Por J. Eduardo Pineda Arenas
4,679 CARACTERES
Podemos disponer de mucho dinero y, aun así, transformar poco. Porque invertir bien no consiste solamente en construir: también significa identificar qué capacidad hace falta primero para que después puedan llegar la producción, la inversión privada y el empleo.
*Decimotercera Ley del Liderazgo Estratégico Territorial*
La inversión pública más productiva no siempre es la obra más grande. Es aquella que elimina primero el obstáculo que impide que muchas otras inversiones puedan ocurrir.
Durante años hemos asociado inversión pública con obra. Carreteras. Puentes. Hospitales. Escuelas. Parques industriales.
Todo puede ser necesario.
Pero quizá nos falta una pregunta:
¿Qué queremos provocar después de invertir?
Porque una obra terminada y una capacidad funcionando son cosas diferentes.
* Podemos construir un parque industrial. Pero necesitará energía, agua, logística, conectividad y trabajadores preparados.
* Podemos atraer una empresa con tecnología de última generación. Pero alguien tendrá que operarla, mantenerla y mejorarla.
Y ahí regresamos a la educación de la que hablamos durante las últimas semanas.
Tapachula ya tiene universidades, tecnológicos y centros de capacitación.
Entonces sería demasiado sencillo concluir que, si necesitamos capital humano, debemos construir más escuelas.
Quizá la respuesta sea otra:
conectar mejor lo que ya tenemos con lo que queremos llegar a ser.
Los centros educativos tienen una responsabilidad estratégica: observar qué está demandando actualmente el territorio y anticipar qué conocimientos necesitará dentro de cinco, diez, o más años.
1. Agroindustria.
2. Automatización.
3. Mecatrónica.
4. Logística.
5. Cadena fría.
6. Energía.
7. Mantenimiento.
8. Comercio exterior.
9. Idiomas.
10. Datos.
11. Inteligencia artificial.
La educación difícilmente podrá reproducir dentro de un salón de clases toda la realidad de una operación productiva.
Y tampoco tendría por qué hacerlo sola.
Ahí comienza la responsabilidad de la empresa.
*La escuela puede enseñar a comprender. La empresa puede enseñar a operar. El desarrollo necesita construir el puente que convierta ambas cosas en una sola capacidad. *
Imaginemos que una empresa recibe cada año jóvenes recién egresados.
En lugar de preguntar únicamente:
“¿Por qué no llegan con experiencia?”
podría hacerse otra pregunta:
¿Cuántos de ellos podrían convertirse en la planta laboral que necesitaré mañana si comienzo a formarlos hoy dentro de mi propia operación?
Entonces la práctica profesional deja de ser solamente un requisito escolar.
Se convierte en una inversión empresarial.
La empresa conoce al joven.
Lo prueba.
Lo especializa.
Le transmite su tecnología, sus procedimientos, su cultura y sus estándares.
Y al mismo tiempo va formando un semillero propio de trabajadores adaptados precisamente a su actividad.
Todos ganan.
* La universidad acerca a sus estudiantes a la realidad productiva.
* El joven transforma teoría en experiencia.
* La empresa desarrolla talento.
Y el territorio acumula capital humano.
Aquí aparece otra manera de entender la inversión pública.
Quizá antes de construir otro edificio debamos invertir en *hacer funcionar el puente*.
1. Programas de formación dual.
2. Laboratorios compartidos.
3. Certificaciones.
4. Estadías verdaderamente productivas.
5. Equipamiento especializado.
6. Incentivos para empresas que formen jóvenes.
7. Información permanente sobre los perfiles laborales que el territorio necesitará.
Y una mesa donde empresarios y educadores puedan decirse mutuamente:
esto es lo que estamos enseñando; esto es lo que estamos necesitando; esto es lo que necesitaremos mañana.
Eso también es infraestructura.
No necesariamente se inaugura con una placa.
Pero puede determinar si una inversión futura llega o se instala en otro lugar.
Porque cuando esa gran empresa que esperamos finalmente mire hacia Tapachula, preguntará por energía, agua, logística, seguridad y costos.
Pero también preguntará:
*¿Dónde está la gente que necesito? *
Y para entonces será demasiado tarde para comenzar a formarla.
Por eso gobierno, centros educativos y empresas tienen que comenzar antes.
* La educación preparando conocimientos para el territorio que viene.
* La empresa convirtiendo esos conocimientos en experiencia real.
* Y el gobierno ayudando a construir el puente entre ambos.
Quizá ésa sea una de las inversiones productivas más baratas y poderosas que podemos comenzar a hacer desde ahora.
Porque no siempre necesitamos empezar construyendo algo nuevo.
A veces necesitamos conseguir que lo que ya tenemos empiece a trabajar junto.
*El capital humano que necesitaremos mañana se construye cuando la escuela enseña lo que viene y la empresa abre hoy la puerta donde ese conocimiento aprende a trabajar. *




