Mario Caballero
Promoviendo a un presunto criminal
Leí una columna que no puedo llamar periodística ya que carece de todo rigor, pero está buenísima para competir en las olimpiadas de chupar suelas. No nombraré a su autor ni al medio donde fue publicada por ética, aunque sí citaré textual su disparate.
Dice así:
“Apenas se ha insinuado la posibilidad de que Carlos Morales Vázquez levante la mano rumbo al 2027 y la política tuxtleca se agita en los mejores términos de confianza generalizada. La sola mención de su nombre despierta una gran expectativa y el subconsciente colectivo rememora los seis años de servicios públicos funcionales y de un gobierno honesto, eficiente y de resultados. Carlos Morales no ha dicho esta boca es mía, pero la reacción popular parece unánime: sí. ¿Por qué? Porque en comparación con el desastre actual, su gobierno se agiganta. Agua potable, recolección de basura, alumbrado público, finanzas limpias, y hasta el Sabinal parecía un río y no una cloaca a cielo abierto. Hoy, Tuxtla es un lodazal de corrupción, basura y calles rotas, cortesía del ‘Ángel Caído’”.
Espero, amable lector, que no esté asqueado de este olímpico lengüetazo de suelas porque ahí le va el segundo párrafo:
“Carlos Morales encabeza las encuestas en conocimiento, aceptación y, sobre todo, en bajos negativos. Mientras otros nombres suenan por mera cercanía al poder, él carga con el respaldo de una gestión que aún se recuerda que está en la memoria por el buen sabor de boca que dejó. Es cierto que mantiene una relación respetuosa con Eduardo Ramírez, y no es menor el reconocimiento que le tiene Claudia Sheinbaum, quien no olvida que fue el alcalde de Tuxtla Morales Vázquez, el primero en sumarse a su causa cuando todos babeaban por Adán Augusto y su cuñado Rutilio Escandón. Decían garbosos que estaban a gusto. Del otro lado de la pista aparecen otros aspirantes cercanos al gobernador: Jorge Luis Llaven Abarca, Luis Ignacio Avendaño, Francisco Chacón, Jovani Salazar, al igual que la diputada María Mandiola, el querido Paco Rojas y hasta Guillermo Santiago. Algunos con más nombre que sustancia, otros con ambiciones que no se ven reflejadas en las encuestas”.
ALISEMOS EL RIZO
Hasta ahí. No seguiré citando mencionada columna porque no los quiero enviar a todos a vomitar.
Pero, seamos honestos, o este “periodista” piensa que los tuxtlecos son tontos o ha publicado este texto por hambre, en memoria de las viejas complicidades. Puesto que es conocido que fue uno de los “comunicadores” que más ganancias económicas obtuvo durante los dos periodos consecutivos de Carlos Morales.
Como sea, las motivaciones de este panfletista vienen siendo lo de menos. Lo importante son los efectos.
¿Quién con dos dedos de frente creería que la gestión de Carlos Morales dejó un buen sabor de boca y que sus seis años se trataron de un gobierno honesto, eficiente y de resultados?
¿Qué ciudadano, lo mínimamente informado, aceptaría la proposición de que mantuvo finanzas limpias en ambos trienios y que hoy en día encabeza las encuestas por su aprobación y bajos negativos?
Sólo un desmemoriado y un loco podrían aceptar tales conjeturas.
El gobierno de Morales Vázquez fue lo peor que pudo pasarle a Tuxtla en la historia reciente. Fueron seis años de depredación de las arcas públicas, complicidades y abusos de autoridad.
Si hubiera dejado un buen sabor de boca, su mismo partido, Morena, hubiera respaldado su propuesta de candidato a la alcaldía y él hubiera obtenido por lo menos su postulación al Senado de la República. Y no pasó ni lo uno ni lo otro.
Tampoco tuvo un gobierno honesto.
En sus dos periodos fue denunciado en distintas ocasiones por cometer actos de corrupción. Como la vez en que realizó una compra amañada de más de 3 mil 800 contenedores para basura a la empresa Veolia, cuyo contrato entregó por adjudicación directa y pactó con sobreprecio.
De hecho, la Auditoría Superior del Estado tiene una investigación sobre este proceso de compra pendiente por aclarar.
Por otra parte, no fue un secreto la corrupción que institucionalizó en la obra pública. Según varias fuentes, los mejores contratos se asignaron a empresas constructoras ligadas a su familia, donde su hermano Jorge se encargaba no sólo de repartirlos sino también ordenaba a qué comercios tenían que adquirir los insumos y hasta con cuáles rentar la maquinaria, que presuntamente le pasaban el diezmo correspondiente.
A todo esto, no podemos omitir el Informe de la Cuenta Pública del ejercicio 2023, en el cual la Auditoría Superior realizó una serie de observaciones al gobierno de Carlos Morales por el presunto daño a las arcas municipales por alrededor de 223 millones de pesos.
Por tanto, no puede hablarse de que la gestión del coiteco fue honesta, eficiente y de resultados. Menos todavía cuando dejó un desastre en el servicio de agua potable, faltantes en alumbrado público, cientos de calles destruidas y, en el colmo, una ciudad en el quinto lugar en nivel de inseguridad, esto último de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del Inegi.
Para mayor inri, hay documentos que amparan que gastó un dineral en la rehabilitación y construcción de calles como para pavimentar seis veces todo Tuxtla, pero hay cientos de colonias donde no hizo una sola calle.
A la sazón, ¿de dónde saca su gacetillero a sueldo que Morales Vázquez encabeza las encuestas y que los tuxtlecos desean que vuelva al poder? Lo único que desean es que vuelva, o mejor dicho, devuelva, todo lo que saqueó de las peores formas.
LA MANO QUE MECE LA CUNA
En todo esto, la mano que mece la cuna es Antonio Santos Romero, quien ante el fracaso de Carlos Morales en la pasada contienda electoral salió a protegerlo, colocándolo como Promotor de Desarrollo Forestal en Chiapas de la Comisión Nacional Forestal, y ahora pretende impulsarlo nuevamente como presidente municipal.
Toño Santos, como se le conoce políticamente, se autonombra como representante de la presidenta Claudia Sheinbaum en el estado cuando a finales de los ochenta no era más que un porro universitario en la capital del país. Es más, carece de nombramiento oficial y existen decenas de señalamientos en su contra por corrupción y enriquecimiento ilícito.
Por ejemplo, detrás de esa fachada se dice que encabeza una red para extorsionar a los presidentes municipales, a los que les exige contratos de obra pública para la empresa de su sobrino, su supuesto prestanombres, Reibel Isaías Santos Cortés, que ha recibido cientos de millones de pesos de recursos federales, estatales y municipales.
También tiene acusaciones por traficar influencias y negociar las candidaturas de Morena en Chiapas. Prueba de ello es la diputación federal que obtuvo para su pareja sentimental Azucena Arreola Trinidad, a la que pretende imponer como presidenta municipal de Tonalá en 2027.
MANIPULACIÓN
Que se engañe quien quiera dejarse engañar. El caso de Carlos Morales es vil y pura manipulación política, donde él mismo es el títere, Toño Santos el titiritero y sus “periodistas” a sueldo los tontos útiles.
Seguramente, jalarán la cuerda hasta donde puedan. Empero, deberían entender, sobre todo Antonio Santos, que en esta nueva era de Chiapas sólo uno ejerce el poder, tanto en lo político como en los hechos.
yomariocaballero@gmail.com




