Razones

La caída de Ovidio, la estrategia de Rubio

Jorge Fernández Menéndez

Dentro de exactamente diez días se dará a conocer la sentencia contra Ovidio Guzmán López, el hijo de Joaquín El Chapo Guzmán y Griselda López, el primero detenido en la cárcel de altísima seguridad de Florence en Colorado, la segunda viviendo en Estados Unidos como parte de los acuerdos de colaboración que establecieron sus hijos Ovidio y Joaquín con las autoridades estadounidenses.

El caso de Ovidio Guzmán es clave porque cruza todo el sexenio de López Obrador, desde la explosión del tráfico de fentanilo en el que Ovidio estuvo directamente relacionado, pasando por el culiacanazo, la primera gran demostración de que la política de abrazos y no balazos se había impuesto en la administración López Obrador, hasta su detención en Jesús María, en enero de 2023 cuando el ejército mexciano, con el único operativo de esa magnitud realizado el sexenio pasado, lavó la afrenta que le había ocasionado el culiacanazo.

Se dijo en días pasados que la detención de Ovidio fue la demostración de que el ex presidente López Obrador no fue condescendiente o cómplice de grupos criminales. En realidad, se trató de algo completamente diferente, y eso se puso de manifesto con la decision de Ovidio de no frenar su extradición a Estados Unidos y convertirse en testigo protegido.

A Ovidio Guzmán, después del culiacanazo, le ocurrió algo similar a lo que le pasó a su padre, el Chapo Guzmán, después de su segunda segunda fuga en el penal del Altiplano: se convirtió en un personaje perseguido y que operativamente estaba desactivado de las principales áreas de la organización que manejaba su medio hermano Iván Archivaldo. Mientras el Chapo era el hombre más buscado del mundo y organizaba citas con Sean Penn y Kate del Castillo, el operador del cartel durante todos esos años fue el Mayo Zambada. Lo mismo sucedió con Ovidio, pasó de ser un operador clave en el tráfico de fentanilo a perder protagonismo porque se sabía que estaba en la mira de los Estados Unidos y del ejército mexicano.

Quienes manejaban el cartel y tenían la relación con el gobierno de Rocha y los funcionarios que ahora están acusados era Iván Archivaldo y su otro hermano, Alfredo, y por eso mismos comienzan las divisiones entre los medio hermanos. Iván era el verdadero líder de la organización y el que se sentía el heredero de su padre. Ovidio y Joaquín parecían, y demostraron serlo, más débiles y prefirieron aceptar su culpabildiad en Estados Unidos que entrar en una guerra interna. Griselda, que manejaba buena parte de las rleaciones políticas de su ex esposo y de sus hijos, también buscó refugio en Estados Unidos. Y el hecho es que la concentración de poder de Iván y la colaboración con las autoridades de Ovidio y Joaquín fue uno de los capítulos determinantes para la alianza que se dio entre diferentes grupos y el Mayito Flaco, el hijo de El Mayo, para tener hoy a Iván y los Chapitos contra las cuerdas.

En ese contexto se da el operativo militar en Jesús María en enero de 2023, sólo equiparable al que se realizó para intentar detener a Nemesio Oseguera, el Mencho años después y que acabó con la detención de Ovidio. Ese operativo fue el que probablemente cambió la correlación de fuerzas dentro del cártel de Sinaloa y comenzó la reconfiguración que hoy vemos en el crimen organizado en el país. Pero esa acción debe estar plenamente en el haber del ejército mexicano.

La coalición de Rubio

Habrá que aquilatar con el tiempo la trascendencia del discurso de ayer de Marco Rubio en el lanzamiento de una red internacional de lucha contra lo que llama el terrorismo internacional de izquierda que engloba dijo Rubio, a “anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”.

Ahí participó también el secretario de Tesoro, Scott Bessent, fue tan claro como Rubio: “identificaremos, dijo, la financiación ilícita, por muy hábilmente que se oculte. Desmantelaremos las redes que alimentan el terrorismo político, por muy respetables que parezcan sus fachadas. Perseguiremos a quienes fomentan la violencia política, por muy lejanas que sean sus jurisdicciones”.

Es probablemente uno de los pasos más firmes de Rubio perfilándose para la sucesión de Trump en 2030, pero tambien es parte de una estrategia que la Casa Blanca y el departamento de Estado han seguido con precisión desde el regreso de Trump al poder. Quien crea que eso no tiene nada que ver con México o que cambiará con el resultado de las elecciones de medio término en noviembre próximo no está leyendo la realidad.

La detención de Ruffo Appel

No sé si Ernesto Ruffo Appel, que fuera el primer gobernador de oposición, en Baja California, en 1990, es o no resposnable de los delitos de los que se le acusa. Me llama la atención que haya sido detenido exactamente en medio de la crisis del gobierno de Marina del Pilar en ese mismo estado y también de importantes movimientos internos en la FGR. También llama la atención que una vez más, el gobierno es ágil y puntual en la detención de sus opositores, mientras que en las filas del oficialismo, comenzando por el gobernador Rocha Moya, lo que existe es una defensa que sobre pasa cualquier límite.

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