No hay un solo movimiento
Jorge Fernández Menéndez
Decían en los 80 que toda izquierda era divisible por dos. Al final, en el escenario quedarán por lo menos dos o varias Morenas. Morena no es un partido, es una conjunción de personajes, sectores, minipartidos, que se unieron legítimamente tras la búsqueda de un espacio central de poder.
La propia lógica de López Obrador, como se explica al detalle en el libro Ni venganza ni perdón (Planeta, 2026) que escribimos junto con Julio Scherer Ibarra, era alcanzar el poder y en el camino aliarse con quien fuera necesario: así llegaron gobernadores impresentables como Cuauhtémoc Blanco o Rutilio Escandón, Layda Sansores, o el propio Adán Augusto López, hubo alianzas con anteriores enemigos como Manuel Bartlett o Alejandro Gertz, y muchas otras designaciones en su gobierno, marcadas por dos cosas: la exigencia de lealtad más que de capacidad y que esas incorporaciones movieran el tablero del poder.
Que la enorme mayoría de los gobernadores o presidentes municipales salidos de Morena exhiban tal nivel de incapacidad o de corrupción no es casual, surgieron en su mayoría de esa lógica, y en ella llegar al poder no era una siempre una convicción ideológica sino una forma de utilizar el poder para objetivos personales, sean políticos o simplemente materiales.
Y eso es lo que estamos viendo con una presidenta Sheinbaum que personalmente no creo, Scherer también lo ve así en el libro, que esté en esa lógica oportunista, pero a la que se ve atrapada en la tarea de gobernar, mantener unidas sus fuerzas en un contexto de tendencias centrífugas, que busca, me imagino, imponer sus candidaturas para el 2027 y no caer en la trampa que le están poniendo en la reforma electoral, y compaginar en el 2027 además de la elección federal y local, la judicial junto con la revocación de mandato.
Hoy, la presidenta Sheinbaum tiene un equipo personal pequeño (varios de los que están en presidencia incluso no responden a ella sino a Palenque, Jesús Ramírez y su gente hasta van a grabar los videos del expresidente en el rancho chiapaneco), tiene el apoyo real de un puñado de miembros del gabinete, particularmente del área de seguridad y hacendaria-económica, cuenta con la lealtad que siempre le han dado los mandos militares al jefe del ejecutivo, pero no tiene control del congreso y de varios gobernadores.
En ese contexto tiene que elegir sus batallas y alejarse del ruido y los conflictos que le generan los que se dicen los puros de la 4T. La gobernadora Layda Sansores ha roto con su congreso, controlado por Morena, los amenaza con meterlos a la cárcel y además rompe con Ricardo Monreal, líder de la cámara de diputados cuando éste le recomienda respetar la división de poderes. Lo hace, como hace todo Sansores, agrediendo e insultando. La denuncia contra Hernán Bermúdez Requena y Adán Augusto López en Tabasco no nació de la oposición, sino del gobernador, también de Morena, Javier May, que los denunció por ser parte del cártel de la Barredora. El capítulo del contrabando de combustible nació de una investigación de la secretaría de seguridad ciudadana de Omar García Harfuch en colaboración con Estados Unidos y llegó hasta los dos contraalmirantes Farías, los sobrinos del almirante Rafael Ojeda, secretario de la Marina el pasado sexenio, y ya no pudo avanzar más, porque se decidió no hacerlo. Jesús Ramírez se queja de que no hay pruebas en su contra sobre el fraude de 27 mil millones de pesos en las dobles liquidaciones de los trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, pero, como lo mostramos, fue el propio presidente López Obrador el que le encargó esa tarea en octubre de 2021, y fue la secretaria anticorrupción, Raquel Buenrostro la que en una mañanera de hace unos meses denunció el fraude que se había cometido en esa operación. Lo que no hizo fue citar a Ramírez. En su carta Ramírez llega al ridículo de decir que nunca ha manipulado preguntas en la mañanera, que no tiene bots ni youtuberos que responden a sus órdenes, como si no lo hubiéramos comprobado, día a día, durante siete años y medio.
Hay personajes como Epigmenio Ibarra que descalifican, insultan, agreden en nombre de la revolución, pero, otra vez el interés personal, olvidan que el gobierno le regaló a su empresa un préstamo, con recursos federales, de 150 millones de pesos que nunca ha pagado, mientras recibe contratos de trabajos para el gobierno. Y ni hablar de Gerardo Fernández Noroña.
Y hay muchos más. Hablan de traiciones, arremeten contra quienes los exhiben, pero se quedan en eso, en la indignación y los adjetivos, mientras conscientemente debilitan a la presidenta Sheinbaum, porque su apuesta está en Palenque y en los cercanos al ex, para ahora, para el 2027 y para el 2030. Esa es la verdadera lucha por el poder que se vive hoy en México.
Hago una reflexión en el libro. Dice así: “quizás en el caos presente puede existir un orden de esencia misteriosa, más oscura de la que se percibe en la superficie. En el ejercicio del gobierno -más aún en uno como el del gobierno de López Obrador, que provenía de heterodoxas fuentes del movimiento y con un estilo personal de gobernar tan peculiar del mandatario- las contradicciones eran inevitables y los choques desde la consejería jurídica, con su amplísima gama de responsabilidades, con otros funcionarios, también lo eran. El caos era el orden en el que se operaba”. Parece ser la norma hoy.




