Sí, Morales enloqueció; se destapó a la alcaldía de Tuxtla y manchó el evento de la presidenta
Cuando se trata de seguir aferrado a la mamazón, no hay autoridad ni ley que detenga la ambición desbordada y cínica del exalcalde de Tuxtla Gutiérrez, Carlos Morales Vázquez. Se ampara en la amistad que pregona a los cuatro vientos con la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, supuestamente a través de Antonio Santos Romero, para pisotear la ley electoral y evidenciar que las tareas que haga el órgano electoral lo tienen sin cuidado
Nada más tétrico y fuera de lugar que salir con un puñado de seguidores a caminar por las calles de la ciudad para demostrar su apoyo a la presidenta de México. Hasta ahí no habría ningún problema, porque tiene todo el derecho de manifestarse y hacer lo que le venga en gana.
Pero que al final de este recorrido se plante en un mitin de campaña y anuncie que seguirá el
“proyecto de ganar la encuesta para coordinar los trabajos de Morena en Tuxtla Gutiérrez y con ello ganar la candidatura de Tuxtla Gutiérrez”, si que no tiene madre.
Su descaro, desfachatez y retadora acción es un claro mensaje hacia el IEPC y al INE de que le vale un soberano cacahuate lo que de él piense o comenten en los pasillos políticos. Él está fijo en su propuesta de volver a ganar y háganle como quieran.
La deslealtad, el oportunismo, la irresponsabilidad y la violación a la ley electoral se conjugaron en una misma acción. Resulta que las mantas de apoyo que portaban estaban relacionadas con su movimiento “Recuperemos Tuxtla”, con el que busca impulsarse por tercera ocasión a la presidencia municipal de la capital chiapaneca.
De entrada, ¿qué tiene que ver una manifestación acompañada de porras y vivas a su nombre —gritadas por una treintena de seguidores que le seguían el juego— con un acto presidencial cuyo propósito es difundir los avances de la Cuarta Transformación durante los dos primeros años del gobierno federal?
Morales Vázquez parece consciente de que el tiempo político se le agota. Después de 2027 no sabe qué le depara el destino, especialmente cuando el proyecto de la Cuarta Transformación enfrenta cuestionamientos y quienes han sido señalados como traicioneros podrían quedarse sin margen de maniobra.
Tiene razón el periodista Pascual Cruz Galdámez cuando afirma que Carlos Morales Vázquez enloqueció. Está loco de poder, deschavetado por el poder. Durante los seis años que permaneció al frente del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez aprendió rápidamente a hacer negocios y a servirse del poder público.
Hoy, en su discurso contra las tareas del Ayuntamiento, intenta convencer a la ciudadanía de que los servicios públicos y la obra pública en la capital están “para llorar”. Lo que omite reconocer es que gran parte de esa situación es consecuencia de su propia gestión, una administración cuyos rezagos ahora intenta corregir el alcalde que lo derrotó políticamente y que, quizá por ello, lo tiene tan molesto: Ángel Torres Culebro.
Carlos Morales Vázquez sabe que dejó negocios inconclusos y muchos consideran que desea regresar para terminarlos en beneficio de sus propios intereses. Lo que la ciudadanía no alcanza a explicarse es por qué el órgano electoral ha sido tan condescendiente con este tipo de conductas.
Si el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana ya le hizo un extrañamiento por los actos anticipados relacionados con su movimiento, es momento de que el Consejo General ponga orden y envíe un mensaje claro de transparencia y juego limpio rumbo a las elecciones del próximo año. Lo sensato es que lo vete por las constantes violaciones a la norma electoral.
No resulta explicable que, en pleno evento de la mandataria federal y en una actividad organizada en la capital por el propio gobernador Eduardo Ramírez Aguilar para respaldar las políticas de Claudia Sheinbaum, actos políticos fuera de tiempo y promovidos por particulares terminen ensuciando la imagen presidencial.
Aunque dejó temporalmente sus funciones en la Comisión Nacional Forestal al tratarse de un día supuestamente inhábil, resulta sorprendente que Morales Vázquez sea tan descarado al intentar colgarse de relaciones políticas que, según presume ante sus correligionarios, lo respaldan.
Y sí, el ex presidente municipal está enfermo de poder. Desafió el evento central y también desafía la normatividad electoral establecida por el IEPC. Así como Ariadna Montiel ha demostrado capacidad para asumir responsabilidades dentro de Morena, también debería prestar atención a estos aspavientos mediáticos y a esta supuesta popularidad que Carlos Morales Vázquez intenta proyectar.
Está más que claro que, si realmente gozara del respaldo popular que presume entre los tuxtlecos, no habría sido acompañado únicamente por un pequeño grupo de personas dedicadas a corear consignas a su favor.
Sin duda, Morales Vázquez ha pecado de fanfarrón y engreído. Su actitud desafiante y su permanente necesidad de llamar la atención terminan retratándolo como un personaje arrogante, acostumbrado a presumir de sí mismo, pero incapaz de tolerar las críticas cuando se le recuerdan los pendientes y señalamientos de su administración. Tanto es así que parece dispuesto a desquitarse con cualquiera que se cruce en su camino.
Lo cierto es que, sin margen para interpretaciones, terminó manchando un evento político que tenía como figura central a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.




