras positivas durante años y, aun así, permanecen vulnerables. Cuando escuchamos que una economía creció, la reacción natural es pensar que las cosas van bien. Y muchas veces es cierto. Más actividad económica suele ser una buena noticia. El problema aparece cuando confundimos crecimiento con fortaleza. Porque no siempre significan lo mismo.
Un territorio puede crecer durante varios años gracias a factores temporales:
- un buen ciclo de precios,
- una obra importante,
- un programa de apoyo,
- una inversión extraordinaria,
* una coyuntura favorable.
* Las cifras mejoran.
* La actividad aumenta.
El movimiento económico se hace visible. Pero debajo de esa superficie puede estar ocurriendo algo muy distinto.
- La producción local puede seguir siendo débil.
- Las cadenas de valor pueden seguir incompletas.
- La dependencia de factores externos puede aumentar.
- La infraestructura puede continuar rezagada.
Y las capacidades productivas pueden avanzar más lentamente que las cifras. Ahí aparece una diferencia fundamental.
El crecimiento mide movimiento.
La fortaleza mide capacidad. *Capacidad para sostenerse.
- Capacidad para adaptarse.
- Capacidad para seguir avanzando cuando las condiciones cambian.
Por eso algunos territorios parecen muy dinámicos durante una etapa y después enfrentan dificultades cuando el entorno deja de favorecerlos. El problema nunca estuvo en el crecimiento. El problema estuvo en la estructura que lo sostenía. Y una estructura débil termina revelándose tarde o temprano. Chiapas conoce bien esta realidad. A lo largo de los años ha tenido momentos de expansión económica en distintos sectores. Sin embargo, muchas veces esos avances no lograron transformarse en procesos duraderos. ¿Por qué? Porque el crecimiento no siempre estuvo acompañado de integración. Hubo actividad. Pero faltó articulación. Hubo movimiento. Pero faltó estructura. Y cuando la estructura es insuficiente, el impulso pierde fuerza con el tiempo. Aquí surge una pregunta que vale la pena hacerse: Cuando una economía crece, ¿qué está creciendo realmente? ¿La producción local? ¿La capacidad empresarial? ¿La integración regional? ¿La infraestructura?
¿Las cadenas de valor? ¿Las capacidades de su gente? Porque ahí es donde se encuentra la diferencia entre crecimiento momentáneo y desarrollo verdadero.
Las cifras muestran lo que está ocurriendo hoy. La estructura determina lo que puede ocurrir mañana.
Los territorios fuertes no son necesariamente los que crecen más rápido. Son los que construyen bases capaces de sostener su crecimiento durante muchos años.
Porque el desarrollo duradero no se parece a una carrera de velocidad. Se parece mucho más a una construcción paciente.
Y las construcciones sólidas siempre empiezan por los cimientos.
¡SÍ SE PUEDE . . .SI SE QUIERE!
¡CHIAPAS HERMANOS A LA OBRA!
Empresario, Editor, Periodista y Servidor Público*




