Razones

Gobernar con la corrupción

Jorge Fernández Menéndez

                                       “Si no les gustan mis

principios, tengo otros”

Groucho Marx

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“La izquierda mexicana está en proceso de extinción”, sentencia Roger Bartra en una muy buena entrevista en El Universal. Tiene toda la razón: se extingue la izquierda y lo hace consumiendo todo lo que está a su alrededor. Lo que estamos viendo en el INE con los escándalos que se le acumulan a su presidenta Guadalupe Taddei es la mejor demostración de cómo la destrucción institucional generada por los gobiernos de la 4T ha desencadenado un deterioro de los funcionarios y las instituciones (casi todas) inocultable. Los personajes que resumían de su superioridad política se encuentran hoy marcados por la derrota moral del lopezobradorismo, comenzando por el propio entorno del expresidente.

Ayer la presidenta Claudia Sheinbuam decía, en una ciudad asolada por el crimen, Apatzingán, que “la autoridad moral viene de la honestidad. No queremos corrupción… la honestidad es nuestra mayor defensa. La autoridad moral, ética viene de ahí. La mejor defensa de nuestra soberanía viene de ahí. La mejor defensa de nuestros principios viene de ahí».

Tiene razón en un punto: nada vulnera más a la soberanía nacional que la corrupción ejercida en forma sistemática por los funcionarios del gobierno, nada está más lejos de los principios de “no robar, no mentir, no traicionar” que lo que estamos viendo en los últimos meses, pero que comenzó el sexenio pasado. Al mismo tiempo que hablaba Sheinbaum en Apatzingán, en la ciudad de México, una conferencia remota, Guadalupe Taddei, acosada por todo tipo de denuncias, con “París a sus pies”, exclamaría el contratista y novio, les decía a los consejeros electorales del INE (la mayoría de ellos quieren su renuncia) que “no estaba preocupada por las acusaciones” de conflicto de interés y corrupción, por lo que sólo hay que «esperar» a que las cosas se «enfríen» y subrayó: “no me voy”.

Lo de Guadalupe Taddei en el INE es paradigmático: mil veces se dijo que la operación que estaba haciendo el gobierno en el Instituto despojándolo de su autonomía, desarticulando el servicio electoral de carrera, demeritando la imparcialidad de sus consejeros, colocando en esas posiciones a notorios militantes del partido, algunos sin el suficiente conocimiento de las propias normas electorales, destrozarían la respetabilidad y consenso que había logrado el IFE y luego el INE desde su creación.

La elección de Taddei como presidenta del INE, sin tener los méritos para ocupar esa posición; por su pasado y el de su familia insertados de lleno en los gobiernos de Morena, sobre todo en Sonora; por su cercanía política con el gobernador Alfonso Durazo, presidente del consejo político nacional de Morena, la descalificaban para ocupar esa posición. Lo dijimos, muchos, desde el día de su designación. Peor aún: durante su gestión la propia Taddei fue vaciando al INE, designando a dedo a funcionarios cuando no obtenía consensos, tomando en sus manos una enorme cantidad de decisiones que antes se asumían en forma colegiada, comenzando por las licitaciones que la presidenta otorgaba en forma discrecional entre sus amigos, socios y novio: todo eso terminó en el escándalo actual que debería obligar a su salida inmediata del Instituto y en una investigación profunda sobre los malos manejos que se dieron durante su gestión.

Porque existe otra tentación: utilizar la crisis no para acabar con la corrupción y volver a legitimar al Instituto, sino para acabar con el propio INE, con lo poco o mucho que queda de aquella institución electoral que enorgullecía a muchos mexicanos y que hoy parece un apéndice más de la 4T. Regresar, como se ha hecho en muchas otras instancias, a las instituciones, las formas, las políticas, del viejo priismo de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo. Regresar a aquella Comisión Federal Electoral que presidía Gobernación y que organizaba las elecciones desde el propio gobierno, un mecanismo que pasó a mejor vida después de los comicios de 1988. Treinta años después, llegaba López Obrador al gobierno, gracias a esas nuevas instituciones electorales y desde entonces se dedicó sistemáticamente a destruirla. Mussolini decía que necesitaba la elección que lo consolidó en el poder, en 1928 con un extraordinaria sobre representación legislativa, para que nunca más volviera a haber una elección.

Bartra en la entrevista citada, concluye que todo “es una gran mentira. El gobierno de México es de derecha, conservador, y tiene esas peculiaridades que continúan de la época del PRI y que son propias del nacionalismo, que aparenta una especie de izquierdismo y oculta una condición fundamentalmente reaccionaria y de derecha, que es lo que caracteriza al populismo de López Obrador y de Claudia Sheinbaum”.

María Corina Machado

La dirigente opositora venezolana, María Corina Machado ha regresado a Venezuela y ello debería ser el inicio del fin de la dictadura chavista, que intenta perpetuar entregando lo que sea a Donald Trump, la sucesora Delcy Rodríguez. La información, al momento de escribir estas líneas, apenas se acababa de confirmar. Pero no deja de ser una gran noticia el regreso a su país de la ganadora del Premio Nobel hace dos años. Quizás no es coincidencia que sea el mismo día en el que se el largo ciclo en el poder de Lula da Silva en Brasil se prolongó sorpresivamente.

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