Letras Desnudas

Mario Caballero

Oswaldo Chacón y la refundación de la excelencia

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Durante décadas, la Universidad Autónoma de Chiapas arrastró una larga estela de claroscuros donde el discurso oficialista chocaba de frente contra una terca y demoledora realidad. Es decir, la máxima casa de estudios estaba sumergida en deudas institucionales, asfixiada por la burocracia sindical, desvinculada de las urgencias de sus comunidades y con una calidad educativa que, salvo honrosas excepciones en centros de investigación específicos, languidecía ante las demandas de una sociedad en constante competencia global.

Es más, el relevo en la rectoría siempre se entendía como el tradicional pago de cuotas y componendas políticas, no como la oportunidad de construir un proyecto con visión y dispuesto a enfrentar los retos actuales.

Por fortuna, la historia ha cambiado. Lo que hoy atestiguamos en la UNACH no es una simple numeralia administrativa ni un logro de relumbrón mediático, sino un auténtico manotazo sobre la mesa de la mediocridad.

LOGRO HISTÓRICO

He dicho lo anterior por la reciente entrega de la Acreditación Institucional por parte de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) a la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas.

Con ello, la UNACH forma parte a partir de ahora del selecto grupo de ochenta universidades en todo el país –de un universo de más de cinco mil escuelas de educación superior– que gozan de este reconocimiento de excelencia, el cual representa la culminación técnica de un fortalecimiento y crecimiento radical.

Es el testimonio fehaciente, firmado y sellado por rigurosos evaluadores externos, de que nuestra máxima casa de estudios ha dejado de dar tumbos en la oscuridad para caminar con la brújula de la planeación estratégica y la pulcritud operativa.

En este escenario, la fuerza de la transformación tienen un nombre y apellidos indiscutibles: Oswaldo Chacón Rojas.

ELEMENTOS CLAVE

Asumir las riendas de nuestra universidad en estos momentos de profunda transición, y con problemas estructurales herencia de viejas y absurdas administraciones, requería algo más que un buen perfil académico. Exigía visión de Estado, audacia política, compromiso, conocimiento acerca de las necesidades y oportunidades de la institución y una férrea disciplina financiera.

Chacón Rojas, cuya trayectoria ya había dado muestras de su capacidad intelectual y de un apego irrestricto a la legalidad y rendición de cuentas, comprendió desde su llegada a la rectoría que la Universidad no necesitaba un administrador más, que sólo se dedicara a administrar la decadencia y los problemas, sino un reformador dispuesto a asumir los costos y el esfuerzo de la modernización.

Otros rectores intentaron obtener la misma acreditación, pero fracasaron en tres distintas ocasiones. En 1993, 1998 y 2013. Más de tres décadas después el dictamen fue favorable y este mismo mes de agosto se hizo la entrega oficial de este merecido reconocimiento.

La tarea no fue sencilla.

Las políticas implementadas bajo la directriz de Chacón Rojas no se quedaron esperando en el escritorio ni en la simulación de los talleres internos. Se convirtieron en un andamiaje de reformas institucionales que sacudieron los cimientos de cada facultad, escuela e instituto de la Universidad.

Uno de los pilares más evidentes de esta refundación ha sido el incremento histórico de la matrícula universitaria, una meta que en gestiones pasadas fue una mera utopía o un riesgo latente de colapso en la infraestructura. Tenían miedo a enfrentar el reto.

Bajo la premisa de que la educación superior pública deber dejar de ser un privilegio para las élites urbanas y convertirse en el motor de movilidad social por excelencia en el sureste mexicano, la UNACH expandió sus capacidades sin demeritar un solo ápice el rigor de su enseñanza.

El diseño de nuevas opciones profesionales –incluyendo carreras a la vanguardia de la tecnología– y la optimización de los sistemas de educación a distancia y continua, son la prueba tangible de que el crecimiento puede ir de la mano con el orden y la pertinencia.

A la par de incrementar el número de estudiantes inscritos, la innovación educativa ha sido otra de las obsesiones de la administración de Oswaldo Chacón.

No se trata solamente de llenar los salones de alumnos, o computadoras o presumir conectividad a internet en cada rincón de las facultades y escuelas, pues la verdadera innovación radica en la reingeniería curricular, en la constante capacitación y en el reconocimiento de sus docentes –como lo muestra la reciente entrega de perfiles deseables PRODEP a más de un centenar de profesores– y en la habilitación de laboratorios y espacios que obligan al estudiante a confrontar la teoría con la práctica científica e industrial.

En pocas palabras, la UNACH hoy compite en las grandes ligas del conocimiento porque sus autoridades entendieron que el rezago histórico del sureste no se combate con lástima, sino con la generación de capital humano altamente competitivo, capaz de destacar en el mercado laboral.

Este dinamismo interno ha logrado lo que parecía imposible: sintonizar de manera orgánica y armónica a la Benemérita UNACH con la sociedad chiapaneca.

Bien sabemos que nuestra máxima casa de estudios arrastró por muchos años el estigma de ser un ser aislado, una torre de marfil donde los académicos debatían abstracciones mientras las comunidades indígenas, el sector agropecuario y las pequeñas empresas lidiaban con problemas de productividad, marginación y falta de desarrollo técnico.

La gestión actual rompió con esa penosa percepción social.

Al sintonizar los proyectos de investigación con las necesidades reales de la población, al abrir canales directos de vinculación y obligar a que la extensión universitaria tenga un impacto social medible, la UNACH ha recuperado su legitimidad moral frente al pueblo de Chiapas.

Hoy es una universidad que escucha, que responde y que propone soluciones específicas para el Chiapas del tiempo actual.

Muestra de ello es que, este mismo 18 de agosto, la institución obtuvo la autorización por parte de la Secretaría de Economía para hacer uso del distintivo “Hecho en México”, convirtiéndose en la primera universidad en lograrlo en el sur el país.

Este distintivo es un reconocimiento más a esta gestión y representa una clara valoración al trabajo que se realiza en las aulas de clases, en los laboratorios, centros de investigación y espacios universitarios, donde el talento se concibe como un factor capaz de generar no sólo conocimiento, sino también innovación y soluciones que contribuyan al desarrollo de México y de Chiapas.

EN LAS PÁGINAS DE LA HISTORIA

En fin, con una acreditación de los CIEES bajo el brazo, con una matrícula al alza, con unas finanzas ordenadas y con prestigio académico renovado, Oswaldo Chacón está escribiendo las páginas de un rectorado que indiscutiblemente pasará a la posteridad como uno de lo más comprometidos, transformadores y pulcros en la historia contemporánea de la educación superior en Chiapas y en el país.

Quienes le apostaban al fracaso, hoy se topan con la contundencia de los hechos.

Lo celebro.

yomariocaballero@gmail.com

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