Letras Desnudas

Mario Caballero

“RUTILIO… FUE PAVOROSO”

“La cercanía es un privilegio, pero también una condena”.

Con esa reflexión empieza Julio Scherer Ibarra su libro Ni venganza ni perdón, que desde antes de su aparición el miércoles pasado ya había desatado una gran polémica al ser considerado como un documento fundamental para entender la dinámica interna del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

Debido a los anticipos de su contenido, fue un volumen muy esperado. Tanto que en muchas librerías del país, como El Sótano, lo anunció como agotado en su página de internet desde el mismo día de su lanzamiento.

No se trata de un libro para ajustar cuentas, sino para dar un testimonio crudo sobre cómo el poder transforma relaciones y castiga la independencia. Tal como lo vivió en carne propia el mismo autor, quien narra haber sido amenazado por Andrés Manuel antes de su salida del gobierno y tras más de 24 años de una relación cercanísima. “Cuando salgas del gobierno, irán contra ti”, le dijo.

Empero, el objetivo del texto no es condenar ni absolver, sino sólo dejar constancia de una experiencia personal, una radiografía de cómo funcionó el gobierno de López Obrador que, en su visión, jamás se vio fuera del centro del poder.

Ahí, Scherer documenta episodios sensibles como la creación de la Guardia Nacional, el manejo de la pandemia, el atentado contra Omar García Harfuch y la compleja relación con la Suprema Corte.

¿Y por qué creerle? Por la sencilla razón de que si alguien conoce en verdad al tabasqueño ese es Scherer Ibarra, quien fue su amigo desde 1997 y con el que colaboró en su andamiaje político, personal, familiar e institucional, desempeñando por último el cargo de consejero jurídico del Ejecutivo Federal entre 2018 y 2021.

Es decir, si hay una persona que vio cómo funciona la mente de AMLO y entiende sus fobias, arrebatos, obsesiones, caprichos y hambre de poder, es él.

EPISODIO RUTILIO ESCANDÓN

Después de este introito, me gustaría concentrarme en una parte que seguramente es de sumo interés para los chiapanecos.

Se ubica en el capítulo once, “Los candidatos”, donde Scherer escribe varios párrafos concernientes al exgobernador Rutilio Escandón, en los que describe momentos clave que de haber sido conocidos en ese entonces hubieran anticipado la catástrofe de ese sexenio.

“En la campaña en 2018, la certeza del triunfo de López Obrador era rotunda, pero ese triunfo se tenía que reafirmar en los estados”, comienza el capítulo.

Luego dice: “Y en Chiapas quedó Rutilio Escandón, que también era muy cercano a Adán (Augusto López Hernández) –era su cuñado- y no fue un candidato fácil ni bueno, sino todo lo contrario”.

Escandón, ciertamente, no tenía madera para ser gobernador, ni siquiera un candidato competitivo.

Así lo dice Scherer: “Rutilio fue el peor candidato que nos tocó: fue pavoroso. No quería salir de su casa. La primera reunión entre nosotros fue un desayuno en su casa con su esposa presente, los tres solos, para hablar sobre cómo veía las giras, la campaña y su percepción de la situación. Le prepuse salir, ir a un restaurante para que la gente lo viera y lo saludaran, lo apapacharan. Pero decía: «Aquí en mi casa es mucho mejor». Rutilio era un personaje dificilísimo para operar”.

No hay en ello el mínimo atisbo de engaño. Los chiapanecos lo atestiguamos.

Fuera de la clase política local y del despacho en el Tribunal Superior de Justicia, Rutilio era un perfecto desconocido. Ni el enorme espectacular colocado en la entrada poniente de Tuxtla Gutiérrez, en el que aparecía al lado del candidato presidencial, López Obrador, le ayudó a posicionar su imagen entre el electorado.

En campaña nunca logró conectar con la gente. Fue un pedazo de cartón. Rígido. De acuerdo con lo narrado, hasta le pusieron a un profesional para que le enseñara a moverse en un presídium y hablar en público, pero ni así. Ese maestro fue Raúl Quintanilla Matiella, una persona culta y con una larga trayectoria como promotor y formador artístico desde el teatro, la música, la televisión y con colaboraciones de asesoría política.

Le enseñó los distintos manejos del lenguaje, le dijo que como político debía crear esperanza y deseos nuevos en la ciudadanía, reflejar en su persona el compromiso de lucha por las necesidades del otro, además de capacidad de negociación, sentido de la realidad e inteligencia para crear rumbos. “Tío Ruti”, nada aprendió.

No olvidemos su desbordante falta de ideas. Cosa también juzgada por Julio: “Rutilio tenía un discurso idéntico al de Andrés Manuel, pero de «región cuatro». Decía: «Voy a vender los aviones de Chiapas», y apenas (el Gobierno del Estado) tenía un viejo turbohélice. «Nunca viviré en la casa de Gobierno de Chiapas». Puras frases copiadas del discurso de Andrés. […] Era terrorífico porque el discurso de Andrés Manuel ya nos lo sabíamos de memoria, y el de Rutilio era el mismo, solo que en versión torpe”.

No era extraño el comportamiento de Escandón Cadenas, que siempre creció bajo la sombra de otros, principalmente de López Obrador, con el que sostiene una amistad de muchos años.

Y así como Juan Sabines Guerrero obtuvo la candidatura del PRD al Gobierno del Estado en 2005 gracias al favoritismo de AMLO, igual lo logró Rutilio, sólo que por Morena.

“Solo Andrés lo aguantaba –dice Scherer-. […] Rutilio fue candidato escogido por Andrés Manuel porque habían trabajado juntos y, por su cercanía con Adán, pensó que podría ser gobernador”.

Entonces, si ganó no fue por méritos propios, sino por lo que conocimos como “efecto López Obrador”, y mientras el expresidente obtuvo en Chiapas cerca del 80% de la votación, Rutilio apenas alcanzó un 40 por ciento. Fue un candidato mediocre.

Lo que vino después fue peor: seis años de una administración que nos dejó en manos del crimen organizado, que nos condenó a la ingobernabilidad, institucionalizó la corrupción, sin obras relevantes, sin resultados palpables y cuyas principales figuras, en especial Escandón Cadenas, pudieron ser partícipes y hasta beneficiarios de las actividades ilícitas de la agrupación “La Barredora”, operada por el Grupo Tabasco, presuntamente encabezada por su cuñado Adán Augusto López Hernández.

GUILLOTINAZO

Julio Scherer concluye esta parte del libro sugiriendo que con Rutilio Escandón, Chiapas vivió un episodio negro y lleno de complicidades: una auténtica tragedia política. Y así lo descabeza:

“(Eduardo Ramírez), que iba por el Verde, le habría ganado tranquilamente a Rutilio: era muy popular en Chiapas. […] Entonces la labor fue convencer a Ramírez que aceptara ser senador. Lalo no quería, incluso le hicieron algunos actos para que ya se subiera como candidato al Gobierno del Estado. Y fue muy leal, porque en algún momento decidió venirse con Morena. […] Eduardo Ramírez trabajó con nosotros, fue un candidato a senador buenísimo. Lalo construyó parte de la estructura y ayudó mucho”.

En pocas palabras, asegura que Eduardo Ramírez hubiera sido un mejor gobernador, como lo es ahora.

La historia contada por Julio Scherer en torno a este suceso nos revela lo terribles que pueden ser las confabulaciones políticas para la sociedad. Lo de Rutilio es un ejemplo claro: un personaje oscuro, acartonado, sin chiste, que llegó a ser gobernador por las influencias de su amigo Andrés Manuel y su cuñado Adán Augusto, terminando por demostrar, sólo con los pésimos resultados en materia de seguridad, que nunca mereció el poder.

yomariocaballero@gmail.com

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