La letalidad de la depresión en hombres

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

En el complejo espectro de la salud mental, la depresión severa presenta una brecha de género alarmantal, la depresión severa presenta una brecha de género alarmante: aunque la ideación puede ser universal, la letalidad es predominantemente masculina. 

Según la experiencia clínica y estadística, el hombre no sólo decide con mayor firmeza el fin de su vida, sino que lo hace a través de métodos de una contundencia irreversible.

El psicólogo Freddy Ocaña Hernández, académico de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), distingue que no estamos ante episodios aislados de desánimo. Los cuadros graves se transforman en una conducta que se profundiza hasta alcanzar un estado melancólico.

“Hablamos de casos fuertes en los que no se trata de un episodio de tristeza que dure unos días, sino de una desconexión total donde ya no se quiere nada del mundo ni de la vida”, explicó el especialista.

Uno de los puntos más críticos señalados por Ocaña Hernández es la diferencia en la ejecución del acto. 

Mientras que en las mujeres suelen presentarse intentos que funcionan como “llamadas de atención” o pedidos de ayuda, en los varones predomina el silencio y la planificación.

El uso de armas de fuego o el ahorcamiento son las vías más recurrentes en hombres, diseñadas para no fallar al primer intento.

El acto suele ocurrir de manera imprevista para el entorno, sin los avisos previos que socialmente se esperan.

El especialista aclara que quien llega a este punto no busca necesariamente “dejar de vivir”, sino detener un dolor y un sufrimiento interno que se ha vuelto insoportable.

La conducta suicida atraviesa tres facetas críticas: la idea, el intento y la consumación. Detener este ciclo requiere que, tanto el entorno laboral como el familiar aprendan a leer entre líneas. 

Los pensamientos que desvalorizan la vida o el entorno no deben tomarse a la ligera; son señales de alerta que, identificadas a tiempo, representan la diferencia entre la vida y la muerte.

El impacto de un suicidio no termina con el acto; la complejidad y contradicción de este evento suele fracturar y afectar el entorno familiar durante años, dejando cicatrices emocionales profundas en quienes se quedan.

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