Mario Caballero
Más que concreto, dignidad para Tuxtla
Hay historias que merecen contarse. Lo que hace apenas unos meses parecía un sueño inalcanzable para los habitantes de muchas colonias de la capital chiapaneca, hoy toma forma de concreto hidráulico, luminarias modernas y servicios básicos funcionales.
Una de esas historias es la de la colonia Democrática, donde después de cuarenta años de abandono, promesas incumplidas y demandas sin respuesta, hoy las familias disfrutan de una obra hecha no sólo con pavimento hidráulico, sino con compromiso y voluntad. Ese sueño histórico se convirtió en una calle iluminada, con jardineras, banquetas, señalética y red de agua potable y drenaje.
Otra historia es la de los habitantes de la colonia 7 de Abril, donde viven cientos de familias humildes a las que los gobiernos pasados simplemente ignoraron. Los presidentes municipales llegaron ahí en tiempo de elecciones pidiendo la confianza, el respaldo, el voto, pero una vez que llegaron al poder jamás volvieron a poner un pie en esas calles polvorientas, llenas de piedra, maleza y basura.
En esa colonia tengo varios buenos amigos, quienes me comentaban haber realizado en gestiones pasadas un sinnúmero de peticiones pero en vano. También de las muchas vueltas que hacían de una oficina a otra entregando documentos para que les arreglaran el drenaje, el sistema de distribución de agua potable que era a través de una larguísima manguera negra con fugas por todas partes, etcétera. De que les pavimentaran las calles, ni hablar.
Al caminar por esas calles se corría el riesgo de sufrir un accidente, como caer sobre rocas o de plano pelarse las rodillas en la gravilla suelta. El paso de un automóvil era una odisea completa. Tanto así que ni los choferes del transporte colectivo querían pasar por esas calles empinadas, reducidas y rústicas a lo sumo, donde ningún gobierno había movido un dedo ni siquiera para darles una manita de gato.
Por la noche, la falta de alumbrado público agravaba la inseguridad. Hace algunos años, a uno de mis tíos le robaron la batería de su combi mientras estaba en un culto cristiano.
El pasado viernes fui a visitar a un amigo en esa colonia y me dio mucha alegría ver la calle nueva. Llegué alrededor de la ocho de la noche y estaba completamente iluminada. Más de cuatrocientos sesenta metros lineales de la calle Félix, la principal, fueron pavimentados con concreto hidráulico. Se colocaron señalamientos viales, postes de alumbrado público, jardineras y banquetas. Desde luego, se modernizaron los servicios básicos y los vecinos tuvieron el beneficio de que las fachadas de sus viviendas fueran pintadas.
Sin duda alguna, a todas las personas de esa calle les cambió la vida.
CALLES FELICES
El responsable de la mejora urbana y la modernidad que están viviendo muchas colonias de la ciudad es el alcalde Ángel Torres Culebro. No se puede poner en tela de juicio que el programa “Calles Felices” que ha impulsado desde el inicio de su gestión está demostrando que, con planeación y voluntad política, la transformación de Tuxtla Gutiérrez es posible y acelerada.
Atrás quedaron las promesas olvidadas. Torres Culebro ha enfocado su gestión en un modelo de justicia social que va más allá de la simple pavimentación.
Cuando se habla del éxito de Calles Felices, no se trata de la inauguración de una vía, ya sea una calle o una avenida, sino de la atención integral: drenaje, agua potable, banquetas y, por supuesto, la iluminación que brinda seguridad a los vecinos y residentes de la capital chiapaneca.
Es notable observar la transformación en zonas que por años estuvieron marginadas, como la colonia Potinaspak, Alianza Campesina, Copoya o la misma 7 de Abril, donde la sola llegada de la maquinaria pesada y las cuadrillas de trabajo llevaron un aire de esperanza y dignidad a las familias.
En este sentido, la inversión ha sido significativa. Tan sólo durante los primeros doce meses de esta administración se construyeron más de doscientas calles en cincuenta distintas colonias de la localidad, con un recurso que hasta ese momento superaba los 330 millones de pesos. Y la premisa del alcalde es no detener la obra pública y seguir cumpliendo con los compromisos pactados con la sociedad.
La tarea, obviamente, no ha sido fácil. Este programa, como muchas acciones emprendidas por el gobierno de Ángel Torres, ha estado bombardeado con distintos señalamientos que buscan minimizar los avances alcanzados y desprestigiar la imagen del mismo presidente municipal. Pero son sólo patadas de ahogado de personajes hambrientos de poder, que buscan en el desprestigio a ultranza obtener ganancias políticas en miras a las futuras elecciones.
Sin embargo, si bien infiere la frase de que “el sol no puede taparse con un dedo”, menos todavía que se puedan ocultar la satisfacción y el beneplácito de miles de familias tuxtlecas que gozan de una calle nueva, seguridad y un gobierno que los atiende.
Esa absurda campaña de odio bien se sabe de dónde proviene, y es de esos grupos políticos que, a través de la difusión de noticias falsas en las redes sociales y notas sin el menor rigor periodístico, inventadas por periodistas a sueldo y pasquines que en los dos trienios pasados recibieron cantidades infames de dinero público, pretenden incendiar a Tuxtla y generar un clima de ingobernabilidad. Vil guerra sucia.
EL ÉXITO
El éxito de este programa, que puede verse en la satisfacción de la ciudadanía que ve con buenos ojos el gobierno de Torres Culebro, no sólo radica en la obra física, sino también en la “humanización” de la infraestructura. Pues “Calles Felices” significa que un niño puede caminar seguro a la escuela, que una mujer ama de casa puede ir por sus compras a la tiendita de la esquina, o al súper o al comercio cercano a su hogar con toda tranquilidad, que una patrulla pueda entrar a la colonia a vigilar y que la plusvalía de la viviendas aumente.
El apapacho a los barrios y colonias populares, y la escucha de las necesidades de la población ha provocado que los habitantes ahora sí se sientan parte de esta, la “Nueva ERA” de la modernidad y la dignidad de la capital chiapaneca.
Ángel Torres está marcando una pauta alta. La continuidad y el ritmo del trabajo, con más de 250 calles en proceso de transformación, demuestran el compromiso de este gobierno que está dando resultados tangibles mediante el seguimiento de la obra pública y la cercanía de la gente. Y este programa se consolida como el sello de la administración.
En resumen, “Calles Felices” equivale a un respiro de aire fresco en este ambiente convulso y polarizado, amén de considerarse como la respuesta a décadas de atraso vial.
Si el ritmo se mantiene en lo que resta del trienio, Tuxtla Gutiérrez tendrá un mejor rostro, con una infraestructura más digna, segura y funcional, cumpliendo con la premisa de trabajar por el bienestar de todas y todos, principal bandera de la llamada Cuarta Transformación.
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