Sismos, oportunidad para la promoción de políticos aviesos
Como colofón a la situación política de pesadilla que dejó el dictador Nicolás Maduro, Venezuela ahora enfrenta un terremoto que la deja en la indefensión total. Su situación, similar a la que sufrió México en 1985, es catastrófica; sin embargo, no por ello hay que caer en la pesadumbre.
La solidaridad con Venezuela y con su gente debe ser permanente. No dude usted que ya hay políticos que ambicionan una posición en los comicios de 2027 y que estarán fraguando comités ciudadanos para colgarse medallas y reunir víveres con destino a Venezuela. Lo ideal sería que lo hicieran, pero sin buscar reflectores mediáticos, porque apoyar causas sociales en desgracia no requiere de oportunistas, aunque seguramente los habrá.
No es lo mismo que el Estado impulse una convocatoria de apoyo y solidaridad con Venezuela, a que lo hagan quienes persiguen un beneficio personal antes que un propósito humano y solidario.
Ahora bien, el sismo que ha devastado a Venezuela representa una alerta para México y para Chiapas, dado que la entidad se ubica en una zona influenciada por la interacción de la Placa de Cocos y la Placa Norteamericana. Ello implica que, en cualquier momento, pueda registrarse un sismo de gran magnitud.
No se trata de una situación de alarma, sino de una realidad de la que todos los chiapanecos deben ser conscientes. Por ello, hoy se valora aún más la experiencia vivida tras el sismo de 8.2 grados registrado el 7 de septiembre de 2017.
A pesar de su intensidad, aquel sismo no resultó devastador en gran medida para Chiapas, pero sí constituyó una advertencia para las autoridades y para la propia sociedad de que estamos expuestos a que, en cualquier momento, pueda ocurrir una desgracia de esa naturaleza.
Los especialistas han confirmado que no existe una fecha precisa para la ocurrencia de los sismos, pues, aun en plena era tecnológica, estos fenómenos no pueden predecirse. Lo que sí sostienen es que, debido al deterioro ambiental, las condiciones naturales son cada vez más impredecibles.
Es decir, no se sabe cuándo ni dónde ocurrirá el próximo gran movimiento telúrico; sin embargo, sí sabemos, porque así lo demuestra la experiencia, que los temblores son cada vez más frecuentes. La prueba está en que Chiapas figura entre los estados con mayor actividad sísmica del país, junto con Oaxaca y Guerrero, entidades que comparten la influencia de la Placa de Cocos.
Los científicos han documentado que la Placa de Cocos se hunde a una velocidad superior a 7.5 centímetros por año frente a las costas de Chiapas. Al chocar y atorarse con la placa continental, acumula una enorme cantidad de energía que, al liberarse de manera brusca, provoca los temblores. A ello se suma que en el territorio convergen los sistemas de fallas de Polochic y Motagua, provenientes de Guatemala, así como fallas locales importantes, como la del Cañón del Sumidero.
La advertencia no es nueva. Desde 2017, Chiapas ha retomado el tema de la prevención para que la población esté preparada ante un posible acontecimiento de esta magnitud. Sin embargo, la realidad demuestra que el miedo y la confusión son difíciles de controlar cuando ocurre un evento de tal naturaleza.
Lo que debe empezar a reconsiderarse, para casos de extrema urgencia, es que la ley exija que las nuevas construcciones, tanto de edificios como de conjuntos habitacionales, cumplan estrictamente con las normas de seguridad estructural.
En Tuxtla Gutiérrez, por citar un ejemplo, existen edificios antiguos que representan un peligro para quienes los habitan. En el sector educativo, personal adscrito a la Subsecretaría de Educación Federalizada labora en el inmueble ubicado en la Cuarta Norte Oriente, conocido como “El Edificio de la Muerte”. Como su nombre lo indica, representa un riesgo real para los trabajadores administrativos que permanecen ahí.
De ahí la importancia de vigilar las edificaciones, continuar capacitando a la ciudadanía y, sobre todo, esperar que nunca tengamos que enfrentar otra calamidad de esta magnitud, capaz de provocar la destrucción de viviendas y edificios, pérdidas humanas y profundos daños emocionales para quienes la padecen.
Y que, como ya se ha señalado, los políticos no anden aprovechándose del dolor ajeno ni presentándose como grandes gestores para llevar agua a su molino, aparentando ser generosos y solidarios cuando, en realidad, actúan con evidente oportunismo.




