No es que se tenga como “cliente consentido” a Gerardo Fernández Noroña para estar criticando sus inusuales comentarios y, al mismo tiempo, su forma de llamar la atención; sino que su conducta ya sobrepasó los límites de la prudencia y del respeto. El abuso es la constante, pero lo peor —y ahí está el problema— es que su partido y el sistema político que gobierna el país lo consienten, le permiten ejercer violencia de género y ni siquiera es merecedor de una llamada de atención por la bajeza con que se conduce el senador de los reflectores.
Llamar fascista y “ambiciosa del poder” a Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan, Michoacán, por exigir que se investigue a tres miembros de Morena como posibles autores intelectuales del asesinato de su esposo, Carlos Manzo, es un sinsentido, una maniobra populista para llamar la atención y dejar sembrado el concepto en la mente del ciudadano, aunque éste no sepa a ciencia cierta qué significa.
En los diccionarios y en las plataformas digitales, el término “fascista” implica adherirse a una ideología y sistema político de extrema derecha, caracterizado por el autoritarismo y el totalitarismo. Esto se traduce en la supresión de libertades individuales, políticas y de prensa; en un gobierno que ejerce poder ilimitado y en la exaltación del nacionalismo. Es decir, se está errado en lo que rodea este concepto.
Hasta ahora, Grecia Quiroz, la viuda, ha sido calumniada por Noroña al afirmar que la mueve el deseo de poder para ser gobernadora de Michoacán. Lo mínimo que podría hacer la señora ofendida sería alcanzar el poder justamente para enderezar ese estado agrietado por la pobreza, infiltrado por grupos criminales y encabezado por un gobierno cuya percepción de corrupción se siente en todo el territorio.
Si a Grecia las circunstancias la llevaran a gobernar, quizá en primera instancia pareciera lo mejor, porque el beneficio de la duda permanecería latente para ver si Michoacán se encamina hacia el bien. Lo mismo pasó con Morena cuando llegó al poder: la gente se ilusionó, se entusiasmó con la promesa de un cambio radical en beneficio de quienes menos tienen, pero parece que la decepción ha sido mayor.
Entregar becas o dinero en efectivo no significa salir de la pobreza ni lograr mayor estabilidad; es, simplemente, tener el control de las masas. Esa es la apuesta y, en ese sentido, no hay nadie que diga lo contrario, aunque la orden sea defender el desarrollo disfrazado.
En este avasallamiento de Fernández Noroña hay un silencio oficial, un encubrimiento hacia los generadores de violencia de género. Tan delicadas fueron las declaraciones del senador que hasta los propios periodistas de la fuente del Senado se negaron a acompañarlo en la conferencia a la que convocó. Sin ningún prejuicio, el desolado salón sirvió para que el legislador volviera a arremeter contra Grecia Quiroz, justificándose con que decir que busca la gubernatura no es ningún delito.
La respuesta de los adversarios no se hizo esperar, y solo faltó que le dijeran de qué se va a morir Noroña. Tan decadente está el discurso oficial que la propia presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez, prefirió callar cuando le preguntaron su opinión sobre lo dicho por su compañero de partido y de bancada.
Además, no creemos que la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum haga recapacitar al senador, aunque rechazó las declaraciones fuera de lugar de Noroña respecto a Grecia Quiroz, viuda de Carlos Manzo, a quien pidió tener sensibilidad en estos momentos debido a que “acaba de perder a su esposo”.
“En estos casos hay que respetar. La esposa del alcalde, hoy alcaldesa de Uruapan, no está pasando por un momento fácil; acaba de perder a su esposo”. A esta postura, el silencio. Lo cierto es que la cobardía de Fernández Noroña muestra, en realidad, el talón de Aquiles de un personaje político que busca estar a como dé lugar en boca de todos, así lo corran de sus conferencias o le interrumpan las disertaciones bravuconas que hace en las escuelas donde lo invitan.
Sin embargo, no pasará nada. Seguiremos atestiguando escenarios bochornosos que se protegen —y, podríamos decir, hasta se impulsan— desde el poder. Hoy explotan la imagen de Fernández Noroña, la cual sigue un patrón de dominio entre los mexicanos y continuará vigente hasta que no exista respeto por el dolor humano, usado como causal de empoderamiento, como suele practicar el senador de la confrontación.
En otras entregas se ha dicho que ciertos políticos no tienen madre, y en el caso del senador, efectivamente, él mismo pregona que no la tiene; que sus recuerdos rondan alrededor de su abuela. Pero al parecer, de ella también ya se olvidó. Lo que es el poder.




