Mario Caballero
Tapachula: antes omisiones, hoy decisiones
En la política hay situaciones inevitables. Como la que un gobernante, al tomar la administración de una ciudad, se haga heredero de los problemas y de la serie de omisiones que se cometieron en el pasado.
Sucede lo mismo como con el que recibe una casa antigua en heredad. Ciertamente, le llena de felicidad convertirse en propietario de un bien inmueble, pero se topa con que los techos crujen, las tuberías gotean, las paredes están cuarteadas y hay un cuarto en el fondo que nadie quiere y ha querido abrir en mucho tiempo, y por razones poderosas.
Si se me permite la alegoría, en el municipio de Tapachula ese cuarto fue siempre el problema del manejo de los residuos sólidos. Todos los que pasaron por la presidencia municipal sabían que estaba ahí, en el fondo de la casa, pidiendo ser abierto, atendido. Sí, todos sabían que más tarde que temprano tendrían que abrir la puerta y entrar. Y, trienio tras trienio, cada uno hizo lo mismo que su antecesor: asomarse a ver qué había para luego cerrar la puerta, correr a lavarse las manos, encerrarse en el lugar más cómodo de la casa y subirle el volumen a la música.
Sobre esta situación hay memoria colectiva. Cada tapachulteco recuerda que los incendios en el basurero municipal eran casi una regla que se repetía año con año. Una cita anual. Inclusive, llegó al punto de la indiferencia gubernamental que se asumían como inevitables, como si el fuego apareciera por sí solo a la hora y fecha acostumbrada. Quizá se tardaba unos días, pero nunca falló, jamás les quedó mal a los ciudadanos. “¡Hey, muchachos! Ya vine. ¿Cómo les ha ido? A mí de maravilla, lo ven, ven lo alto de mis flamas, lo espeso del humo. Cierren puertas y ventanas porque me voy a dejar ir con todo. ¡Ánimo!”.
EL INCENDIO
Sin embargo, el incendio reciente rompió con la costumbre. Por decirlo de algún modo, fue atípico, fuera de lo normal; más destructivo, más intenso, más brutal que en años anteriores.
Esta vez, comenzó en cuatro puntos de manera simultánea, en zonas donde “casualmente” se fueron acumulando residuos muy inflamables y llantas que parecían haber sido colocadas a propósito para avivar las llamas. Pensar que todo sucedió por mera coincidencia, que fue algo normal que el fuego brotara en cuatro lugares al mismo tiempo, en sitios donde hay más corrientes de aire, es insultar nuestra inteligencia.
Debido a la magnitud del fuego, y los niveles de toxicidad en el humo, Tapachula enfrentó uno de los problemas ambientales más graves en la historia. Amén de que la vida y la salud de miles de personas estuvieron en grave riesgo.
Por las evidencias del “incidente”, todo indicaba que se estaba frente a un conflicto que entraba a los terrenos de lo político. Es decir, que había sido provocado con el objetivo de desestabilizar el municipio y sacar ganancias políticas de la devastación.
NUEVAS DECISIONES
Empero, antes de que esto ocurriera ya había una alta presión social por el tema del transbordo de Laureles. Y la inconformidad ciudadana era legítima. Puesto que nadie quiere convivir junto a montañas de basura y residuos putrefactos cerca de su casa.
En el camino, los grupos políticos disidentes al gobierno de Yamil Melgar Bravo encontraron en esta preocupación el mejor combustible político.
Fue entonces cuando los tricicleros comenzaron a realizar bloqueos que tensaron el escenario público y transformaron una demanda vecinal en una disputa de fuerzas. En medio del ruido, el alcalde Melgar no se confrontó, evadió con inteligencia la provocación. En lugar de prestarse al juego, tomó la decisión de retirar el transbordo con tal de apagar las protestas, a pesar de que ello lo llevaría a asumir el costo de mover una estructura que llevaba años operando con prácticas difíciles de erradicar.
En este punto, se transparenta la herencia maldita.
El problema de la basura en la Perla del Soconusco no es algo que nació ayer y menos en esta administración. Es la herencia acumulada por decisiones aplazadas y acciones que no se hicieron, ya sea por incompetencia o valemadrismo. También por presupuestos insuficientes y silencios convenientes.
Ante eso, sólo había dos rutas: simular que nada pasaba y dejar que el siguiente gobierno se encargara de pagar la factura, o tomar decisiones de fondo, las que muchas veces incomodan, las que representan cambios de raíz, las que no rinden aplausos rápidos porque no se tratan del simple corte de listones, o colocar lámparas en las calles, pero que coadyuvan a mejorar la calidad de vida de las personas, impulsando condiciones más limpias, ordenadas y sostenibles para las próximas generaciones.
Lo primero que hizo el alcalde Yamil fue hacer una declaratoria de emergencia ambiental para contener la emergencia, en la se desdoblaron acciones coordinadas con Protección Civil y los cuerpos de bomberos para controlar los incendios en el basurero.
Paso seguido: promovió la firma de un acuerdo intermunicipal en el que interviene la intención de once municipios de la región del Soconusco y la Secretaria de Medio Ambiente e Historia Natural del estado para la construcción de un nuevo relleno sanitario, aunado a un plan a corto, mediano y largo plazo para gestionar los residuos sólidos.
Algo importante: en esta serie de buenas decisiones el gobierno de Tapachula no está solo. El gobernador Eduardo Ramírez ha sido el mejor aliado del municipio, respaldando las gestiones y acciones que buscan resolver el problema y no solo administrarlo. Con ese acompañamiento estatal, se ha generado la posibilidad de dejar un legado que ya empieza a tomar forma técnica y operativa.
En este sentido, la secretaria Malena Torres ha fungido como una interlocutora clave, aportando el componente técnico que convierte la voluntad política en acciones viables y contundentes, porque un relleno sanitario, la modernización del sistema de recolección y la regulación ambiental no se sostienen con declaraciones, sino requieren planeación, normativa y continuidad.
Enhorabuena.
EL MOMENTO ES HOY
Por desgracia, las decisiones de fondo rara vez son populares. Siempre hay grupos y grupúsculos que buscan de una u otra forma minimizar los proyectos a futuro. Ahí la razón de que estos publiquen en los medios a su alcance y en las redes sociales todo tipo de desvaríos y datos sin sentido. Son la misma gente que en el pasado cerró la puerta del cuarto y cuyo único interés es volver a obtener el poder por el poder mismo.
Sin embargo, comprendamos que decisiones de esta naturaleza no se ven reflejadas en fotos espectaculares, ni en inauguraciones multitudinarias. Son determinaciones que se toman con planeación y compromiso, sin estridencias. Y, por lo mismo, incomodan a quienes preferirían que el problema siguiera intocable, en lugar de resolverse.
Tapachula vive hoy un momento histórico en materia ambiental. Mientras en el pasado se optó por “dejar pasar”, ahora se elige intervenir.
Repito: esto trae consigo muchas resistencias, narrativas adversas y sospechas amplificadas, pero vienen de intereses políticos que encuentran en la basura un argumento para alimentar su hambre de poder y dinero. Pero también implica algo más profundo: la posibilidad real de heredar una ciudad más limpia, más organizada y con reglas claras en el manejo de sus residuos. Eso es lo que se llama voluntad para transformar.
yomariocaballero@gmail.com




