Ni guerra ni represión de la república islámica: Mujeres entre el fuego y la dignidad

Por Ana Laura Romero Basurto

A la sombra de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, Minab está de luto, el mundo observa imágenes que desgarran la conciencia humana: niñas en ataúdes, madres abrazando el vacío que deja la muerte, mujeres que lloran a sus hijas bajo cielos marcados por el estruendo de la guerra. 

En pleno siglo XXI, la humanidad sigue debatiéndose entre discursos de libertad y realidades de violencia. 

El 28 de febrero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró: 

“Al gran y orgulloso pueblo de Irán, les digo esta noche que la hora de su libertad está cerca”. 

Ese mismo día, junto a Israel, se llevaron a cabo ataques militares contra Irán. 

La reportera Margarita Rodríguez de BBC News Mundo preguntó sobre esa frase a Mansoureh Shojaee, activista iraní por los derechos de las mujeres e investigadora en la Universidad Vrije de Ámsterdam.

La respuesta fue contundente: 

“¿Cómo se puede pensar que una intervención militar, un ataque, puede traer democracia?”, me dice desde los Países Bajos.

“La democracia no viene de la mano del enemigo: él y su ejército están atacando a nuestra nación”. 

Shojaee recuerda además que Irán tiene una larga historia de resistencia contra el totalitarismo, especialmente desde el movimiento feminista. 

“Nosotros como nación no necesitamos que el señor Trump nos ponga la democracia en la mano con bombas y misiles. No, no aceptamos ese regalo”, sentencia. 

Sus palabras reflejan una verdad incómoda: la libertad nunca puede nacer de la violencia. 

La ciudad de Minab, en el sur de Irán, amaneció de luto cuando se realizó un funeral masivo por las víctimas de un ataque con misiles que impactó una escuela de niñas. 

De acuerdo con el fiscal Ebrahim Taheri, el impacto dejó al menos 165 muertos y 96 heridos, la mayoría estudiantes. 

El gobierno iraní responsabilizó a Estados Unidos e Israel por el ataque. 

“Es un acto barbárico”, declaró el presidente Masoud Pezeshkian.

El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó que investiga los reportes del incidente, mientras el secretario de Estado Marco Rubio aseguró que el país “no atacaría deliberadamente una escuela”. 

Por su parte, el ejército israelí afirmó no tener conocimiento de ninguna operación en la zona. 

El impacto en la escuela ocurrió en medio de una serie de ataques del sábado dirigidos contra múltiples objetivos militares y gubernamentales en Irán.

Entre los escombros de la primaria Shajare Tayyiba, quedaron mochilas, cuadernos, y los sueños de niñas que jamás debieron conocer la guerra. 

Para la investigadora Shojaee, esta guerra no es la guerra del pueblo iraní. 

“No es nuestra guerra”, explica, sino un conflicto entre tres Estados.

“Y ninguno de ellos va a llevar derechos humanos, democracia, paz a

Irán”.

Añade con claridad que la verdadera transformación solo puede surgir de la sociedad civil iraní, del diálogo nacional y de la autodeterminación. 

“Claro que necesitamos ayuda, apoyo internacional, pero no de Estados Unidos e Israel, sino de organizaciones internacionales de derechos humanos”, declaró a BBC. 

NI GUERRA NI REPRESIÓN  

Las mujeres iraníes han vivido durante décadas entre dos formas de opresión:

la represión interna de un régimen que limita libertades fundamentales, y la amenaza externa de conflictos geopolíticos que utilizan a los pueblos como tablero estratégico. 

Pero la dignidad femenina no puede ser rehén de ninguno de los dos extremos. 

Ni la represión que silencia su voz.

Ni la guerra que destruye sus vidas. 

La historia demuestra que las mujeres han sido siempre las primeras víctimas de la violencia y, al mismo tiempo, las más firmes constructoras de paz. 

Desde la filosofía estoica aprendimos que la verdadera libertad no nace de la imposición ni del odio, sino de la virtud. 

Marco Aurelio lo expresó con claridad:

“La justicia es el alma de la comunidad.” 

Y donde mueren niñas en escuelas, la justicia ha sido derrotada. 

EL ESTOICISMO DE LAS MUJERES  

Las mujeres del mundo y particularmente las de Medio Oriente han mostrado una fortaleza profundamente estoica. 

A pesar del dolor, siguen levantándose.

A pesar de la opresión, siguen resistiendo.

A pesar del miedo, siguen defendiendo la vida. 

Ese es el verdadero estoicismo: mantener la dignidad incluso cuando el mundo parece perderla. 

El Día Internacional de la Mujer no puede reducirse a discursos simbólicos.

Debe recordarnos algo esencial: no puede existir un mundo civilizado mientras haya mujeres reprimidas o niñas asesinadas por la guerra. 

La humanidad tiene una deuda moral con ellas. Y esa deuda solo se saldará cuando comprendamos que la verdadera libertad no se impone con armas ni se reprime con leyes injustas. 

La libertad se construye con justicia, dignidad y conciencia.

 Porque cuando una mujer es silenciada, la humanidad retrocede. Pero cuando una mujer se levanta con dignidad, la historia comienza a cambiar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *