Mujeres de Chenalhó enfrentan escasez de agua

Karla García/ Diario de Chiapas

En comunidades ubicadas en la región Altos del estado, donde el agua entubada no llega, las mujeres han asumido la responsabilidad de garantizar el acceso al recurso mediante largas jornadas de acarreo y estrategias comunitaria. 

Aunque el agua es un derecho humano que debe proveerse, las autoridades no han llegado a ciertas zonas para garantizarlo

De acuerdo con testimonios recabados por la organización Cántaro Azul, las familias de comunicades de Chenalhó  dependen principalmente de la captación de agua de lluvia y de un pozo comunitario, al que deben acudir diariamente.

“Aquí no tenemos agua entubada ni de manantial porque estamos arriba del cerro. Lo que usamos es el agua de lluvia, para tomar, cocinar y todo”, relata una de las mujeres entrevistadas.

En una localidad de aproximadamente 200 habitantes, el acceso al agua implica recorrer distancias de entre 20 minutos y media hora. Esta tarea recae mayoritariamente en mujeres, pero también involucra a niñas y niños desde edades tempranas.

“Desde los cinco o seis años los niños empiezan a cargar agua. Vimos su sufrimiento y por eso decidimos organizarnos”, comparte otra de las voces del testimonio.

Ante esta problemática, un grupo de mujeres inició un proceso de organización comunitaria que comenzó con cinco integrantes y posteriormente sumó a más participantes. Con recursos propios, lograron construir un tanque de ferrocemento para almacenar agua, aunque el proceso implicó esfuerzo físico y económico considerable.

La carga diaria no es menor. En hogares de hasta 12 personas, pueden trasladarse entre nueve y diez ánforas de 20 litros cada una para cubrir las necesidades básicas.

Además del acarreo, las mujeres combinan estas labores con las tareas domésticas y el cuidado familiar. Su jornada inicia desde temprano con la preparación de alimentos, continúa con la atención de los hijos y, posteriormente, con la recolección de agua.

La escasez también impacta en la educación. Durante la temporada de sequía, algunas escuelas se ven obligadas a cerrar por falta del recurso, lo que afecta directamente el aprendizaje de niñas y niños.

Este panorama refleja una problemática estructural en comunidades rurales e indígenas, donde el acceso al agua segura está limitada y donde las soluciones, en muchos casos, surgen desde la organización comunitaria, encabezada por mujeres.

Sin embargo, el trabajo que realizan, clave para la subsistencia diaria, continúa siendo poco reconocido tanto por la sociedad como por las autoridades, pese a que evidencia una desigualdad persistente en el acceso a servicios básicos.

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