EDITORIAL

Carlos Cruz “la quinta maravilla de Copainalá”

El alcalde de Copainalá salió muy gallito. En un video intentó desviar la atención de una denuncia pública en la que se le señalaba por presunto tráfico de influencias para favorecer la liberación de un presunto homicida. Se deslindó y, contra todos los pronósticos, acusó al Diario de Chiapas de decir mentiras.

En primer término, el alcalde se equivocó de canal al acusar con dolo a esta casa editorial de un hecho que no fue afirmado por ésta. Hay videos, fotografías y testimonios que dicen lo contrario. La corresponsalía únicamente se abocó a dar voz a los quejosos y asentó el hecho como tal. Ni más ni menos.

Pero eso no lo entiende, o quizá no quiere entenderlo, el edil. Lo esencial es que se le acusa de haber intercedido ante la justicia para favorecer la liberación de un presunto homicida. Las declaraciones del padre de la víctima están asentadas en la nota referida, publicada el martes pasado. Contrario a ello, muy envalentonado, como acostumbra cuando alguien le pone frente a la cara sus errores o cuestiona su prepotencia, Carlos Cruz difunde que decimos mentiras y que no investigamos.

Para acusar hay que presentar pruebas y, en este caso, enfocándonos en el tema del adolescente que perdió la vida en un accidente de tránsito, el alcalde, en lugar de atender el reclamo sobre su presunta injerencia para favorecer la liberación del señalado, se apresura a invitarnos a investigar.

Señor presidente municipal, en este caso no se trata de investigar. El hecho está ahí; la denuncia y la protesta no son un invento del Diario de Chiapas. Hay que tener un poco de vergüenza para asumir responsabilidades. Si en este caso no tiene nada que ver, entonces dígalo. Siéntese a dialogar con quienes le reclaman un presunto tráfico de influencias o, incluso, póngase a disposición de la autoridad judicial para que se emprenda una investigación sobre el caso. Pero no salga con la jalada de que esta casa editorial dice mentiras.

Si a esas vamos, ante las decenas de protestas que ha enfrentado su administración, hechos que también se han publicado en estas páginas, en ningún momento ha tenido la delicadeza de atender la petición de dar su versión. Siempre sale con su asistente para decir que está ocupado, que no se encuentra en la oficina o que no está en el municipio.

No se trata de buscarlo para incomodarlo, porque parece que toda crítica afecta sus emociones, sino de obtener su postura y una respuesta a la parte inconforme. Eso bastaría para aclarar situaciones o malos entendidos. Pero no. Su misión parece ser otra: victimizarse y no asumir su papel como representante del pueblo.

En su video, tramposamente, miente y actúa con dolo. Se dice incorruptible y asegura formar parte de una nueva clase política, bajo la premisa de que los tiempos han cambiado y de que su administración se rige por la política de cero corrupción.

Eso, claro, está por verse. Cuando las auditorías revisen su gestión, entonces podrá presumir de qué cuero salen más correas.

Mientras tanto, al revisar su historial en redes sociales, y sin tomar en cuenta lo que el Diario de Chiapas ha difundido sobre supuestas anomalías en su administración, vemos que, ante cada queja que ciudadanos de Copainalá le plantean y frente a su incapacidad para responder con hechos, se le hace muy fácil grabar videos para deslindarse de los problemas y hasta retar a quienes lo cuestionan.

La amenaza, interpretada como tal por una reacción que algunos podrían considerar de tono violento, parece ser su forma equivocada de intentar salir triunfalmente ante los medios y enviar a la ciudadanía el mensaje de que es un “alcalde perfecto”.

Bueno, sin profundizar demasiado en el recuento de hechos visibles en redes sociales sobre su comportamiento, que parece alejarse de la realidad que viven sus gobernados, la misma noche del miércoles pasado, en pleno parque y frente a la Presidencia Municipal, durante un operativo para retirar unidades automotoras que circulaban sin la documentación en regla, salió a la luz pública el reclamo de que existía selectividad en la maniobra.

Es decir, los agentes de Tránsito Municipal y elementos de la Policía detenían a mototaxis cuyos propietarios, según los inconformes, no lo habrían apoyado para llegar a la Presidencia Municipal. Pero ocurrió una equivocación: detuvieron e infraccionaron al sobrino del alcalde y ahí se armó la revolución entre los afectados y quienes denunciaban un supuesto trato preferencial.

De nada sirvió, en este caso, que saliera al rescate la delegación de la Secretaría de Movilidad para señalar que únicamente se habían detenido tres unidades por incumplir con la normatividad. Las denuncias a las que hacemos referencia están respaldadas en videos, audios y fotografías, por si el alcalde vuelve a decir que inventamos señalamientos en su contra.

Para sellar este lamentable episodio protagónico del alcalde Carlos Cruz Cruz, al reportero que funge como corresponsal de esta casa editorial no le corresponde ser deshonesto, mentiroso ni inventar notas, mucho menos aceptar que al Diario de Chiapas se le catalogue como una publicación carente de objetividad y transparencia en su función de generar información. No somos irresponsables, cínicos ni manipuladores.

Si usted quiere seguir culpando a terceros por su incompetencia, es muy su problema. Pero antes de volver a señalar o acusar sin razón, haga una retrospectiva de su función y verá que algo no está bien.

Y, sobre todo, no siga el ritual de algunos políticos de Morena que parecen traer pegado en la frente el logotipo de que son la quinta maravilla del mundo. En este caso, la quinta maravilla de Copainalá.

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