Cafetómano.

Bernardo Figueroa.

La herencia crítica de Rosario Castellanos encuentra eco en Chiapas

Se cumplieron 101 años del natalicio de Rosario Castellanos, la mujer extraordinaria que desnudó la hipocresía del poder. Su pluma retrató un Chiapas donde las élites ejercían el mando con indiferencia hacia los indígenas y las mujeres. En Balún Canán y Oficio de tinieblas, la injusticia no era un accidente. Era el producto de un andamiaje que disfrazaba de legalidad la explotación y el racismo estructural. Castellanos desconfiaba del discurso oficial porque veía tras él relaciones de dominación que silenciaban a los más vulnerables. Hoy, en el marco de esa memoria incómoda pero necesaria, el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar afirmó que su administración honra ese legado con hechos. La pregunta inevitable es si la política actual de Chiapas dialoga de verdad con aquella crítica feroz o si solo la envuelve en un homenaje decoroso. Al revisar las acciones emprendidas, encuentro indicios de una respuesta sustantiva.

El primer eco está en la estabilidad política construida desde la legalidad. La corrupción estructural que Castellanos hubiera calificado de pecado público se combate con una limpia profunda en las instituciones. Se han fortalecido los mecanismos de transparencia y se castiga el abuso de autoridad que ella documentó como cotidiano. Las tensiones entre gobierno, terratenientes y comunidades que narraba la autora han dado paso a un modelo donde los pueblos indígenas son consultados y su autonomía se respeta en los hechos.

La igualdad de género, una de sus luchas más personales, dejó de ser promesa. La administración de Ramírez Aguilar incorpora la perspectiva de género en cada decisión y los cargos de poder se abren a las mujeres como una realidad medible. Disminuir la desigualdad social es otra línea que recuerda su insistencia en que la pobreza y la exclusión no son fatalidades; son fracturas de un sistema que se niega a compartir la dignidad.

El fortalecimiento de la ética pública es quizá el punto donde la herencia de Castellanos se vuelve cotidiana. Gobernar sin privilegios, con austeridad y con la mirada puesta en quien nunca tuvo voz, es la traducción administrativa de aquello que ella exigía desde la literatura. La cultura ha dejado de ser adorno para convertirse en un derecho que recorre las comunidades, como ella soñó en sus andanzas por los Altos.

No pretendo afirmar que Chiapas haya superado todas sus sombras. La historia pesa. Sin embargo, se percibe que la acción gubernamental ha asumido la crítica de Rosario Castellanos como una guía. Las acciones del gobernador Eduardo Ramírez demuestran que la justicia se construye en los territorios donde Balún Canán sigue hablando, ahora con una autoridad que escucha y resuelve. Celebrar a Rosario Castellanos desde la acción gubernamental significa aceptar que la literatura anticipó la agenda de un Chiapas más justo y más humano. Rosario Castellanos nos enseñó a desconfiar de las apariencias. Por eso vale la pena mirar con sus ojos lo que hoy ocurre en Chiapas. Y en esa coincidencia, entre el pensamiento crítico de una mujer genial y las acciones de un gobierno que busca honrarla, hay una esperanza concreta. Y hoy, desde la trinchera del poder, se le responde con obras que ella habría abrazado. Esa coherencia entre pensamiento y gobierno es la mejor ofrenda en su centenario y un año más.

ANDREA MENA ÁLVAREZ, UNA CANDIDATURA QUE REMUEVE LA HISTORIA DE LA UNACH.

El proceso de renovación en la Unach suele ser de pasillos, acuerdos discretos y perfiles que transitan en alfombras de terciopelo para que la Junta de Gobierno emita su veredicto. Este año, las candidaturas únicas, disfrazadas de unidad, terminaron con la académica e investigadora Andrea Mena Álvarez, que formalizó su registro como aspirante a la rectoría, un gesto que desafía una inercia de más de cinco décadas. Nunca una mujer ha ocupado el máximo cargo en la Unach. Ella lo sabe, lo menciona sin aspavientos y lo convierte en punto de partida para hablar de liderazgos distintos.

Mena Álvarez insiste en mirar más allá de las aulas. Chiapas arrastra indicadores de pobreza, rezago educativo y compleja articulación territorial. La universidad, dice, no puede permanecer ajena. Su argumento se sostiene en una trayectoria que abarca treinta años de docencia e investigación, con estudios desde contaduría pública hasta un doctorado y postdoctorado en educación y gobernanza pública. Ese andamiaje le permite hablar con solvencia de planeación institucional y políticas públicas. Sobre todo, le permite plantear que la Unach debe anticiparse a los cambios sociales y tecnológicos, en lugar de reaccionar cuando los problemas ya están encima.

El mecanismo de designación es poco conocido fuera de la comunidad universitaria. Aquí no hay urnas ni campañas abiertas para que vote la comunidad universitaria; no se puede hablar de democracia. La Ley Orgánica establece que la Junta de Gobierno evalúa expedientes, trayectorias y proyectos. Se valora experiencia docente comprobable, residencia en el estado y conocimiento profundo de la institución. Mena Álvarez conoce esas reglas, por eso repite que quien asuma la rectoría debe entender la universidad desde sus cimientos.

La candidatura de Andrea Mena remueve, además, un debate incómodo pero necesario. La historia de la rectoría ha sido exclusivamente masculina. Las mujeres han estado en las aulas, laboratorios, coordinaciones, secretarías, pero nunca al frente del timón institucional. Ella lo señaló al registrarse. El actual proceso abre oportunidad para discutir liderazgos que no se midan por la costumbre. Evita los discursos triunfalistas. Habla de responsabilidad, visión de futuro y de una universidad que fortalezca su participación en el desarrollo estatal. Las instituciones educativas, sostiene, tienen la obligación de responder a la realidad que las rodea, una realidad que en Chiapas duele y urge. Faltan pocos días para que la Junta de Gobierno dé a conocer su decisión. Andrea Mena Álvarez ya puso su trayectoria sobre la mesa. Ahora le toca al órgano colegiado decidir si la Unach está lista para escribirse en femenino.

Desde el Café: Que en la última venta de espejitos de Coladeral, le presentaron dos joyas al humanismo. La primera es un exdiputado local sabinista, que estuvo vinculado a proceso penal por el delito de uso indebido de atribuciones cuando fue delegado de la SAGARPA, derivado de una denuncia realizada por la Auditoría Superior de la Federación. La otra es uno de los primeros que destituyeron en la nueva Era por andar enamorando a atletas menores de edad. Esa gran estructura de simuladores está compuesta por pura chulada… El titular de la Secretaría de Seguridad del Pueblo (SSP), Óscar Alberto Aparicio Avendaño, se reunió con la Cónsul de Israel en México, Hila Burg, en donde destacó que gracias a la estrategia de seguridad que impulsa el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, y la estrecha coordinación interinstitucional, Chiapas hoy es referente a nivel nacional en seguridad, con mayor disminución en la incidencia delictiva… El Fiscal General del Estado, Jorge Luis Llaven Abarca, acompañado de la señora Lupita Gómez y el coordinador general de Prevención Social de la Violencia con Participación Ciudadana, Ciro Sales Ruiz, instalaron el Comité Ciudadano de Prevención de la Violencia en la colonia Las Granjas; ahí, el fiscal Llaven señaló la importancia de promover la participación ciudadana para contrarrestar los distintos tipos de violencia… ¿Será verdad que Chiapas extrañó a Rutilio Escandón? Con eso de que hizo falta que alguien avisara a la aldea que iba a caer un pijazo de agua.

Para terminar: “La corrupción no es solamente robar; es también la indiferencia”. Lo dijo Rosario Castellanos.

Son cuestiones del oficio, sigue sin ser nada personal.

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