Puntos Fiscales

¿Después del Mencho, que sigue?

Por: José Luis León Robles                                                 

dj_drdead@hotmail.com

La captura de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no es solo un hecho policial de alto impacto: es un momento político, institucional y social que obliga a mirar más allá del titular. La caída de un capo de esta magnitud reconfigura equilibrios, altera pactos informales y pone a prueba la capacidad real del Estado para transformar un golpe simbólico en una victoria estructural. Las organizaciones criminales contemporáneas ya no dependen exclusivamente del liderazgo carismático o del control vertical absoluto. El CJNG evolucionó hacia un modelo híbrido: mando central fuerte, pero operación regional con amplios márgenes de autonomía. Esto significa que la detención de su figura principal puede generar dos escenarios simultáneos: La Fragmentación violenta: disputas internas entre mandos regionales por el control de rutas, plazas y finanzas. Este escenario suele traducirse en un repunte inmediato de homicidios y confrontaciones. Y el reacomodo silencioso: ascenso de un liderazgo menos visible, más técnico que mediático, que priorice la estabilidad del negocio sobre la exposición pública. La experiencia histórica en México muestra que las organizaciones tienden a adaptarse. Cuando un liderazgo cae, el incentivo económico permanece. Y mientras el mercado ilícito continúe generando rentabilidad, siempre habrá quien intente ocupar el espacio vacante. No puede entenderse el fenómeno sin considerar la dimensión binacional. El CJNG consolidó su poder no solo por control territorial interno, sino por su capacidad de insertarse en cadenas internacionales de suministro. La presión de Estados Unidos, tanto judicial como financiera, ha sido constante. Si la captura de Oseguera Cervantes deriva en procesos judiciales sólidos ya sea en México o mediante cooperación internacional, podría abrir la puerta a revelar redes de complicidad financiera, empresarial y política. Y ahí reside uno de los puntos clave: ¿se investigará únicamente la estructura armada o también la red económica que la sostiene? El verdadero músculo de una organización como el CJNG no está solo en su capacidad armada, sino en su flujo de recursos. Diversificación fue la palabra clave de su expansión: narcotráfico, extorsión, minería ilegal, robo de combustibles, control de mercados locales. Cada actividad construyó dependencia económica en comunidades específicas. Si el Estado no interviene en esas economías paralelas con alternativas reales empleo formal, inversión productiva, infraestructura social el vacío no será ocupado por instituciones, sino por nuevos operadores criminales. La captura de un líder de alto perfil suele convertirse en capital político. Conferencias, declaraciones, mensajes de triunfo. Pero el riesgo es que el éxito táctico eclipse la necesidad de reformas estratégicas: fortalecimiento de fiscalías, depuración policial, inteligencia financiera robusta y coordinación interinstitucional real. El desafío es evitar que el momento se reduzca a narrativa. Porque cuando la narrativa sustituye a la política pública sostenida, el ciclo se reinicia. En los territorios donde el CJNG tuvo presencia, la organización no solo impuso violencia; también construyó redes de control social. En algunos casos, reguló actividades económicas locales, financió fiestas patronales o ejerció una forma distorsionada de autoridad. Romper esa dinámica implica más que operativos militares. Implica recuperar legitimidad institucional. Seguridad, sí, pero también justicia cercana, servicios públicos eficientes y oportunidades para jóvenes que hoy ven en la economía ilícita una ruta más viable que el mercado formal. Después de “El Mencho” sigue una pregunta incómoda: ¿hemos aprendido de experiencias anteriores? Las capturas de grandes capos en el pasado no erradicaron el fenómeno; lo transformaron. Cambiaron nombres, estructuras y geografías. La diferencia esta vez dependerá de si el golpe al liderazgo viene acompañado de: Procesos judiciales sólidos y transparentes, desarticulación financiera profunda, Intervención social. estos elementos convergen, la captura podría convertirse en un verdadero punto de quiebre. Si no, será una pausa en un ciclo que ha demostrado una notable capacidad de resiliencia. Después de “El Mencho” no solo sigue un posible sucesor. Sigue la prueba más compleja para el Estado mexicano: demostrar que puede debilitar estructuras, no solo detener nombres. Porque mientras el sistema que alimenta al crimen permanezca intacto, la historia seguirá escribiendo nuevos capítulos con distintos protagonistas. Un tema por demás de trascendencia internacional. Si el creador nos lo permite nos estaremos leyendo la siguiente semana en esa su columna.

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