Por Ana Laura Romero Basurto
“ΓΝΩΘΙ ΣΕΑΥΤΟΝ”
Conócete a ti mismo.
Hay una batalla que no se ve… pero lo define todo. La que libras contigo mismo.
Porque solo quien se conoce, elige el bien incluso cuando nadie lo observa.
Y ahí… comienza la verdadera transformación.
En un mundo que exige resultados inmediatos, donde todo parece medirse en cifras, posiciones y reconocimientos, hay una pregunta silenciosa que pocos se atreven a responder: ¿quién soy realmente?
Hace más de dos mil años, en el templo de Delfos, una frase quedó inscrita para la eternidad: “Conócete a ti mismo”. No como una recomendación, sino como una advertencia. Porque quien no se conoce, fácilmente se pierde.
El filósofo Sócrates entendió que el mayor acto de sabiduría no es dominar el mundo exterior, sino comprender el interior. Y es precisamente ahí donde comienza el verdadero desafío de nuestro tiempo.
Hoy, más que nunca, vivimos hacia afuera: opinamos, señalamos, exigimos, construimos discursos… pero pocas veces nos detenemos a observar nuestras propias motivaciones, nuestras contradicciones y nuestras sombras. Y sin ese ejercicio, cualquier transformación es superficial.
Conocerse a uno mismo no es un acto cómodo. Implica reconocer errores, aceptar límites y enfrentar verdades que muchas veces incomodan. Pero también es descubrir la grandeza que habita en nosotros: la capacidad de elegir con conciencia, de actuar con integridad y de sostener nuestros principios incluso en la adversidad.
Desde una visión estoica, como bien lo planteaba Marco Aurelio, no controlamos lo que sucede afuera, pero sí cómo respondemos. Y esa respuesta nace del autoconocimiento. Sin él, reaccionamos; con él, decidimos.
En el servicio público, esta máxima cobra una dimensión aún más profunda. Porque gobernar sin conocerse es peligroso. Un servidor público que no ha trabajado en su interior es vulnerable a la tentación del poder, al ego, a la soberbia o a la corrupción. En cambio, quien se conoce, se gobierna primero a sí mismo… y solo entonces está en condiciones de servir a los demás.
La lucha contra la corrupción, por ejemplo, no es únicamente un asunto de leyes, sistemas o plataformas. Es, en esencia, un ejercicio ético. Y la ética comienza en lo más íntimo: en la conciencia de quién somos cuando nadie nos observa.
En esta Nueva ERA de Chiapas, donde el humanismo guía nuestras acciones y el principio de Cero Corrupción y Cero Impunidad marca el rumbo, el llamado es claro: antes de transformar instituciones, transformemos conciencias.
Porque un pueblo que se conoce a sí mismo es un pueblo más libre. Más justo. Más digno.
Y quizá, en medio de tantas voces externas, la más importante siga siendo la que susurra desde dentro.
Conócete a ti mismo.
Porque ahí comienza todo….




