Malos Fiscalistas: El costoso Problema que Crece en la Sombra
Por: José Luis León Robles
dj_drdead@hotmail.com
En un mercado donde la correcta gestión tributaria puede significar la supervivencia de un negocio, la figura del asesor fiscal debería ser sinónimo de confianza, transparencia y profesionalismo. Sin embargo, un número creciente de contribuyentes está descubriendo que no todos los fiscalistas cumplen con estos estándares. Los llamados “malos fiscalistas” se han convertido en un problema silencioso pero cada vez más extendido, generando pérdidas económicas, litigios y una profunda desconfianza hacia el sector. Los errores que se pagan caro, los especialistas consultados coinciden: la falta de actualización normativa, la improvisación y las prácticas negligentes son las principales causas de los problemas. En un entorno regulatorio donde las leyes fiscales cambian con frecuencia, un error puede traducirse en multas significativas o incluso en responsabilidades penales. Llegan clientes con sanciones que se habrían evitado con una simple verificación, explica un auditor independiente. “Lo más preocupante es que muchos de estos fiscalistas actúan sin formación adecuada o sin revisar la documentación básica”. Uno de los patrones más frecuentes entre los malos fiscalistas es ofrecer soluciones “mágicas”: deducciones imposibles, esquemas agresivos o atajos que prometen grandes ahorros. En la mayoría de los casos, estas prácticas terminan siendo detectadas por la autoridad tributaria, dejando al contribuyente expuesto. Empresarios afectados relatan que, además del daño económico, la sensación de haber sido engañados por alguien en quien confiaron es uno de los mayores golpes. Las micro y pequeñas empresas son las más vulnerables. Sin departamentos contables robustos o abogados internos, dependen completamente del criterio del asesor. Cuando las cosas salen mal, la capacidad financiera para afrontar un procedimiento de regularización es limitada. Muchos negocios terminan cerrando por multas acumuladas que superan su liquidez. Un sector que exige profesionalización, expertos en materia tributaria señalan la urgencia de reforzar los requisitos para ejercer como asesor fiscal. Aunque existen asociaciones y colegios profesionales que ofrecen certificaciones, su adhesión no es obligatoria. Mientras cualquiera pueda llamarse fiscalista sin un control riguroso, los contribuyentes seguirán en riesgo. El aumento de casos de mala praxis fiscal refleja una problemática profunda que afecta tanto a contribuyentes como a la economía en general. La profesionalización del sector, la formación continua y la supervisión institucional aparecen como urgencias ineludibles. Mientras tanto, la recomendación para los contribuyentes es simple: elegir con cuidado. Un buen fiscalista es una inversión; uno malo, una deuda segura. No caigas con malos profesionistas, con vendedores de facturas, con quienes te meterán en un gran problema. Espero que este tema te ponga a reflexionar al momento de elegir a un asesor en materia tributaria, si el creador nos lo permite, nos estaremos leyendo la siguiente semana en esta su columna.




