Letras desnudas

Mario caballero

¿Justicia, democracia o petróleo?

No sé usted, pero a mí no me convence ninguna de las motivaciones por las que según Donald Trump envió tropas de asalto estadunidenses a Venezuela para sustraer al dictador Nicolás Maduro.

JUSTICIA

Según autoridades de Estados Unidos, Trump ordenó la operación con el objetivo de llevar a Maduro ante la justicia por la serie de delitos que se le imputan, en especial los relacionados con el tráfico de drogas y nexos con el crimen organizado. Ahí que haya sido enviado a una prisión en Brooklyn.

Esta justificación es lógica, pero a la vez absurda. Me explico.

Lógica porque desde 2020 el Tribunal Federal de Manhattan acusa tanto a Maduro como a su esposa, su hijo y varios miembros de su gobierno de conspiración de narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos.

Además, diversas autoridades estadunidenses alegan que Maduro y su familia “proporcionaron cobertura policial y apoyo logístico” a cárteles como el Cártel de Sinaloa y la pandilla Tren de Aragua, que movían drogas por toda la región, llegando a permitir el envío de hasta 250 toneladas de cocaína cada año traficadas desde Venezuela a Estados Unidos.

Otra acusación, de un jurado investigador, identifica al expresidente como uno de los líderes del Cártel de los Soles, “una organización venezolana de narcotráfico compuesta por altos funcionarios del gobierno venezolano que abusaron del pueblo venezolano y corrompieron las instituciones de Venezuela –incluyendo partes del Ejército, el aparato de inteligencia, la Legislatura y el Poder Judicial- para facilitar la importación de toneladas de cocaína a los Estados Unidos” (sic).

Es más, se habla sobre la existencia de pruebas de que entre 2008 y 2010 el gobierno de Nicolás Maduro otorgó pasaportes diplomáticos a presuntos narcotraficantes.

Por eso decía que la justificación es lógica, pero también absurda ya que todo esto podría ser nomás que un mero pretexto jurídico para conseguir la captura, por no decir secuestro, de Maduro.

Puesto que el tráfico de drogas de Venezuela a Estados Unidos, en comparación con otros países, es muy pero muy inferior, y hasta es posible que haya otros presidentes o expresidentes más involucrados en el trasiego de droga hacia esa nación.

Por mencionar algo, no es necesario dar cifras para entender que pasa mucha más droga de México a Estados Unidos que de Venezuela, y no por nada el mismo Trump ha dicho que México está controlado por los cárteles, y lo dijo desde la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Así, no creo que ésta haya sido la causa por la que Trump haya intervenido, menos todavía cuando hay peces más gordos en el mar del crimen organizado y el tráfico de estupefacientes.

DEMOCRACIA

La otra razón que se invoca es que Trump intervino con el propósito de reestablecer el orden en Venezuela y restituir los derechos humanos.

Ciertamente, el régimen de Nicolás Maduro está investigado por crímenes de lesa humanidad ante la Corte Penal Internacional por casos de violaciones a los derechos humanos documentados desde 2014.

Los abusos contra quienes han manifestado su rechazo y oposición a la dictadura han sido documentados por la Organización de Estados Americanos (OEA), Human Rights Watch, Amnistía Internacional, entre otras organizaciones.

Para comprender el infierno venezolano, basta con saber que desde que Maduro tomó el poder en 2013 (bajo acusaciones de fraude electoral) tras la muerte de Hugo Chávez, más de 18 mil personas han sido arrestadas por motivos políticos, según la organización defensora de derechos humanos Foro Penal.

No olvidemos que en 2024, Maduro se mantuvo en el poder a pesar de haber perdido la elección presidencial contra el candidato opositor Edmundo González Urrutia, según quedó demostrado en las actas obtenidas por la oposición y verificadas por organizaciones internacionales. El Consejo Nacional Electoral (controlado por su gobierno) lo declaró ganador sin mostrar actas ni permitir auditorías.

Con tal de no ser relevado del poder, empleó prácticas de terrorismo de Estado, según determinó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

No obstante, resulta increíble que Trump haya arrestado a Maduro por estas razones. Menos todavía cuando él mismo ha aplaudido la conducta y la represión de otros dictadores, y se ha comportado como un dictador.

Ejemplo de ello son las redadas contra personas migrantes o el uso de la Guardia Nacional, el despliegue de fuerzas militares o tácticas policiales militarizadas, balas de goma y gases lacrimógenos contra manifestantes, tal como ocurrió en Los Ángeles durante las protestas en junio del año pasado.

Los derechos humanos y la democracia es lo que menos le importan a Trump. Por lo mismo, quitó a Maduro de la presidencia, pero no destruyó el régimen chavista, pues le conviene más un gobierno que mantiene la estabilidad y el control militar que un arriesgado curso a la alternancia en el poder en Venezuela.

PETRÓLEO

Otros dicen que la abducción de Maduro se debe al interés de explotar el petróleo de Venezuela, nación que posee la reserva comprobada más grande del mundo.

No lo creo. Un análisis de The Economist, publicado el domingo reciente, explica que no existen condiciones económicas para explotar el petróleo venezolano en el mediano plazo.

Dice que el mercado actual padece una sobreabundancia, un exceso de oferta, lo cual ha determinado que muchos países reduzcan su extracción y que el precio por barril oscile en los 55 dólares, muy por debajo de los promedios aceptables y a la mitad de los precios máximos en otros años.

Tomando en cuenta esto, más la contracción de las economías del mundo y la lenta recuperación, lo más seguro es que el consumo de petróleo se mantenga estable o incluso a la baja, lo que hace suponer que nadie correrá el riego de invertir su dinero en los yacimientos de Venezuela.

A LA SAZÓN, ¿QUÉ ES?

Infiero, la muestra de poder.

Todo este tiempo, Trump ha demostrado que su único deseo es imponer su voluntad sea como sea y a quien sea, derrotar toda resistencia en su contra o contra su administración, dejar su huella en todo lo que toca.

Por eso, ha cambiado los nombres de los edificios públicos, ha bautizado los buques de guerra con su nombre, quiso cambiar la denominación al Golfo de México y hasta intentó apropiarse de Groenlandia.

Por la misma razón por la que sometió a Nicolás Maduro, también envió tropas a Los Ángeles para reprimir las protestas, suspendió la entrada de personas indocumentadas a Estados Unidos, canceló el asilo bajo cualquier circunstancia, deportó miles de migrantes de manera masiva, amenazó en diferentes ocasiones al Gobierno de México con imponerle aranceles si éste no cumplía sus caprichos, declaró la retirada de Estados Unidos del acuerdo climático de París, entre otras acciones.

Más claro todavía. Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela que en un primer instante salió exigiendo la liberación de Maduro, después de que Trump la amenazara con un destino peor que el de Maduro si no entregaba lo que le pide, dijo que quería “avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre Estados Unidos y Venezuela”.

Pura y dura demostración de poder.

yomariocaballero@gmail.com

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