Letras Desnudas

Mario Caballero

Una buena, una mala y una advertencia

Empiezo por la buena. Por fin, Josefa González-Blanco Ortiz Mena fue destituida de la embajada de México en el Reino Unido. Fiel a su costumbre, salió del cargo por la puerta de atrás.

La mala es que en días recientes trascendió la noticia de que Juan Sabines Guerrero busca ser nombrado nuevamente como cónsul, sólo que esta vez en un lugar que incluye inviernos fríos, temperaturas bajo cero y posibilidad de nieve: el estado de Arkansas.

JOSEFA

La salida de Josefa González, hija del exgobernador Patrocinio González-Blanco Garrido, era un asunto deseable. Más allá de su ineficiente gestión, estaban los constantes señalamientos de represión, hostigamientos y abusos de autoridad en su contra.

Llegó a dicha embajada el 18 de marzo de 2021, nominada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, su nombramiento se dio en medio de polémicas, sobre todo por su falta de experiencia en el servicio exterior. Siendo abogada y con más práctica en el preciado arte de mantener animales en cautiverio y ser hija de papi, nada sabía acerca de la protección de los intereses nacionales y de los conciudadanos en el extranjero.

De acuerdo con información publicada por el diario español El País, que recabó los testimonios de seis trabajadores y extrabajadores, manifiesta que su misión diplomática fue un desastre. Abandonó la embajada con 16 denuncias por acoso laboral.

Uno de esos testimonios indica que tras su llegada a la embajada, Josefa actuó con despotismo e impuso una práctica, llamada “la dog house”, que menoscabó los derechos laborales y humanos de la mayoría de los funcionarios a su cargo.

Dice: “Al principio no entendíamos. Luego supimos que es ‘la casa del perro’. Un castigo sistemático. Te congela, te deja de hablar, no te pasa información y simplemente dejas de existir. Le dice al resto del personal que no puede tener contacto contigo. Hacia el interior es un caos, ya nadie sabe a quién le puede hablar y a quién no, quién está congelado y quién no”.

Otros testimonios dicen: “Lo congeló porque le cayó mal”; “estuvo año y medio congelado”; “no hay relación académica con el Reino Unido porque al que llevaba el tema lo tenía congelado”; “te vas a la congeladora”.

Pero hubo una declaración incluso peor, cuyo trabajador solicitó que se omitiera su nombre para evitar posibles represalias.

Cuenta que Josefa le dio la humillación de su vida a través de una llamada telefónica: “Si yo quiero que te largues a México mañana, te subo en un avión y te largas. Porque yo te di trabajo, no sirves para nada, y si yo digo que te hinques, te hincas”, le dijo.

Esas 16 denuncias de trabajadores de la embajada acusan a González-Blanco de hostigamiento laboral, pero también de malos manejos de los recursos y de haber apagado la relación bilateral.

Desde 2021, al menos 40 empleados dejaron la misión diplomática en Londres, algunos por renuncias y otros por rotaciones a otras representaciones, lo cual redujo la plantilla laboral a menos de la mitad.

Se conoce que los trabajadores ganaron en sus denuncias ante el Órgano Interno de Control y el Comité de Ética, en las que detallaron el ambiente de estrés y acoso. Empero, no sirvió de nada. Y no sirvió porque Josefa González no acató ni cumplió las recomendaciones. De ese tamaño fue su soberbia.

Irónicamente, la Secretaría de Relaciones Exteriores no hizo nada. Le valió, dejó en total indefensión a su propio personal, y en detrimento de la relación bilateral con el Reino Unido y los intereses y derechos de los ciudadanos residentes en ese país.

Quizá lo único reconocible durante toda la “función diplomática” de Josefa González, hija del también déspota exgobernador Patrocinio González, es que se encargó de darle todas las comodidades al hijo menor del expresidente López Obrador.

Muestra de ello son las imágenes donde se ve a Jesús Ernesto López Gutiérrez en el aeropuerto Heathrow de Londres, donde la entonces embajadora le cargaba su equipaje. A eso se redujo su desempeño en el servicio exterior.

SABINES

En el caso de Juan Sabines Guerrero, su sola intención de querer ser nombrado como cónsul en Arkansas no es sólo cinismo sino también una afrenta, una burla a los ciudadanos.

¿Acaso se cree merecedor de un nuevo nombramiento de este tipo? ¿Se considera a sí mismo un funcionario diplomático de carrera, clasificado entre los mejores del servicio exterior mexicano? Conociendo sus terribles adicciones, es probable que el consumo de sustancias ya le acabaran las últimas neuronas que tenía.

El asunto es que sus dos periodos como cónsul en Orlando, el primero durante el gobierno de Enrique Peña y el segundo en la presidencia de López Obrador, fueron mediocres y reprobables.

Por un lado, no se conocen sus acciones, gestiones y representación de los intereses de nuestros connacionales en esa ciudad ubicada en el centro de Florida. Es decir, falló en su función de proteger y asistir a los mexicanos. Además, no hay evidencias de que haya promovido las relaciones comerciales y culturales con las autoridades de ese estado de la Unión Americana.

Por el otro, utilizó el puesto sólo con motivos personales. En primer lugar, se escudó detrás de la inmunidad diplomática para evitar rendirle cuentas a la justicia por la deuda que le heredó a Chiapas por más de 40 mil millones de pesos y la serie de denuncias en su contra por corrupción, abuso de poder, desvío de recursos públicos, peculado, enriquecimiento ilícito, presuntos nexos con el crimen organizado, entre otros.

Segundo, usó el cargo para operar financiera y políticamente en favor de su hijo mayor y otros personajes políticos en Chiapas y en otros estados de la República.

Tercero, quiso enrolarse con diversas personalidades de la política estadunidense, pero terminó siendo tratado como un cualquiera debido a su ignorancia en los menesteres diplomáticos, torpeza política, desfachatez y falta de dominio del idioma inglés.

A todo esto, ¿cómo piensa ser nombrado nuevamente cónsul cuando se quedó sin ningún respaldo?

Sabines siempre vivió bajo el cobijo intelectual y social de Juan Díaz González, hijo del polémico periodista Regino Díaz Redondo, quien en sus tiempos de “perra flaca” lo ayudó a relacionarse y le dio estatus para que no se sintiera sólo como el hijo bastardo de don Juan Sabines Gutiérrez.

Dicho de otro modo, Sabines sin Díaz González no hubiera sido nada. Y esto queda claro en el momento en que, con la ayuda de Mauricio Perkins y Nemesio Ponce, quienes provocaron la gravedad de las adicciones de Juan Díaz, que venía ocupando el cargo de coordinador de asesores del gobernador, lo hizo a un lado y lo encerró en un anexo.

Pues desde entonces su gobierno perdió la visión, se quedó sin ideas, sin discurso, ya que ni él y ni sus esbirros sabían cómo gobernar un estado. Por desgracia, Chiapas pagó los platos rotos.

ADVERTENCIA

Qué bien que la 4T se haya deshecho de Josefa González y esperemos que tome como advertencia los dos periodos de Juan Sabines en Orlando para no volverlo a nombrar cónsul, un tipo que ha demostrado ser un neófito y un enfermo de poder. Eso pondría en mayor riesgo las relaciones con Estados Unidos, que ya están prendidas de alfileres.

yomariocaballero@gmail.com

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